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Ni tanto, ni tan poco.

EDITORIAL | VIDA
ARTIFICIAL

Ni tanto, ni tan poco.

(MADRID, 21/05/2010) Quizás por la claustrofobia informativa a la que nos condena la crisis económica, el aumento del desempleo, los casos de corrupción política y empresarial, los sonidos de tambores de las movilizaciones sindicales, etc., la noticia de que científicos estadounidenses habían conseguido "crear vida artificial" fue anunciada por algunos medios – que suspiraban por una bocanada del aire fresco del optimismo – con euforia desmedida y con afirmaciones contundentes que, apenas unas horas después, empiezan a ser convenientemente matizadas.

Al parecer, el logro conseguido por el equipo dirigido por el empresario y científico estadounidense Craig Venter, uno de los artífices del genoma humano, supone un avance importante para la ciencia, que es saludado por la comunidad científica con comedido entusiasmo, destacando las posibilidades técnicas que abre el descubrimiento, pero poniendo en cuestión que "suponga la creación de vida artificial".

Que el anuncio del logro científico haya sido publicado en una revista de tanto prestigio como Science, ya no supone una garantía absoluta de veracidad después del escándalo protagonizado por esta publicación en el año 2005, cuando se vio obligada a retirar el famoso artículo de las células humanas clonadas obtenidas de pacientes del coreano Hwang Woo-Suk, que resultó un fraude de tal magnitud que hizo temblar los cimientos de esta emblemática revista científica. (Ver reportaje "Fraudes científicos", publicado en EL PAÍS el 06/01/2008).

No obstante, en este caso parece que sí se trata de un hito histórico y que, las dudas que albergan científicos, observadores sociales y políticos, no se centran en la veracidad o no del hallazgo, sino en el nivel de relevancia del mismo, que observan con relativo escepticismo. Por de pronto, ya se descarta que se trate de "crear vida desde cero", como algunos medios entusiastas se apresuraban a anunciar.

Crear vida desde cero implica saber escribir genomas, algo en lo que el hombre aún no ha podido imitar a su Creador. Con todo, parece haber acuerdo en valorar, de forma objetiva, el mérito y la singularidad de la técnica empleada por Venter.

La necesidad urgente de regular

Por otro lado, ya han saltado las alarmas sobre los posibles riesgos que el empleo de esta técnica podría suponer para la seguridad mundial si llegase a manos del terrorismo internacional; al punto de que el presidente Obama ha pedido un informe técnico urgente sobre el asunto. Pero no sólo él sino que, al parecer, ha sido el propio Venter quien ha pedido que el Gobierno tome medidas urgentes para regular "una técnica poderosa e impredecible".

La posibilidad de que el monstruo cobre vida propia y escape del control del Dr. Frankestein de turno constituye una amenaza real si no se define su marco legal: "La demanda de que se revise [la legislación] tiene razón de ser", afirma el profesor del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), Pere Puigdomènech, aunque, de momento, no ve peligro "porque es un trabajo en laboratorio". En la misma línea, un paso más allá, está el temor a que se puedan fabricar microorganismos que se usen con fines bélicos.

Y es que, a la vista de la historia de la humanidad, los avances en el campo de la ciencia han servido para muchas cosas, pero se han mostrado totalmente inútiles para cambiar el corazón del hombre, ese rincón misterioso en el que conviven nuestras más nobles aspiraciones, con nuestras más temibles y letales amenazas.

EL PAIS | Redacción: Noticias FEREDE

 

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