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¿Por qué las empresas de los Amish no fracasan?

CLAVES DE UN EXITOSO
PARADIGMA EMPRESARIAL
¿Por
qué las empresas de los Amish no fracasan?

por Eliseo Vila – para Noticias FEREDE – basado en el libro de Erik Wesner’s, “Success Made Simple: An Inside Look at Why Amish Businesses Thrive”

¿Queréis saber quienes son los emprendedores de más éxito en los Estados Unidos? No los busquéis en Silicon Valley, ni en Manhattan, id directamente a los enclaves Amish en los condados de Holmes (Ohio), de Lancaster (Pensilvania) y de LaGrange (Indiana).

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Fotograma de la película "Único testigo" (1985), protagonizada por Harrison Ford, que hizo visibles a los Amish para el gran público, a nivel internacional
Los Amish son un grupo cultural y étnico fuertemente unido, descendiente de inmigrantes predominantemente suizos de habla alemana. De firmes convicciones y tradiciones religiosas, creen en el Nuevo Testamento de una forma muy literal y se aíslan del mundo exterior. Defienden el pacifismo y la vida sencilla. Visten como en el siglo XVII o XVIII. Sus normas religiosas cubren la mayoría de los aspectos de la vida diaria, incluyendo prohibiciones o limitaciones sobre el uso de electricidad de origen externo, teléfonos y automóviles, así como regulaciones en el vestir. Muchos miembros de la Iglesia Amish no toman seguros ni aceptan ayudas ni asistencias gubernamentales, ni en salud ni en alimentación, tales como la de la Seguridad Social de EE.UU. (Social Security). En consecuencia, aunque pagan impuestos, están exentos de la Seguridad Social, según el proyecto de ley relativo a Medicare promulgado en 1965. Hay unos 230.000 Amish en los Estados Unidos.

Las empresas por los Amish alcanzan el sorprendente ratio de éxito del 95%; y según se desprende del estudio realizado al respecto por Erik Wesner, permanecen en la actividad un mínimo de cinco años. Otra investigación académica similar realizada por Donald Kraybill, profesor de sociología de Elizabethtown College, en diversos enclaves Amish; establece que el porcentaje de fracaso y cierre de negocios bajo control de los Amish oscila entre el 2,6% y el 4,2%; cuando en los Estados Unidos, el ratio de negocios que superan los cinco primeros años de actividad, está por debajo del 50%. ¿Cuál es el secreto de los Amish?

Wesner, experto en administración de empresas, considera que el secreto está en una serie de valores que la cultura Amish enfatiza y que en nuestra sociedades urbanas, excesivamente tecnificadas y ferozmente individualistas han perdido:

1. Su sentido del trabajo y autodisciplina.
Para la cultura Amish, el trabajo duro y bien hecho, más que una necesidad o un deber, es un privilegio; una justa contrapartida de agradecimiento a lo mucho que Dios nos da: la vida, la naturaleza, y todo lo que en el mundo nos rodea. Muy pocos americanos pueden, hoy en día, afirmar que guardan entre los recuerdos de su niñez, el de que sus padres les despertaran antes de salir el sol para ir a ordeñar las vacas. Hemos perdido el sentido de la disciplina y del trabajo duro y nos hemos entregado a una vida fácil, donde el esfuerzo y la disciplina se ve como algo negativo, y por tanto, a evitar en todo lo posible. Nuestros hijos se educan en una entorno de vida muelle, con todas las comodidades, con todos los caprichos; lejos de todo sentido de responsabilidad y esfuerzo. Se les habla mucho de sus derechos y muy poco de sus deberes.

2. Su concepto de cooperación y de trabajo en equipo.

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La aplicación a rajatabla del principio bíblico de "haz con tus semejantes aquello que quisieras que ellos hicieran contigo", hace la diferencia en este sentido. Participar, junto con los demás vecinos, en la construcción entre todos de una casa o un granero para una familia recién llegada a la comunidad o una pareja que se independiza, aporta resultados mucho más positivos a la hora de "construir comunidad", de fortalecer el entramado social y fomentar el trabajo en equipo, que el mero comunicarse a través de Facebook para compartir fotografías y experiencias. Nuestra sociedad ha caído en un individualismo feroz que ha socavado el sentido de la relación de amistad y, con ello, de cooperación. En las empresas y negocios de los Amish, el sentimiento entre los trabajadores de trabajo en equipo es total; el éxito es de todos y el fracaso también; siempre hay alguien dispuesto a colaborar en instruir a quién lo necesita; o a cubrir desinteresadamente el puesto de otro si hace falta.
Y este sentido de colaboración se extiende también a las relaciones entre las propias empresas. Partiendo de que lo que hoy hago para ayudar a otro, mañana él lo hará por mí, no ven dificultad alguna en colaborar y compartir información, cualquier cosa que pueda redundar en mutuo beneficio. El secreto profesional, las reservas de información, y especialmente la picaresca, no se entienden como algo positivo o a tener en cuenta a la hora de valorar el éxito profesional, más bien todo lo contrario. Los empresarios Amish no se ven como competidores, son amigos y se ayudan entre sí. En lo único que compiten es en trabajo duro, calidad y buen servicio al cliente.

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3. Su profundo conocimiento de su actividad y de su producto.
Cuando los emprendedores Amish ponen una empresa o abren un negocio, lo hacen siempre sobre algo que conocen a la perfección; y se mantienen dentro de esa actividad. ¿Se fiarían los consumidores americanos -comenta Wesner- de un Amish que ofreciera servicios de venta y reparación de televisores, electrodomésticos, ordenadores o teléfonos móviles? Decididamente, no; nadie puede vender ni reparar con eficacia productos en los que no cree, no utiliza y por tanto no entiende bien. Cuando un Amish decide entrar en una actividad comercial, es porque sabe lo que hace, se ha preparado concienzudamente para hacerlo y lo conoce a la perfección.

4. Su honestidad: garantía de calidad para su producto.
Un Amish no miente ni engaña jamás; desde que nace le enseñan que en ello está en juego su condenación eterna, y está plenamente convencido de ello. Esto hace una diferencia y aporta al consumidor americano una garantía, pues sabe bien que comprar un producto Amish es pagar un precio justo por una calidad fuera de toda duda y cuestionamiento. Si quiere algo barato, acudirá a un almacén de productos de importación; pero si desea adquirir un mueble de madera de verdad, para toda la vida; un cinturón de cuero auténtico, que pueda legar a sus hijos; un tejido que no encoja ni destiña; o un queso hecho con verdadera leche de vaca; la etiqueta de procedencia Amish, es garantía de calidad garantizada a un precio adecuado. No cabe imaginar que un Amish pueda falsear la calidad o especule con el precio. No lo hará.

5. Su marketing: siempre honesto, adecuado y consecuente con el producto.

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Todo aquello que fabrican y venden concuerda siempre con su ideología, con su cultura. Y en consecuencia, su marketing responde a este principio. Un marketing que responde siempre al producto: "rústico", "casero", "antiguo", "tradicional", "hecho a mano", "calidad garantizada". Un Amish jamás recurre a "estratagemas" publicitarias ni a "trucos" de marketing, tan habituales en nuestra cultura; y que con frecuencia, en los mejores casos, rozan la frontera del engaño, cuando no la traspasan de largo.

6. Su humildad y modestia.
Cuando uno pregunta a un emprendedor Amish acerca de las claves de su éxito empresarial, no cabe esperar grandes peroratas ni elaboradas reflexiones acerca de qué cosas ha hecho bien Son un colectivo en el que predomina la humildad y la modestia; lo más probable es que cuelgue toda medalla de sus éxitos en el pecho de cualquier otro, siempre alejado de sus propios meritos personales. No se siente orgulloso de sus logros, sino satisfecho de haber cumplido con su deber. El empresario Amish, por mucho que prospere, jamás deja de trabajar en la empresa como uno más y cumplir con su horario; jamás mira a nadie con desprecio o por encima del hombro. Entiende que su conducta, su productividad, efectividad y esfuerzo personal, han de ser un referente y ejemplo en todo momento y en todos los sentidos para sus empleados.

7. Su simplicidad en el plan de negocio.
Tenemos un claro ejemplo de ello en Myron Miller, un importante empresario Amish de 46 años de edad en Millersburg, Ohio, cerca de Akron; un prototipo del éxito empresarial alcanzado por los emprendedores Amish; aunque él no lo reconozca ni admita de ese modo. Cuando alguien le pregunta sobre su plan de negocio, se limita a contestar: "Llevo mi negocio de acuerdo con el plan de Dios". Y no hay duda, a tenor de los hechos, que el Todopoderoso ha sido, en su caso, un buen mentor y un excelente profesor en dirección de empresas. Miller abrió su negocio de fabricación y venta de muebles, "Four Corners Fortinure" (Muebles ‘Las Cuatro Esquinas’), hace 15 años, dedicado a la fabricación y venta directa al público. Ya tiene a pleno rendimiento otra empresa mayor: "Miller Bedroom Wholesale" (Dormitorios Miller al por mayor), dedicada, en este caso, a la venta mayorista en todo el país. Nada mal, si consideramos su nivel educativo, octavo de primaria, nivel donde, por regla general, los Amish suelen dar por concluída su formación escolar.

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En principio, tenía el proyecto de poner en marcha una granja. Pero en la zona donde reside, las tierras de cultivo son escasas y caras. "Así que -nos explica- al ver la cantidad de turistas que atraídos por la curiosidad venían a visitar nuestro enclave, me dije: ‘Tenemos la bendición de ser la atracción turística numero uno en Ohio’ ¿Por qué no aprovechar esa circunstancia? Y decidí probar fabricando muebles para vender a los turistas. Tuve tanto éxito que pronto me di cuenta que el vender muebles en el enclave no era más que la punta de un inmenso iceberg. Y entonces, decidí extender mis alas al resto del país". Actualmente tiene 75 distribuidores que venden sus diseños en todos los estados. Y aunque no cuenta con una página propia en Internet, ha colaborado en el diseño y puesta en funcionamiento una página web común del enclave, que sirve de plataforma de promoción para él y para muchos otros negocios Amish. Un ejemplo de cooperación. (http://www.oacountry.com/fourcornersfurniture1)

Si la idea preconcebida que usted pueda tener de lo que es un empresario Amish, es la de un señor vestido de época, que vende quesos caseros transportados en una carreta tirada por un caballo, vaya planteándose un cambio de paradigma -dice el profesor Donald Kraybill. Porque el caso de Miller no es una excepción. Según Kraybill, considerado uno de los mayores expertos a nivel académico de los Estados Unidos en el estudio de la cultura Amish, hay más de 9.000 empresarios Amish repartidos a lo largo y ancho del país. Y los clasifica en dos grupos distintos: "artesanos" y "emprendedores"

"Los "artesanos" -explica-, tienen por regla general un pequeño negocio en su propia casa o muy cerca de su casa, con no más de cuatro o cinco trabajadores; y no corren riesgos, no tienen interés alguno en crecer; les basta con ganar lo necesario para mantenerse ellos y sus trabajadores.

Los "emprendedores" son una raza distinta, con otra mentalidad muy diferente; dirigen empresas mucho más grandes y un marcado interés en expansionarse; son más agresivos en marketing, prueban todo tipo de ideas nuevas, y están dispuestos a tomar riesgos"

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Y uno de sus riesgos favoritos es el de comprar empresas en quiebra (siempre que su actividad encaje con sus negocios habituales) para reflotarlas. Ben Riehl compró un puesto de venta de comestibles en el mercado de Shewsbury, con el objetivo de rentabilizar de algún modo sus ratos libres. Le cambió el nombre a "Country Style Deli", y se centró en la venta de quesos importados, pan de fabricación casera, y otros productos gourmet de calidad. Contando con la ayuda de su esposa Mary y sus dos hijos, abrió las puertas, justo al comienzo de la crisis económica. "Fue muy duro, -reconoce- pero trabajamos más duro aún ofreciendo a los clientes productos de calidad a un precio razonable, y nos esforzamos de manera especial en dar buen servicio, en ser lo más amables y corteses que nos era posible; convencidos que la calidad del producto y el buen servicio harían la diferencia. Nuestro objetivo era que los clientes tuvieran una experiencia de compra distinta a la de las demás tiendas, una experiencia interactiva y personalizada, más allá de simplemente agarrar los productos del estante y pasar por caja. Nos esmeramos en aportar todo tipo de información sobre cada producto, proporcionar comparativas de calidades, aclarar las diferencias entre un producto y otro, explicar la mejor forma de utilizarlo, aconsejar a los que nos pedían consejo, etc. Hacerlo nos exigió redoblar esfuerzos, estudiar a fondo y conocer bien cada producto que vendíamos. Pero nos valió la pena; los clientes lo valoraron muy positivamente. No gastamos en publicidad, ofrecimos calidad y servicio a un precio justo, y la publicidad nos vino del boca a boca."

8. Su apego a los valores propios de su cultura.
Un emprendedor Amish se enfrenta, por razón de su cultura religiosa, a muchísimas más limitaciones y restricciones que cualquier otro empresario corriente. Si bien es cierto -como señala Wesner- que últimamente los Amish han hecho en sus negocios muchas concesiones en lo que refiere a sus costumbres tradicionales, como la fabricación y venta de artículos que no forman parte de su cultura y que ellos mismos no consumen -valga como ejemplo el diseño y fabricación de ropa de cuero, juguetes caros, y otros artículos similares de precio elevado- sigue siendo un axioma que por nada del mundo se meterán en un negocio "que pueda ser considerado como moralmente cuestionable". No os esforcéis en buscar un casino, una "sex shop", una tienda de licores, o incluso una agencia de cobro a morosos, propiedad de los Amish. Perderéis el tiempo."

9. Su limitación en el uso de las nuevas tecnologías.

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"Pobres, ellos aún viven en el pasado" | + ampliar

Los Amish se han adaptado a las nuevas tecnologías cuando trata de ganar mayor rentabilidad en sus negocios. Por ejemplo, instalaciones eléctricas en sus tiendas para complacer a los turistas que quieren comprar con aire acondicionado y pagar con tarjeta de crédito. Pero la electricidad que consumen, tanto en sus comercios como en sus fábricas, la generan casi siempre ellos mismos a través de energías alternativas, bien sean solares o eólicas. Se han abierto al uso de ordenadores, teléfonos móviles, Internet, y utilizan el fax e incluso el e-mail. Pero limitan el uso de todos esos artilugios a las necesidades propias, exclusivas e imprescindibles del negocio. No porque consideren que su utilización plantee por si misma algún tipo de problema ético o moral, sino por la posible dependencia y adicción que puedan crear en la persona que las utiliza, hasta el punto de llegar a alterar por completo su estilo de vida. El propio Miller reconoce tener que batallar constantemente con esto, en una forma que sonaría muy familiar a cualquiera de los demás millones de usuarios de las Blackberry o Iphone, que luchan también para limitar su estrés y lograr un estilo de vida más sosegado y equilibrado. "Cuanto más esclavo eres de la tecnología, -dice Miller- más solitario te vuelves y más te vas alejando de la familia. Por ejemplo, años atrás, cuando un granjero estaba en el establo ordeñando las vacas, toda la familia permanecía a su alrededor, cantando canciones, recitado la tabla de multiplicar, contando historias, y sobre todo, ayudando. Era un equilibrio perfecto entre ocio, educación y trabajo.

“Success Made Simple: An Inside Look at Why Amish Businesses Thrive”, de Erik Wesner’s

En la actualidad, un granjero Amish ordeña simultáneamente cuarenta vacas a la vez usando medios mecánicos y electrónicos, mientras los niños están en el colegio. Sin duda, es lo más práctico, hemos de ser competitivos y para ello es necesario ponerse al día. Pero a la vez, no podemos olvidar que esto rompe el equilibrio y roba parte del valor y riqueza de la vida familiar. Y entonces -concluye Miller- no puedes por menos que preguntarte. ¿Hasta donde estas dispuesto a permitir que la tecnología se enseñoree de tu negocio?"

Una pregunta que da mucho que pensar. ¿Hasta donde las tecnologías modernas han dejado de ser un medio destinado a facilitarnos la vida para convertirse en un amo que nos domina y nos exige? Miller, responde a su propia pregunta con estas palabras: "Tienes que mantenerte muy firme en tus convicciones, trazar líneas claras de actuación y ceñirte a ellas, vigilando constantemente que la tecnología esté siempre a nuestro servicio y no nosotros al servicio de la tecnología, dejando que acabe finalmente por alterar nuestra escala de valores, y con ello, nuestro sistema de vida".

Autor: Eliseo Vila – para Noticias FEREDE – basado en el libro de Erik Wesner’s, “Success Made Simple: An Inside Look at Why Amish Businesses Thrive”

Eliseo VILA es economista, periodista, escritor y teólogo.
Es, además, Presidente la Editorial CLIE.

 

 

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