Una somera inspección por las bibliotecas familiares de más de treinta años de antigüedad dará como resultado que en la mayoría de ellas hay varios volúmenes de ‘Selecciones del Reader’s Digest’. Según los datos de la empresa, 130 millones de lectores en el mundo de 70 países -entre ellos España-, que hablan 21 idiomas distintos, siguen fieles a esta publicación hecha a base de resúmenes de noticias y de libros. Pero algo está fallando en el centro de su sistema nervioso, la edición de Estados Unidos, ya que ayer la empresa propietaria se declaró en quiebra. La medida no implica su cierre, pero sí la renegociación de una parte de su deuda, que asciende a unos 1.560 millones de euros. Desde la trinchera
Los tiempos no corren a favor del ‘Reader’s Digest’ en Estados Unidos, pues el ideario de familia, comunidad e iglesia carece de la fuerza de los viejos tiempos, y en la publicación apenas aparecen minorías étnicas, creyentes que no sean protestantes y personas de rentas bajas o en el paro. Los demócratas también escasean en sus páginas. Como solución, sus directivos apuestan por el ‘más madera’, y destinarán menos espacio a los perfiles de las estrellas de cine y otros famosos para potenciar los «contenidos espirituales». De hecho, ya han llegado a un acuerdo con el pastor evangelista Rick Warren para comercializar juntos, en iglesias y en la cadena de supermercados Wal-Mart, libros religiosos, DVD con los momentos estelares del predicador y el ingreso en una web social previo pago de 30 dólares.
Apesar de que el ‘Reader’s Digest’ nunca ocultó sus preferencias por los republicanos, sus intenciones iniciales no tenían ese perfil tan nítido. La revista nació en una trinchera de la Primera Guerra Mundial para combatir el aburrimiento. Su fundador, Dewitt Wallace, era un soldado estadounidense que, para pasar el rato, echaba en falta una publicación que reuniera las mejores noticias de los mensuales más populares. La idea fue madurando en un hospital francés, en el que estuvo Wallace curándose de sus heridas, y en 1922 salía el primer número, financiado en su mayor parte con las aportaciones previas de lectores después de haber hecho una intensiva y pionera campaña de marketing. Además del gancho de los resúmenes, ‘Reader’s Digest’ se percató muy pronto la popularidad de las recetas de cocina y de los artículos sobre la salud, como aún se puede apreciar en su página web en inglés (http://rd.com). De hecho, ellos fueron los primeros que llamaron la atención, en 1952, sobre el peligro de contraer el cáncer por abusar del tabaco.
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