|
El Nuevo Herald | Red de fraude migratorio | Desvirtuando la naturaleza de las visas para trabajadores religiosos, un pastor evangélico de Miami engañó a las autoridades y se convirtió en el autor de un complejo fraude migratorio que se extendió por varios años. Persuasivo, carismático y benevolente, Marcial Cordero, un dominicano de 55 años, tenía una gran capacidad para convencer a la gente. Pero Cordero también era dueño de 10 armas de fuego, lo único que las autoridades le decomisaron. Actualmente el ministro evangélico cumple una condena de 20 meses, después que se declaró culpable de dos cargos: falsificación de documentos de inmigración y uso sin autorización de un instrumento del gobierno (sello) para validarlos. A esto se suma que Cordero optó por colaborar con las autoridades. En el área de los negocios, fundó varias corporaciones en los rubros de bienes raíces y la industria musical y disquera. También creó compañías no lucrativas relacionadas con asuntos religiosos, como La Fundación Cordero de Dios Fucodi, Inc que abrió en el 2007; y Restauración, Ministerio de Unidad Familiar, Inc, que creó en 1996. Fungiendo como notario público –algunos creían que era abogado– Cordero llenó entre 1995 y el 2008 unas 600 peticiones ante las autoridades de inmigración, de las cuales 200 fueron solicitudes para supuestos trabajadores religiosos. La investigación del gobierno federal reveló que 130 de esas peticiones fueron fraudulentas, y unas 44 contenían formas I-94 falsas con un sello de admisión también ficticio, identificado con el número 553 que el gobierno "nunca emitió», de acuerdo con la declaración jurada del agente a cargo de la pesquisa. La tarjeta I-94 es un documento de entrada/salida que demuestra la estadía legal de la persona en el país, que queda validada con un sello, que únicamente los funcionarios de inmigración tienen autoridad para estampar. "Nadie hubiera podido imaginar que un hombre que rezaba todo el tiempo, predicaba y leía la Biblia, pudiera engañarnos», aseguró Richard Rojas, un peruano de 47 años que confió en Cordero. Ahora él y su familia corren el riesgo de ser deportados. Después de haber pagado más de $11,000 por el trámite de sus documentos, haber obtenido la residencia permanente y llevar una vida estable y productiva, la familia Rojas siente que el mundo se le ha venido encima. Con el agravante de frustrar la carrera exitosa de la hija mayor, Vanessa, una estudiante de Medicina de 20 años que entró al país a los dos años con su madre, y de poner en peligro el futuro de la segunda hija de nueve años, que nació en Estados Unidos. Durante una ceremonia religiosa en una iglesia cristiana en Coral Park, Rojas conoció a Cordero y ambos se hicieron amigos. "Un día se me acercó y me dijo: ‘Hermano, ¿tienes papeles?’ Yo le contesté que no. Entonces me dio una tarjeta con la dirección de su oficina, ubicada en la Calle 8, donde Cordero aparece como Asistente Legal», recordó Rojas. La tarjeta indicaba: servicios de inmigración, asilo, extensiones, visas, trabajadores religiosos, residencias, permisos de trabajo, pasaporte, divorcios, DUI y notario público, bienes raíces y casos criminales. "Uno cree en un pastor que nos invitaba a su casa, con el que cantábamos, rezábamos… ¿En quién íbamos a confiar?", afirmó Lourdes Espinoza, de 45 años y esposa de Rojas. El pastor llenó una petición ante inmigración bajo la categoría de "trabajador religioso», pero Rojas nunca realizó trabajos como tal. Su área laboral siempre fue en la construcción. |




