Un camino de más de dos mil años de antigüedad, que data de los días en que Jesucristo caminaba por las calles de Jerusalén, ha sido abierto por primera vez al público. Se trata del llamado Camino del Peregrino, una calzada que unía el estanque de Siloé con el Monte del Templo, corazón espiritual del pueblo judío en tiempos del Segundo Templo.
Este trayecto, que probablemente fue construido bajo el mandato del rey Herodes o del gobernador romano Poncio Pilato, servía como vía de ascenso para los peregrinos que acudían a Jerusalén en las grandes festividades. Es conmovedor pensar que Jesús mismo recorriera estas piedras en su camino hacia el Templo, tal como relatan los Evangelios cuando subía a la ciudad para celebrar la Pascua.
Durante dos décadas, arqueólogos han trabajado con paciencia y rigor para desenterrar este vestigio histórico, oculto bajo un barrio mayoritariamente palestino. Entre los hallazgos destacan un baño ritual de purificación judío (mikvé) y una estructura elevada que pudo haber servido como plataforma para proclamar anuncios públicos o leer las Escrituras; elementos que evocan escenas bíblicas: maestros enseñando, peregrinos orando o sacerdotes proclamando la Ley.

Sorprendentemente, gran parte de la calzada se ha conservado en notable estado. La destrucción de Jerusalén en el año 70 d.C. a manos de los romanos, que supuso una tragedia para Israel, terminó preservando el camino al quedar sepultado bajo los escombros. Lo que fue devastación se convirtió, providencialmente, en protección. Una paradoja histórica que recuerda cómo Dios puede obrar en medio de la ruina.
Las obras no han estado exentas de controversia. Algunos residentes palestinos expresaron inquietud ante las excavaciones bajo sus viviendas, temiendo posibles daños estructurales. Para garantizar la seguridad, el sendero ha sido habilitado dentro de un túnel reforzado con hormigón y metal, diseñado para sostener los edificios situados sobre él.
A ello se suma la sensibilidad política derivada de que las excavaciones se han llevado a cabo en Jerusalén Oriental, territorio de disputa internacional. Sin embargo, más allá del debate político, la apertura del camino ha despertado un vivo interés espiritual y cultural. Judíos que anhelan reencontrarse con sus raíces históricas y cristianos de todo el mundo que desean caminar, literalmente, tras las huellas de Cristo, ya han comenzado a recorrerlo.
El diario The Times of Israel recogió las impresiones de algunos de los primeros visitantes. Shira Greenspan, residente israelí, describió la experiencia como un privilegio único: volver a subir esos escalones le resultó profundamente significativo. “De repente, te conectas a través de miles de años”, afirmó, subrayando la sensación de formar parte de una historia mucho más grande que uno mismo.
Para los creyentes evangélicos, este sendero es un recordatorio tangible de que nuestra fe descansa en hechos históricos. Pasear hoy por el Camino del Peregrino es, para muchos, una forma de renovar la memoria espiritual: recordar que el Evangelio se anunció en lugares concretos y en un momento preciso de la historia.
