Nanjing, 03/09/2009 – Callejeando, nuestro guía nos llevaba apresurados por pasadizos entre tiendas y casas. Sobrevivimos cruzando carreteras donde motoristas y transeúntes luchaban por su derecho a pasar. Finalmente llegamos a lo que parecía un agujero en la pared. Era la entrada de la Iglesia San Cha He en Nanjing. Un antiguo almacén es ahora un santuario temporal para el pueblo de Dios. Desde dentro es incluso más desangelado: las paredes están cubiertas de manchas, la pintura está desconchada y hay grandes boquetes rectangulares que alguna vez fueron ventanas. «A pesar de todo tenemos un sueño», susurró nuestro guía Zhang señalando un cuadro de una iglesia colgado en la pared. «Estamos en medio de una campaña para levantar ofrendas y construir una iglesia nueva ¡que será como esa!»
Detrás del púlpito una enorme cruz me llamó la atención: No estaba hecha de ningún metal precioso sino recubierta con papel rojo metalizado. Su simplicidad me llevó a doblar mis rodillas y orar reverentemente en silencio. Cuando llegamos nosotros, quince minutos antes del culto, la iglesia estaba ya casi llena. Durante la reunión me fijé en una señora mayor sentada detrás de mí que seguía la lectura de la Biblia con una lupa. El pastor, de unos 80 años, predicaba que «Nosotros (los cristianos) somos como ovejas» De vez en cuando –y esto es lo interesante– mostraba una pequeña hoja de papel garabateada con los puntos del sermón. Era la primera vez que veía a un predicador hacer esto con su bosquejo.
Dos fueron mis reflexiones cuando salí de allí. La primera: ‘Espléndida iglesia, lugar andrajoso’. Sus miembros son pobres, sin embargo están dispuestos a dar generosamente. Para ellos la casa de Dios es de suma importancia. La segunda reflexión fue: ‘Bolsillos vacíos, corazones llenos’. No pararon de saludarnos, mostrándonos su cariño a las Sociedades Bíblicas Unidas por proveerles el papel para sus Biblias. Pero su calurosa bienvenida y sus rostros agradecidos reflejaban sobre todo su amor cristiano en una fe llana y cercana. Mi último pensamiento para todos los que apoyan la obra bíblica es: el poquito o lo mucho que has podido dar ha recorrido un largo camino para alimentar a un pastor, para regalar una Biblia y para ¡salvar una vida! Así pues, NO PARES DE DAR. Bibliopress/SBE | Fotos: SBU/Jaqueline Ho
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