Frente a las especulaciones farisaicas, Jesús no especula, habla de las exigencias del Reino (Mt. 7:15; Mt. 5:21). Lo hace con autoridad, pero con bondad. La «didaché» se entiende unida a la acción. Se redirige todo con ejemplos que ayuden a entender una nueva pedagogía, en la que la Palabra de Dios tiene que ser «reexplicada», lo hace con parábolas, a veces con metáforas y eufemismos si así interesaba, pero otras veces con disfemismos, de forma muy directa,
El Nuevo Testamento, presenta de forma estrecha la pedagogía del Reino en el mismo corazón de la evangelización. Lo hace incluso inculcando una «didaché» que presenta paradigmas nuevos que se plasman en la vida misma. El prójimo no es el compañero de la escuela rabínica. Es el necesitado, aunque este sea samaritano. La adultera no es simplemente aquella mujer que él restituye, sino que cualquiera que en su mente codicia mujer ajena ya adultera.
Jesús presenta algo revolucionario, porque no es el cumplimiento de todos los mandamientos, sino que en los detalles que se viven en secreto, cualquiera que falla en una tilde incumple toda la ley, siendo un criminal, un mentiroso, un idólatra, un adúltero, etc. Además presenta una enseñanza de restitución nueva, porque aquellos que viven el perdón de Dios, no importa lo que hubiesen hecho, son restituidos para ser líderes en el reino (pensemos en el Saulo de tarso convertido en Pablo, era un criminal, aunque con cartas de justificación para ello).
No es suficiente decir «no hagas…» o decir «haz tal cosa…», –aunque lo hagamos de forma imperativa–, tenemos que explicarnos, hablar de las implicaciones, de lo que ello significa, y parte de esto es la formación, la «didaché» que la iglesia tiene que implementar.
Autor: Juan Manuel Quero
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