(Redacción, 30/03/2026) | La Comisión Europea ha nombrado a Mairead McGuinness, exvicepresidenta del Parlamento Europeo y excomisaria europea, como nueva Enviada Especial para la Promoción de la Libertad de Religión o de Creencias (FoRB, por sus siglas en inglés) fuera de la Unión Europea. El cargo, que llevaba vacante desde diciembre de 2024, recupera así una figura clave en la defensa internacional de la fe, especialmente en un momento en el que los cristianos sufren una creciente persecución en distintas partes del mundo.
La reactivación de este puesto se enmarca en una línea de trabajo iniciada en 2016, cuando la Unión Europea creó esta figura tras los ataques del autodenominado ISIS contra minorías religiosas. Desde entonces, el enviado especial ha desempeñado un papel relevante, incluyendo gestiones en casos como el de Asia Bibi, la cristiana pakistaní que logró salir del país tras ser absuelta de blasfemia.
El mandato fue además reforzado en 2023, cuando la UE subrayó con claridad el fundamento de este cargo: “la libertad de religión o de creencias es un derecho fundamental, uno de los valores fundacionales de la Unión Europea, al que toda persona tiene derecho, en cualquier lugar”.
Este fundamento se recoge en el en el Artículo 18 de la Declaración Universal de Derechos Humanos, en el mismo artículo del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos y en la Declaración sobre la Eliminación de Todas las Formas de Intolerancia y Discriminación por motivos de religión o convicciones.
Asimismo, el texto emitido por la Comisión Europea advertía que “los derechos humanos, incluida la libertad religiosa, están siendo atacados o cuestionados en muchas partes del mundo”, una afirmación que hoy se refleja en la realidad que viven muchas comunidades cristianas.
En este contexto, el documento establecía tareas concretas para el enviado especial, como establecer diálogo con autoridades y actores sociales en países donde se vulnera la libertad religiosa, apoyar procesos de diálogo intercultural e interreligioso o promover la diversidad religiosa y la tolerancia, incluso en los sistemas educativos.
Asimismo, entre sus tareas, se incluye el respaldo a las iglesias y organizaciones cristianas, señalando que se debe apoyar los esfuerzos de la sociedad civil, incluidas las iglesias y organizaciones religiosas, de forma que se promueva su visibilidad y participación.
El texto también enfatiza que la defensa de la fe está ligada al conjunto de derechos humanos: “la Unión Europea actúa guiada por la universalidad, indivisibilidad e interdependencia de todos los derechos humanos”, destacando, además, que esta libertad está estrechamente vinculada con la libertad de expresión.
En su Informe anual sobre Derechos Humanos y Democracia 2025 , el Parlamento Europeo abordó la necesidad urgente de cubrir este puesto:
Insta a la Comisión a garantizar el nombramiento oportuno del Enviado Especial de la UE para la Libertad de Religión o de Creencias; subraya la importancia de proporcionar al Enviado Especial la continuidad, los recursos y la visibilidad adecuados para promover eficazmente la libertad de religión o de creencias en todo el mundo; y destaca que la presentación de informes periódicos al Parlamento Europeo reforzaría aún más la transparencia y la cooperación en este ámbito.
El nombramiento de McGuinness llega en un escenario especialmente delicado. En países como Nigeria, grupos extremistas continúan atacando a comunidades cristianas, provocando miles de muertes cada año. En India y Pakistán, los creyentes enfrentan acoso, discriminación y procesos judiciales por su fe. Estos son solo algunos ejemplos de la creciente preocupación entre organizaciones internacionales.

Desde ADF International, han valorado positivamente la designación. Su asesora jurídica, Adina Portaru, celebra el nombramiento de Mairead McGuinness, aunque advierte que el reto va más allá de la asignación y subraya que “la Comisión Europea debería reforzar y dotar de recursos suficientes a este cargo para que el enviado pueda responder eficazmente a los urgentes desafíos actuales”.
Portaru también insiste en el papel que debe asumir Europa en este ámbito: “La UE se ha presentado durante mucho tiempo como defensora global de los derechos humanos. Para estar a la altura de esta afirmación, debe situar la libertad de religión o de creencias en el centro de su política exterior”.
Trayectoria del puesto desde su creación
El cargo de enviado especial para la Libertad de Religión o de Creencias fuera de la UE se creó en 2016 y, desde entonces, ha tenido una trayectoria irregular. Entre las personas que han asumido esta responsabilidad se encuentra el eslovaco Jan Figel, recordado por su implicación en la defensa de este derecho fundamental. La cristiana pakistaní Asia Bibi, que fue condenada a muerte por blasfemia, llegó a señalar que su papel fue relevante en el proceso que permitió su absolución y su salida del país.
A lo largo de los años, otros responsables también han ocupado este puesto, como el chipriota Christos Stylianides o el belga Frans van Daele, en un contexto marcado por periodos sin nombramiento y por las reiteradas peticiones, incluidas las de distintas iglesias, para dar continuidad a esta figura dentro de la acción exterior de la Unión Europea. Pese al respaldo político que ha tenido este cargo desde su creación, su prolongada ausencia en distintos periodos, casi cuatro de los diez años de existencia, ha suscitado dudas sobre la prioridad real que la UE otorga a la libertad religiosa.
Ahora, con el nombramiento de McGuinness, la Unión Europea retoma una herramienta clave de su diplomacia en derechos humanos. Para muchos cristianos que viven bajo persecución, este paso representa una renovada esperanza de que su situación sea escuchada y atendida en la esfera internacional.





