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DESDE EL MONTGÓ / por Jorge Pastor-Mut

Cuando el verano se convierte en eternidad

«Los campamentos en este centro aquí en Dénia, no son simples actividades estivales. Son vivencias intensas donde el ser humano —en especial los más jóvenes— puede reencontrarse con lo esencial»

Vista del Centro Alfa & Omega, a los pies del Montgó

(JORGE J. PASTOR-MUT, 17/07/2025) A los pies del Montgó, en Dénia, se encuentra el Centro Alfa & Omega. Este lugar, que hoy respira libertad y alegría, nació en tiempos de represión, cuando la expresión de la fe evangélica debía vivirse casi en secreto.

Fue entonces, durante la dictadura, cuando este espacio abrió sus puertas de forma clandestina, con el propósito de acoger a quienes buscaban. Así comenzaron los primeros encuentros de campamentos cristianos con niños, jóvenes, mujeres y líderes comprometidos con una visión esperanzadora del Evangelio.

Hoy, más de sesenta años después, el centro sigue siendo un refugio de vida y renovación. Cada verano, sus instalaciones se llenan de voces, risas y momentos que trascienden lo inmediato. Aunque muchas cosas han cambiado —nuevas generaciones, nuevos idiomas, nuevas dinámicas— el propósito permanece: ofrecer un lugar seguro donde el corazón pueda detenerse, escuchar y ser transformado en medio de la belleza de su entorno; detrás el Montgó, al lado el Huerto de Oración y delante el Mediterráneo.

Los campamentos en este centro aquí en Dénia, no son simples actividades estivales. Son vivencias intensas donde el ser humano —en especial los más jóvenes— puede reencontrarse con lo esencial. A través de juegos, talleres, caminatas por la naturaleza, momentos de reflexión y convivencia, se siembran valores que perduran: la amistad verdadera, el servicio desinteresado, la fe sencilla, la esperanza activa. Todo un espacio de OASIS.

Este verano, como ya es tradición, se contó con la colaboración de voluntarios provenientes de otros países. Jóvenes y adultos que, dejando su rutina atrás, llegaron con un propósito claro: servir. Su presencia no solo trae dinamismo, sino también un mensaje silencioso pero poderoso: no hay fronteras cuando el amor se expresa con hechos. Para muchos niños, compartir con personas de otras culturas es una ventana al mundo. Para los voluntarios, una oportunidad de vivir la fe desde lo concreto, en comunidad, en lo cotidiano.

Pero lo más profundo de estos encuentros no siempre se capta a simple vista. Sucede en momentos pequeños, casi imperceptibles. En una conversación espontánea tras una clase, en la mirada de un joven al hablar de lo que ha sentido, en la emoción de una canción compartida al anochecer. En una de esas conversaciones, un participante expresó su deseo de conocer más a ese Dios del que tanto había oído hablar durante los días de campamento. “Siento que Él me quiere mucho”, dijo. “Y me gustaría conocerlo”.

Palabras como esas no necesitan adornos. En su sencillez, contienen una profundidad que toca a quienes las escuchan. Son reflejo de una búsqueda genuina, de una experiencia que no es impuesta, sino descubierta.

La vivencia de estos días no es un evento aislado; es una siembra desde hace décadas. Una que tal vez no dé fruto inmediato, pero que prepara el terreno para un crecimiento silencioso y profundo para enfrentar la vida. Como afirmó C.S. Lewis: “El trabajo de Dios en el alma humana suele ser secreto y lento, pero jamás inútil.” A través de estas experiencias Dios sigue hablando, sigue tocando seres, sigue construyendo caminos.

A quienes hacen posible esta obra — consejeros , voluntarios, cocineros, conductores, traductores, familias anfitrionas y dirección — les corresponde un mérito que va más allá de la organización: son artesanos de lo eterno. Con cada gesto, con cada tarea realizada con amor, contribuyen a que estos campamentos sean más que un recuerdo de verano. Se convierten en una huella imborrable en la vida de los que viven la experiencia.

Porque lo que aquí en Dénia se vive no termina cuando llega septiembre o diciembre. En cada corazón tocado, en cada niño que vuelve a casa con nuevas preguntas, en cada joven que descubre un propósito, en cada adulto que se renueva, el verano se convierte en algo más: se convierte en eternidad.

Autor: Jorge J. Pastor-Mut. Dénia, 17 de julio de 2025. El autor es pastor evangélico bautista. (Ver biografía de Jorge J. Pastor-Mut)

Jorge J. Pastor-Mut

© 2025- Nota de Redacción: Las opiniones de los autores son estríctamente personales y no representan necesariamente la opinión o la línea editorial de Actualidad Evangélica.

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DESDE EL MONTGÓ / por Jorge Pastor-Mut

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