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"ITINERARIO HEBREO DEL POLITEÍSMO AL MONOTEÍSMO" (PARTE IX)

Judaísmo, un concepto socio-religioso

Novena entrega de esta serie del Dr. Máximo García que se inscribe en la línea de investigación que el autor ha desarrollado en obras anteriores y propone un recorrido por los principales temas de la Biblia y de la teología cristiana

La relevancia universal de la religión que toma forma y se consolida en el destierro, es indudable.

El primer hecho a consignar es que en Babilonia los desterrados terminan enterrando a los dioses cananeos una vez liberados del foco de influencia al que han estado sometidos anteriormente. El enfoque religioso ha cambiado y algunos miembros de la antigua élite política y religiosa, fomentan la necesidad de recuperar y mantener los signos distintivos de su nación. En realidad, es razonable pensar que la reforma o seudo reforma de Josías, producida un siglo antes, renovara y actualizara en parte los valores del yahvismo, pero la falta de una estructura religiosa dotada de una consistente normativa doctrinal y litúrgica, unido todo esto al exilio que siguió a la destrucción del templo y de Jerusalén, habían desmantelado la incipiente religión de los hebreos, aún en proceso de formación y consolidación.

Ya instalados en Babilonia, surgen algunos profetas y sacerdotes que se encargarán de desenterrar y fomentar los sentimientos nacionalistas que, necesariamente, pasan por la religión, una experiencia personal y colectiva que les proporciona su propia identidad.

Contribuirá de forma positiva a ese resurgir nacionalista unido a la propia actitud de los reyes persas, concretamente Ciro II el Grande, cuya tolerancia y protección hacia otras etnias sometidas y, más concretamente, hacia los judíos, posibilitará finalmente el proceso de liberación que llevaría implícito la recuperación de la esencia religiosa perdida en buena parte durante la etapa anterior. Lo primero, pues, sería recobrar la memoria tanto oral como escrita, dando forma, sino definitiva sí suficientemente avanzada, a la Torá, convertida en una especie de Constitución tanto civil como religiosa. La Torá está llamada a ser el referente de autoridad que guíe la historia de Israel a partir de entonces.

Ser judío y, consecuentemente, formar parte de la nueva nación que se está formando, integrándose en su religión, pasará, necesariamente, por declararse fieles a Yahvé, reconociéndole como el único Dios verdadero y, cuando el regreso a su tierra lo haga posible, adorarle en un solo lugar, el templo. Por supuesto que tal integración, que exige una mayor rigidez social, moral, ética y religiosa, no va a ser ni sencilla ni va a estar exenta de dificultades, como acreditan algunos de los libros escritos en esa coyuntura histórica, al confrontar viejas ideas con el espíritu innovador de las nuevas generaciones. Tampoco debe perderse de vista el sentimiento de culpa alimentado por los profetas, que se apoderó de los deportados, al tomar conciencia de que su deportación era un castigo de Yahvé a causa de sus pecados.

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Esdras, sacerdote y escriba, está considerado por la historia como el protagonista principal de la restauración de Israel; la cara visible, de la recuperación de los valores históricos del pueblo hebreo, después del largo y controvertido período anterior de la monarquía. Esdras, es cierto, pero sin olvidar a los escribas que formaban su equipo de trabajo. Ahora bien, el equipo dirigido por Esdras no va a actuar en solitario. Sacerdotes como Ezequiel y profetas como Jeremías, conocidos como los profetas del exilio o, anteriormente, Jeremías, Isaías (el tercer Isaías) y otros profetas considerados menores, recuperaron las denuncias de otros profetas anteriores y contribuyeron eficazmente al proyecto, convirtiéndose en altavoces para fomentar la restauración de Israel. Ellos serán los encargados de remover las conciencias y proclamar las exigencias del Pacto establecido con sus padres, para recuperar el orgullo de sentirse pueblo escogido por Yahvé, su Dios.

La recuperación de Yahvé, a partir de la reforma de Esdras, que excluye a otros dioses, se convertirá en el leit motiv de sus vidas, dando sentido al sentimiento recuperado de ser y sentirse pueblo elegido por Dios.  En ese contexto, cobra relevancia la importancia que va a tener la recuperación del contenido del Libro de la Ley por parte de Josías, ampliado ahora con un Deuteronomio más elaborado y las aportaciones de la fuente sacerdotal, una vez completa su redacción, necesarias para poder dotarse de la teología y la liturgia de la que carecía el pueblo hasta entonces.

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Cuando en el año 539 a. C[1]., Ciro II el Grande se proclama vencedor del imperio babilónico y tan solo un año después pone en marcha su política religiosa mediante un decreto que afecta a los judíos entre otros pueblos cautivos, incluye en el decreto el permiso para que los hebreos que lo deseen regresen a Jerusalén y se ocupen de reconstruir su templo. Para los persas Ciro es un enviado de Marduk; para los judíos, un instrumento de Yahvé.

Entre una buena parte de los propios judíos afectados, no en la totalidad de los cautivos, se ha producido ya o se está produciendo, una metamorfosis religiosa dando origen a lo que, a partir de entonces, vendría a ser una religión estructurada, bajo la advocación de un solo Dios conocido como Yahvé, un código de conducta, la Torá y, por consiguiente, una religión clara y definitivamente monoteísta. Una buena parte de los desterrados optarán por quedarse en Babilonia, donde han medrado social y económicamente.

Se trata, por supuesto, de un proceso inacabado, cuyo desarrollo queda bajo el impulso de los sacerdotes, el control de los profetas y el referente de la Torá, el conjunto de cinco libros que, después de un largo proceso, se configura como el libro sagrado que muestra la revelación de Dios para su pueblo. Un proceso que continuará desarrollándose una vez que hayan regresado a Jerusalén, donde la implantación de la religión judía terminará de perfilarse bajo el dominio griego.

Para conseguir esos objetivos el equipo de Esdras se ocuparía de recuperar no sólo la Torá, sino recuperar algunos otros textos de los que habían sido escritos antes o durante el destierro que, juntamente con los producidos en ese tiempo, históricos y proféticos, terminarían formando parte del Tanaj cuando aproximadamente después de transcurridos seis o siete siglos, se formalice el canon. Pero éste es un tema que requiere un tratamiento propio. A los efectos que nos propusimos, remarcar que el itinerario seguido por los hebreos para transitar del politeísmo al monoteísmo recorre un largo camino que culmina precisamente en el tiempo y forma que acabamos de pergeñar.

***Notas:

[1] Para éste y otros acontecimientos los historiadores plantear fechas diferentes. A nuestros efectos asumimos las utilizadas más frecuentemente, sin condicionar el relato a una u otra fecha.

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(Próxima entrega: Revelación e Inspiración)

Autor: Máximo García Ruiz. Diciembre 2025 / Edición: Actualidad Evangélica

© 2025- Nota de Redacción: Las opiniones de los autores son estríctamente personales y no representan necesariamente la opinión o la línea editorial de Actualidad Evangélica.

20120929-1*MÁXIMO GARCÍA RUIZ nacido en Madrid, es licenciado en Teología por la Universidad Bíblica Latinoamericana, licenciado en Sociología por la Universidad Pontificia de Salamanca y doctor en Teología por esa misma universidad. Profesor de Historia de las Religiones, Sociología e Historia de los Bautistas en la Facultad de Teología de la Unión Evangélica Bautista de España-UEBE (actualmente profesor emérito), en Alcobendas, Madrid y profesor invitado en otras instituciones. Pertenece a la Asociación de Teólogos Juan XXIII. Ha publicado numerosos artículos y estudios de investigación en diferentes revistas, diccionarios y anales universitarios y es autor de 31 libros y de otros 14 en colaboración, algunos de ellos en calidad de editor.

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OPINIÓN / POR MÁXIMO GARCÍA RUIZ

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