En medio de ese espectáculo nocturno, me era tan fácil pensar en Dios, le sentía presente, cercano. Yo, con mi pequeñez, formaba parte de ese escenario grandioso. Varias noches acudí fascinada a mi cita nocturna y cada vez crecía en mí la idea del despropósito de nuestras vidas. Vidas que se alejan cada vez más de cuanto nos acerca a lo que verdaderamente nos debería interesar.
Nosotros nos movemos a ras de suelo, entre nuestras preocupaciones, nuestras quejas, nuestros miedos, dejamos que nos invadan las noticias que el mundo nos brinda a saturación. Los mercados, las bolsas, las violencias, las estafas, las corrupciones, las letanías sobre porvenires inciertos, las banalidades, un amasijo de voces que van intoxicando nuestro interior y atrofiando nuestros sentidos. Nos cuesta ver el poder de Dios en nuestras vidas, confundimos sus propósitos con nuestros deseos, y estamos realmente lejos de ser libres, de vivir armónicamente con el proyecto de Dios.
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| Lola Calvo |
Os invito a releer con detenimiento el Salmo 8, del que me vino a la memoria el versículo 5. “Miro el cielo, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que has fijado, ¿qué es el mortal para que te acuerdes de él, el ser humano para que de él te ocupes?” Estos versos están llenos de fuerza, de serenidad, de preguntas vitales, sencillas y retadoras. Desprenden una belleza que deberíamos ser capaces de trasladar a nuestras vidas y así, quizás, bañados con el brillo de las estrellas lleguemos a ser luz en medio de tinieblas.
Autora: Lola Calvo | Verano 2011
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