(Madrid, 19/05/2010) Las expulsiones de cristianos evangélicos en Marruecos siguen produciéndose de forma incesante y creciente ante el silencio de la comunidad internacional. Un silencio "doble" en el caso del Gobierno de España, que tampoco se pronuncia sobre estas muestras de desprecio por los derechos humanos, protagonizados por el Gobierno de Rabat, desde su posición en la Presidencia de turno de la UE. El silencio de los gobiernos occidentales – con la sola excepción de los EE UU y de los Países Bajos – no se debe a falta de información suficiente, ya que la prensa nacional e internacional ha seguido el tema con interés. En España, uno de los medios más influyentes – el diario EL PAÍS – ha dedicado varios artículos y reportajes con información precisa y contrastada denunciando la situación. El pasado lunes 17, además, dedicaba al tema el editorial que reproducimos a continuacion. …………………………………………………………………………………….. EDITORIAL Marruecos ha expulsado tradicionalmente con cuentagotas a cristianos protestantes por su supuesto proselitismo, pero desde marzo ha acentuado la cadencia. Un centenar de cristianos, en su mayoría occidentales y evangélicos, han recibido la orden de salir del país. Nunca desde la independencia, en 1956, fueron expulsados tantos cristianos, incluidos, por primera vez, un católico y también fieles de la Iglesia protestante reconocida oficialmente por Rabat. Nunca tampoco la policía había entrado en el templo durante el oficio, como sucedió en Marraquech en marzo, para practicar detenciones. La pequeña ONG marroquí Bayt al Hikma denuncia incluso que la policía pregunta ahora a los alumnos musulmanes de las escuelas extranjeras en Marruecos si les invitan a participar en fiestas religiosas cristianas. La cúpula del colegio norteamericano de Casablanca ha sido ya expulsada. Entre los cristianos residentes en Marruecos, extranjeros o marroquíes conversos, hay miedo. La prensa oficialista contribuye a incrementar su aprensión propagando calumnias y publicando fotos de iglesias con religiosos ante sus puertas a los que acusan de quebrantar la fe de los musulmanes. Las autoridades se basan en esta acusación y en la de proselitismo, ambas recogidas en el Código Penal, para justificar la sanción. A muchos de los expulsados ni siquiera les explican el porqué de la medida y cuando lo hacen es sólo de palabra. En puridad deberían ser juzgados por esos delitos, pero Rabat se salta sus propias leyes para evitar escándalos. Marruecos se jacta de ser uno de los países musulmanes más tolerantes. Es, desde luego, el más mimado del norte de África por la Unión Europea, que le otorgó el estatuto avanzado en 2008 y que en marzo celebró en Granada su primera cumbre con Marruecos. Coincidiendo con su desarrollo, este puso en marcha la represión. EE UU y los Países Bajos se quejaron ante Rabat, pero España, que ejerce la presidencia de la UE, prefiere guardar silencio. Es hora de que los Veintisiete adviertan a Marruecos de que el trato privilegiado que recibe debe suponer, por su parte, avances en materia de derechos humanos. Es hora, también, de que las comunidades musulmanas en España, la mayoría de origen marroquí, pidan al Gobierno del país del que son originarias que respete a las demás confesiones como se respetan en el país al que emigraron. Más noticias sobre el tema en EL PAÍS:
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dedica un editorial a los cristianos evangélicos expulsados por
Marruecos
Fuente: EL PAÍS
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