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"Porque oigo la calumnia de muchos; el miedo me asalta por todas partes" (La Biblia, Salmo 31:13)
(JORGE FERNÁNDEZ, 14/12/2010) Corren malos tiempos para la política española. Treinta y dos años de democracia no han bastado para consolidar el fair play en el juego democrático, ni para desarrollar una cultura cívica capaz de señalar, denunciar y excluir (democráticamente, por supuesto) a los representantes de la ‘politibasura‘, instalados en el juego sucio, la calumnia gratuita, y en la piromanía política. El insulto intolerable de un concejal andaluz, dirigido al pastor evangélico Juan José Cortés – el padre de Mariluz, la niña asesinada por un pederasta en 2008 – y al partido con el que colabora como asesor independiente, es el más reciente episodio de esta situación desgraciada, que produce asfixia en nuestras conciencias como ciudadanos y como personas. "Nada como una hija muerta para entrar por la puerta grande en el PP", dicen que dijo en su cuenta de Facebook el concejal de Hacienda de Maracena, un municipio granadino. ¿Cómo se puede decir algo tan vil? ¿Cómo se puede perder el norte de esa manera? Su insulto no es una ofensa sólo para aquellos a quienes va dirigido, sino para toda la ciudadanía, sin distinciones de creencias ni de ideologías políticas. Quiera Dios que eso no consiga desalentar a los hombres y mujeres buenos y honestos, como Juan José Cortés, y a otros muchos que, vinculados a partidos y plataformas políticas de muy distinto signo y color, trabajan a diario por una sociedad mejor, más justa, y más solidaria. Son muchas las veces, cuando oímos acerca de casos de corrupción, de tráfico de influencias y otros males que tanta desafección producen entre la ciudadanía y su clase dirigente, cuando nos preguntamos: "¿Dónde están los hombres y mujeres buenos, honestos y capaces en este país?", "¿Por qué no se meten en política con valentía y compromiso, impidiendo que otros que no son dignos ocupen su lugar?", "¿Por qué tenemos que aguantar siempre a los mismos, hasta el punto de pensar fatalmente que no tenemos otra alternativa, más que sufrirlos?". Con frecuencia, son cosas como estas que hoy comentamos las que les disuaden. La guerra sucia de descalificaciones, las calumnias, y las malas artes empleadas por algunos políticos – los menos, afortunadamente, pero fuertes e incombustibles como las malas hierbas – que en vez de dedicarse a construir y a defender su propio proyecto político, desde el respeto hacia los demás, centran sus esfuerzos en destruir –política o personalmente (les da igual)-, a sus adversarios ideológicos o políticos, sin reparar en las consecuencias. Las urnas deberían servir, en una sociedad democrática y civilizada, para castigar tales comportamientos y hacer bajar del escenario político a esos malhechores (en el sentido semántico de la palabra) de la política. Sin embargo, por alguna extraña razón, estos resultan políticamente inmunes y amparados, muchas veces, por la protección cómplice de sus propios partidos, en un juego perverso de ‘pescadilla que se muerde la cola’: la gente les sigue votando y, por lo tanto, los partidos les mantienen como candidatos, porque suman votos. Es el círculo vicioso con el que el político honesto y cabal debe lidiar, como quien entra a saltar la comba, con la cabeza gacha de la discreción y tratando de que no le enreden ni le hagan pisar la cuerda en el juego sucio de las calumnias, las trampas y las descalificaciones. No todos lo intentan y, quienes lo hacen, suelen salir escaldados a la primera de cambio, sintiéndose ovejas en medio de lobos. Pero eso tiene que acabarse. Es necesario romper con ese círculo vicioso. El país necesita una generación de nuevos y buenos políticos que, con su talento y con su talante, oxigenen y desinfecten la vida pública de todo resto de esta hedionda politibasura, de los viejos vicios y los malos hábitos, algo de lo que la política española todavía está, como se ve en ocasiones, demasiado afectada. Desde estas líneas expresamos nuestro ánimo, simpatía, solidaridad y compromiso de oración, a favor de todos los juanjosés y juanasjosefas de España, cualquiera sea el rincón del escenario político que, desde su libertad y convicciones personales, elijan para servir a la sociedad; para que no se desalienten y sigan adelante, que el país les necesita. Los otros, tendrán siempre nuestra amonestación más firme, nuestro llamamiento al arrepentimiento, y a un cambio de actitud. Porque deben saber que el servicio público les confiere una gran responsabilidad ante los ciudadanos, y también ante Dios (crean en Él, o no); alta responsabilidad que deben desempeñar con la mayor dignidad y humildad. Autor: Jorge Fernández Basso, responsable de Prensa de Ferede
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