El evento, enmarcado en los «Miércoles de Santo Tomás» junto al reverendo Rubén Legidos y periodistas como Lira Félix y Elena Vecilla, atrajo a un público conmovido por la cercanía y humildad del ponente al evocar a un abuelo nunca conocido pero siempre admirado.
Se celebró en el templo de Atilano Coco, amigo de Unamuno, recordando su defensa inquebrantable de la tolerancia y justicia.
Miguel de Unamuno definía la libertad a los 22 años como «la esencia del ser humano», un valor que el Estado debía garantizar mediante la cultura y que impregnó su vida, rechazando etiquetas partidistas. Pablo destacó su compromiso con los desfavorecidos, como los campesinos de Boada que perdieron tierras comunales, lo que le costó el rectorado y enfrentamientos con Alfonso XIII, Primo de Rivera, Martínez Anido, Millán Astray y Franco.

En el paraninfo de 1936 pronunció su famosa frase «Venceréis, pero no convenceréis», y al exiliarse prometió: «Volveré, no con mi libertad, que nada vale, sino con la vuestra». Pablo lo presentó como poeta de lo íntimo y la libertad sagrada, cuya pluma permaneció indomable pese al encierro final.