(BERLÍN, 24/02/2010) Margot Kaessmann, presidenta del Consejo de la Iglesia Evangélica de Alemania (EKD), iglesia mayoritaria en este país con 25 millones de feligreses, ha dimitido de sus cargos tras ser detenida el pasado sábado en Hannover, al saltarse un semáforo en rojo cuando conducía en estado de embriaguez. "Cometí un grave error, que lamento, y dañé con ello mi puesto y la autoridad inherente a éste", ha dicho en una declaración pública en Hannover. Kaessmann, de 51 años, fue nombrada en octubre pasado para un mandato de seis años. Pero el pasado sábado fue interceptada por la policía tras saltarse el semáforo en rojo y los agentes le hicieron soplar en un aparato de control de alcoholemia que reveló una tasa de 1,54 miligramos de alcohol en sangre, lo que triplica lo autorizado en Alemania. Según explicó la Fiscalía de Hannover el nivel de alcoholemia de Kaessmann, en el caso de una mujer de su complexión física -menuda- equivale a que se habría bebido más de una botella de vino o varias cervezas. Este martes, tras una reunión de urgencia, el Consejo de la Iglesia Evangélica expresó su apoyo a Kaessmann en un comunicado, fuera cual fuera su decisión, pero apenas 24 hs después, Kessmann convocó una rueda de prensa en la que anunciaba su dimisión: "Por encima del puesto, para mí es importante preservar el respeto y la estima hacia mí misma, por lo que dimito de todos mis cargos eclesiásticos", manifestó. Nada más hacerse pública su infracción, la religiosa reconoció los hechos y mostró su arrepentimiento. "Estoy en estado de shock por haber cometido tan terrible error", señaló. "Soy consciente de lo peligroso e irresponsable que es beber y conducir, y estoy preparada para asumir las consecuencias legales de ello", añadió. Envuelta en la polémica La elección de Kaessmann como jefa de la Iglesia Luterana Alemana no había estado exenta de polémica. Divorciada y madre de cuatro hijas, irritó a la clase política y se granjeó las simpatías de la mayoría de sus conciudadanos con su posición crítica respecto a la participación militar de Alemania en el conflicto de Afganistán. Su dimisión era vista como ineludible, no por el hecho de haber tomado alcohol, sino por haber conducido ebria, lo que en Alemania es un delito que puede implicar la retirada del carné de conducir durante un año y una multa equivalente al sueldo de un mes. Noticias relacionadas EL PAÍS | EFE | Noticias FEREDE
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