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Madrid: culto de despedida en memoria del pastor Manuel Vidal Fernández

Familiares, líderes evangélicos y miembros de la congregación se reunieron para compartir testimonios, alabanza y reconocer su vida de servicio y ministerio.

(Redacción, 28/03/2026) | La Iglesia Evangélica Salem acogió hoy un culto conmemorativo en recuerdo de Manuel Vidal Fernández, fallecido el pasado 19 de febrero. La cita, celebrada en Madrid, reunió a familiares, congregación y representantes del ámbito evangélico en una jornada marcada por la gratitud, la memoria y la continuidad de una obra que sigue dando fruto.

El culto se celebró en un ambiente más recogido de lo habitual, lo que favoreció una mayor cercanía entre los asistentes. La alabanza se centró en canciones de Manuel Vidal, interpretadas en su mayoría por hermanos que formaron parte del coro y compartieron con él años de servicio. La emoción fue visible en varios de ellos, reflejando un vínculo que trascendía dicha alabanza.

Durante el acto intervinieron Carolina Bueno, secretaria ejecutiva de la Federación de Entidades Religiosas Evangélicas de España (FEREDE), Ramón Ubillos, presidente del Consejo Evangélico de Madrid (CEM) y Enrique Montenegro, presidente de la Confraternidad de Ministros de Madrid (COMIMA), junto con miembros de la congregación que conocieron los inicios del pastor.

Todos coincidieron en subrayar una vida marcada por la pasión por Jesucristo, la sensibilidad al Espíritu Santo y el compromiso con la proclamación del Evangelio, especialmente hacia quienes aún no lo habían escuchado. Ese compromiso, recordaron, se tradujo en una fe activa, vivida en lo cotidiano, en calles y pueblos, en decisiones que implicaban entrega y constancia. No fue solo un mensaje predicado, sino una vida coherente que hoy sigue visible en los frutos que dejó.

La participación de la familia aportó uno de los momentos más significativos. Tirsa Vidal evocó los consejos de su padre, aún presentes en su vida en tiempos de incertidumbre, mientras que Marcos Vidal destacó su entrega tanto en el ministerio como en el hogar, afirmando que fue el mejor padre que pudieron tener. Miriam Vidal acompañó al piano, y junto a sus nietos interpretaron una de sus canciones, en un gesto cargado de significado que unió generaciones en torno a su legado.

En la parte final, Marcos Vidal compartió algunas de las frases que definían la visión de su padre, una vida centrada en la coherencia entre lo que se cree y lo que se hace, en la disposición a pagar el precio del llamado y en la convicción de que merece la pena gastarse por Dios. También recordó su carácter firme ante la tibieza, insistiendo en la necesidad de una fe genuina, sin medias tintas.

A continuación, ofreció una reflexión basada en el que consideró su «último sermón» , pronunciado en un primer momento a su familia y que después decidió compartir con todos, tomando como base el pasaje de Juan 4:23-24 sobre los verdaderos adoradores. En su exposición, recordó que Dios, aun teniéndolo todo, “decide buscar” adoradores. No por necesidad, sino por deseo.

En su última predicación, Manuel quiso resaltar que Dios, siendo adorado en los cielos y por toda la creación, sigue anhelando una respuesta humana de adoración real y verdadera. Insistió en que no debe centrarse en el deseo de recibir bendición o en el interés, sino de personas que, pudiendo elegir otras cosas, deciden poner a Dios en el centro de sus vidas.

Marcos concluyó con una llamada directa a los presentes a quedarse con ese último mensaje y a responderlo personalmente. Planteó de forma clara la pregunta de si Dios encontrará en cada uno de nosotros lo que está buscando, llevándola al terreno práctico de la vida diaria y de la relación individual con Él.

Señaló que ahí reside lo verdaderamente importante, en dar una respuesta sincera que se refleje en una adoración constante en lo cotidiano. Con esa reflexión, animó a la congregación a asumir ese mensaje como legado espiritual y a vivirlo, cerrando este tiempo en un ambiente de recogimiento y dando toda la honra y la gloria al Señor.

El acto finalizó con el himno que la congregación ya reconoce como propio, un canto que, con el paso del tiempo, se ha convertido en seña de identidad de la iglesia y en expresión colectiva de su fe. Lejos de percibirse como un cierre, ese momento reforzó el sentido de continuidad de la obra iniciada por Manuel Vidal Fernández, visible hoy en la vida de la congregación, en su compromiso y en el legado espiritual que permanece entre quienes siguen adelante con la misma visión.

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