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(BERLÍN, 30/07/2025) Un hombre afgano, convertido al cristianismo, fue detenido el pasado lunes en Berlín por agentes de paisano a las puertas de la Trinity Evangelical Lutheran Church, en el barrio de Steglitz.
Según el pastor Gottfried Martens, el refugiado se asomó simplemente unos pasos al exterior de la iglesia —donde se encontraba acogido bajo asilo eclesiástico— y fue arrestado al instante. Martens advirtió de que si el hombre es deportado a Afganistán enfrenta “peligro inmediato para su vida y su integridad física”.
La congregación forma parte de la Selbständige Evangelisch‑Lutherische Kirche (Iglesia Evangélica Luterana Independiente) y desde 2011 ha acogido a cientos de refugiados de habla farsi y dari, muchos de los cuales se han convertido al cristianismo. La iglesia defiende que estos conversos quedan expuestos a graves riesgos en su país de origen y que, por lo tangto, deben ser protegidos de una deportación potencialmente letal.
Origen del «asilo eclesiástico» y su crisis actual
El llamado Kirchenasyl o asilo eclesiástico no tiene respaldo legal formal, pero ha sido tolerado durante décadas por las autoridades alemanas como expresión de valores cristianos y humanitarios. En 2024, alrededor de 2.386 personas solicitaron asilo dentro de iglesias en Alemania; en algunos lugares esa demanda ha crecido incluso cuatro veces respecto a años anteriores.
No obstante, las tensiones con las políticas migratorias actuales están llevando a una ruptura de esa práctica tradicional. El pasado 15 de julio, el alcalde de Hamburgo, Peter Tschentscher (SPD), envió una carta a su homólogo en Berlín, Kai Wegner (CDU), en la que acusaba a Berlín de un “uso sistemático del asilo eclesiástico” y exigía la detención de cuatro refugiados afganos que se encuentran bajo protección eclesial, así como su traslado a Hamburgo y luego a Suecia, país donde ingresaron originalmente a Europa.
Línea dura de la nueva política migratoria alemana
La detención se produce en un contexto de endurecimiento migratorio impulsado por el nuevo gobierno federal liderado por el canciller Friedrich Merz (CDU). El 18 de julio Alemania deportó 81 ciudadanos afganos rechazados en sus solicitudes de asilo, en el segundo vuelo de repatriación desde la instauración del nuevo gobierno, en cooperación con Catar. El ministro del Interior Alexander Dobrindt (CSU) teje alianzas con otros países de la UE para avanzar en normas que permitan procedimientos acelerados de expulsión o creación de «centros de retorno externos».
Además, Dobrindt ha expresado su intención de negociar acuerdos directos con el régimen talibán para facilitar repatriaciones desde Alemania, con el objetivo de evitar a los intermediarios actuales como Catar y, de ese modo, responder eficazmente a las exigencias del partido de ultraderecha Alternativa para Alemania (AfD).
Un choque entre tradición humanitaria y presión política
La detención de este refugiado afgano convertido al cristianismo evidencia el choque entre la tradición del asilo eclesiástico —una práctica basada en principios éticos y religiosos más que en bases legales sólidas— y el giro político actual hacia una migración mucho más restrictiva. Las iglesias defienden su papel como refugio humanitario y plataforma de denuncia ante posibles deportaciones fatales, mientras el gobierno busca demostrar mano dura en el control migratorio y enviar un mensaje disuasorio a potenciales migrantes o solicitantes de asilo.
Con el contexto de repatriaciones recientes y la creciente presión política sobre el asilo en territorio eclesial, este incidente podría marcar un punto de inflexión en cómo Alemania gestiona la protección de refugiados convertidos que huyen de persecución en países como Afganistán. A medida que los debates se intensifican entre autoridades municipales, regionales y estatales, el caso plantea interrogantes sobre los límites del poder estatal en santuarios religiosos y el futuro del asilo eclesiástico en el país.
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