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SU PALABRA: INTELIGENCIA ESPIRITUAL (IE) PARA NUESTRO TIEMPO

Realidad virtual

Imagen tomada del libro de Juan Manuel Quero, «Su Palabra: Salvación»

“También existe la realidad virtual de cristianismo. Gente que se cuelga los distintivos cristianos, pero que no han encontrado la libertad en Cristo. Como aquellos que decían ser buenos creyentes, hijos de Abraham, pero, que eran hijos del maligno”

(Juan Manuel Quero, 30/01/2026) | En la robótica una nueva esfera de indagación y de esfuerzo en la investigación es lo que se llama la «realidad virtual». La informática nos introduce a una dimensión virtual que puede crear situaciones muy similares a todo lo existente. Realidad virtual es la habilidad para hacer de algo que no existe una realidad. Las palabras «realidad» y «verdad», que son sinónimos, se han convertido en otra cosa por la intervención de la robótica que ha conseguido que sean conceptos diferentes. Lo que uno está viendo o sintiendo como una realidad no es la verdad, sino un empeño por aparentar una verdad.

Esto está creando unos problemas éticos importantes. La investigación comienza a sumergirse en la realidad de la fantasía que no existe. Partiendo de una fotografía o de algunas reproducciones de personas que hace años murieron o siguen estando vivas, se empiezan a producir nuevas «realidades», para darles vida cinematográfica o virtual para decir y hacer algo que posiblemente nunca hubiesen hecho o dicho. La inteligencia artificial, en muchos aspectos, es una continuación de todo esto, que invita a propagar más fácilmente todo ello, aunque pueda tener sus aplicaciones positivas, como es evidente.

En realidad, esto solo trata con lo ilusorio, lo que en el fondo no presenta nada, de lo que uno puede ver en principio. Es como comprar una serie de cheques sin fondo, o como tener muchos millones de dinero falso.  De hecho, lo ilusorio es algo tan viejo como Satanás, porque este ha sido su recurso para llevar a la gente al caos. Por eso la Escritura nos enseña que tenemos que vivir en la verdad, la cual se conocerá tarde o temprano: «Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad. Lo que aprendisteis y recibisteis y oísteis y visteis en mí, esto haced; y el Dios de paz estará con vosotros.»  (Filipenses 4:8-9). Lo peor de permitir que lo ilusorio sea lo que mueva nuestros sentimientos es que produce adicción, y uno se convierte en esclavo de esa realidad virtual que no es verdad. Es la sensación del que se acostumbra a vivir bajo los efectos de la droga.

Por eso el hombre de alguna forma trata de encontrar lo verdadero, pero está todo tan lleno de fantasía pasajera que más bien parece que el hombre se conforma con vivir la mejor ilusión, con menos efectos secundarios. Esto que hoy se refuerza con el avance tecnológico, de forma más rudimentaria también se producía hace muchos años. Podemos ver esto en el interrogatorio que se le hizo a Jesús. Pilato le preguntó: «¿qué es la verdad?» (Juan 18:37, 38). Esta respuesta, de hace ya más de dos milenios, nos ilustra lo que también hay detrás de lo que actualmente se conoce como «posverdad». Lo que se presenta aquí es una especie de derrota o de resignación a no poder vivir en esa verdad absoluta que puede liberar a las personas del engaño de este mundo.

Los sofismas, que eran unos juegos filosóficos para moverse en el engaño que se argumentaba como una verdad, aún son más antiguos de lo mencionado. Recuerdo algo que nos puede ayudar a  ilustrar esto: «Un niño que se creía muy listillo, estaba comiendo en un restaurante con su padre. El camarero le trajo un plato con cuatro croquetas de entrante. El niño preguntó a su padre cuántas croquetas había en el plato. Este respondió que cuatro. Pero, el niño, dijo que no era cierto, que había cinco. Para ello argumentó, que donde había cuatro croquetas, también había una. A esto el padre asintió, como que era correcta la explicación. Por lo que el niño concluyó, pues, cuatro más una son cinco. A esto el padre contestó, pues, bien, yo me comeré las cuatro y tú te comes la quinta». Por toda esta argumentación virtual muchos han llegado a una situación de escepticismo, creyendo que a Dios no se le puede conocer de verdad.

La gente se ha hecho de Dios algo ilusorio. Muchas religiones no son más que una realidad virtual. Unos se han fabricado un fetiche, una imagen de imaginería humana; una especie de imitación mala de Dios, que incluso los lleva a rechazar la verdad de Dios, por no estar contentos, con eso que no tiene nada que ver con Dios, pero, a lo que también se han acostumbrado.

La realidad virtual de Dios también puede crear dependencia negativa, haciendo de la gente fanáticos religiosos que se mueven bajo reglas que no tienen nada que ver con lo que Jesús nos presenta. Ya, en el Antiguo Testamento vemos esto con el montaje de los baales, pero también vemos cómo Elías reta a esos profetas de dioses falsos, a mostrar cual es el Dios viviente (1ª Reyes 18:24).

Las personas se han acostumbrado tanto a esa inventiva que les cuesta trabajo aceptar la verdad de Dios como le ocurrió a Tomás, cuando dudaba de Jesús (Juan 20:27, 28), pues creía que era una especie de realidad virtual. A los discípulos, en general también les ocurrió algo similar llegando a creer que era un fantasma (Mateo 14:26). Y es que incluso hoy es más fácil creer que el hombre puede volar en aparatos, o llegar a un satélite; que puede hacer reproducciones de gente que no existe, antes que creer que Dios puede caminar por el agua. ¿Qué es lo que hoy pensamos de Dios?

Él nos presenta que Él es la verdad (Juan 14:6). Es decir, la verdad que el hombre necesita para vivir. Él nos da la prueba de la libertad que produce. Nos hace ver que si permanecemos en su Palabra seremos discípulos de Él y conoceremos la verdad y esta nos hará libres: «Dijo entonces Jesús a los judíos que habían creído en él: Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres.» (8:31, 32).

La verdad está en Jesús, porque la verdad es que el hombre necesita a Dios; la verdad es que el hombre no puede vivir sin Dios, sin ese Dios real que vino a dar a conocer Jesús. La verdad es que el hombre está condenado por su propia enfermedad de maldad, pero la verdad es que Jesús es ese médico que nos sana, no con un remedio mágico, sino con el remedio de su entrega por nosotros en una cruz.

Pilato preguntó cuál era la verdad y Jesús le contestó muriendo y resucitando, haciendo polvo la condena del hombre a vivir sin Dios. Por esto el centurión que estaba cerca de Jesús, como uno más de los que allí había, sin formar parte del espectáculo, reconoció que Jesús era el VERDADERO Hijo de Dios: «Y el centurión que estaba frente a él, viendo que después de clamar había expirado así, dijo: Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios.» (Marcos 15:39).

Lo mismo que muchos han hecho de Dios una especie de cuento, también han hecho con el concepto de lo que es un cristiano. Todos podemos ponernos la máscara de cristiano. Sí, también existe la realidad virtual de cristianismo. Gente que se cuelga los distintivos cristianos, pero que no han encontrado la libertad en Cristo. Como aquellos que decían ser buenos creyentes, hijos de Abraham, pero, que eran hijos del maligno.

Hoy también la gente piensa que todos somos hijos de Dios, cuando la mayoría hacen las obras contrarias a lo que Dios quiere. Si en Proverbios se nos dice: «¿mujer virtuosa quién la hallará?», también en Proverbios 20:6 nos dice la otra parte «¿hombre de verdad quién lo hallará?» Dios busca a personas que le adoren de verdad, y no pantomimas de cosas que no se viven: «Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren.» (Juan 4:23).

Dios quiere que permanezcamos en su Palabra, para que descubramos por nosotros mismos, que Él es la verdad y que en Él seremos verdaderamente libres de la maldad. Él quiere que seamos sus hijos, pero en la verdad de lo que supone la experiencia de tener a Dios como Padre. Dios tiene poder, y es en su justicia y amor, que ha dado su vida para que podamos vivir de verdad, y eso no es una «realidad virtual» sino algo que podemos experimentar y que es cierto.

(Este es uno de los temas que se encuentran en el libro publicado recientemente, por Juan Manuel Quero: «Su Palabra: Salvación»)

Fuente: Juan Manuel Quero Moreno - Enero 2026

Nota de Redacción: Las opiniones de los autores son estríctamente personales y no representan necesariamente la opinión o la línea editorial de Actualidad Evangélica.

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SU PALABRA: INTELIGENCIA ESPIRITUAL (IE) PARA NUESTRO TIEMPO / Por Juan Manuel Quero

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