Los fulani que se convierten al cristianismo sufren discriminación extrema y violencia mortal dentro de su propia comunidad, según denuncia la organización International Christian Concern. Sin embargo, el rechazo no termina ahí: muchos también encuentran desconfianza y aislamiento en entornos cristianos que desconocen su trasfondo cultural.
Los fulani han sido tradicionalmente un pueblo nómada africano. Aunque existen factores como la prosperidad económica y el deseo de acaparar tierras, las principales agresiones provienen de grupos terroristas que atacan estratégicamente a las comunidades cristianas, a los principales líderes cristianos y a las iglesias.
La histórica rivalidad entre los musulmanes y cristianos fulani ha generado un clima de sospecha mutua. En ese escenario, los conversos quedan atrapados entre la lealtad a su pueblo y la fidelidad a su nueva fe. De los aproximadamente 17 millones de fulani que viven en Nigeria, el 99% profesa el islam y menos del 1% se identifica como cristiano.
En el contexto de invisibilidad y riesgo, algunas voces han comenzado a relatar su experiencia públicamente. En Christianity Today, Jibrin Abubakar, plantador de iglesias vinculado a Calvary Ministries (CAPRO), comparte su propio testimonio. A sus 49 años, mantiene contacto constante con creyentes fulani dispersos por el país y conoce de primera mano el coste que implica apartarse del islam dentro de su comunidad.
Así, Abubakar relata como creció en una familia musulmana en Daura, en el estado de Katsina, al noroeste de Nigeria. Como la mayoría de su etnia, procedía de un hogar dedicado a la agricultura y a la ganadería. No obstante, su padre decidió matricularlo en una escuela islámica. Durante esta etapa, y según relata, los maestros le enseñaron a recitar todo el Corán y a odiar a los cristianos.
“Nos enseñaban que era incorrecto estrecharles la mano o compartir sus alimentos. Nos decían que eran impuros y que relacionarnos con ellos era una abominación”, asegura en declaraciones ofrecidas a Christianity Today.
Una voz al amanecer
En la primavera del año 2000, durante un viaje de negocios a Jalingo (estado de Taraba, en Nigeria), su vida dio un giro inesperado. Una mañana fue despertado por un hombre que predicaba a través de un megáfono. Aunque se molestó en un primer momento debido a la irrupción, terminó escuchando con atención sus palabras.

Aquel predicador era Daniel Dangombe, entonces pastor de la Iglesia Metodista Unida en Nigeria, quien proclamaba que Jesús era el único hombre sin pecado que había caminado sobre la tierra. “Cada mañana de mi viaje de negocios me despertaba para oírle. De esa predicación nació mi conversión”, recuerda Abubakar.
En su ciudad natal no había cristianos. Solo tras escuchar aquellas prédicas y dialogar con dos evangelistas que hablaban su lengua materna comenzó a comprender el mensaje cristiano. Dos años más tarde, tras resolver sus dudas, decidió convertirse.
El precio de creer
Su conversión no fue anunciada públicamente. Compartió su fe con su esposa, que también abrazó el cristianismo, pero guardó silencio ante los demás. A pesar de ello, sus actos lo delataron: dejó de acudir a las oraciones islámicas, abandonó la recitación del Corán y comenzó a asistir a la Iglesia Evangélica Ganadores de Todos (ECWA), integrada en su mayoría por comerciantes no fulani.
Su transformación fue integral y afectó positivamente a todas las áreas de su vida. Decidió renunciar a tendencias anteriores, como ser mujeriego o buscar venganza cuando le menospreciaban. Sin embargo, su conversión tuvo consecuencias devastadoras. Sus suegros exigieron su regreso al islam. Ante su negativa, se llevaron a su esposa y a sus tres hijas.
La mayor fue entregada en matrimonio a los 12 años como segunda esposa de un musulmán y falleció a los 16 durante el parto. Aunque años después logró recuperar a sus dos hijas menores, asegura que nunca volvió a ver a su esposa.
“La comunidad terminó arrebatándome todo: mi mujer, mis hijas, mi casa, mis vacas. Todo”, declara Abubaker a Christianity Today.
Perseguido por apóstata
En 2008, un domingo que acudía a la iglesia, fue llevado y encerrado por el Izala en una celda policial durante cinco días. El sistema legal no protegió a Abubakar, por el contrario, el Izala lo llevó ante el presidente del área de gobierno local de Mai’Adua. En este contexto, el jefe del pueblo de Daura, el padre de Abubakar, y otros dos hombres le pidieron que renunciara a su fe. A pesar de ello, él se negó y, en su lugar, les predicó el evangelio.
El Izala (Jama’atu Izalatil Bid’ah Wa Iqamatus Sunnah o JIBWIS) es un importante movimiento reformista salafista suní cuyo objetivo principal es combatir las prácticas sufíes consideradas innovaciones (bid’ah). Es una de las organizaciones islámicas más grandes en el norte de Nigeria, Ghana, Chad, Níger y Camerún.

Posteriormente, llevaron a Abubakar a un tribunal de la sharía donde el juez le dio tres días para reconsiderar su posicionamiento. Tras mantener su postura, la familia y comunidad de Abubakar le calificaron de apóstata, fue atacado y amenazado de muerte y tuvo que huir a Jalingo con la ayuda de miembros de la iglesia ECWA, donde permaneció con uno de los hermanos durante siete años.
Violencia en aumento
Olu Sunday, presidente de Royal Missionary Outreach International, ha advertido que la débil respuesta gubernamental y la creciente radicalización han intensificado la espiral de violencia. Además, Sunday ha alertado que los misioneros son los pocos dispuestos a arriesgarse a construir relaciones con los fulani, y quienes todavía “tienen puertas abiertas en los corazones y comunidades de los fulani».
El estilo de vida nómada del pueblo fulani, no obstante, dificulta la evangelización y el discipulado, tal y como ha señalado Sunday: “A veces alguien se convierte y al poco tiempo está a miles de kilómetros. El seguimiento es extremadamente complejo”.
Plantar esperanza
Hoy, Abubakar impulsa nuevas iglesias con CAPRO y ofrece apoyo práctico a los pastores fulani mediante una clínica veterinaria donde atiende al ganado enfermo. Las conversaciones sobre cómo conciliar identidad étnica fulani y fe cristiana surgen de manera natural y “a partir de ahí comienza la relación”, afirma Abubakar, quien detalla que su forma de compartir el evangelio es completamente personalizada (uno a uno) cuando las circunstancias se lo permiten.
Cada domingo se reúne con otros 12 fulani y hausa, otra tribu que es mayoritariamente musulmana, en Kishi, donde han creado una nueva comunidad y están plantando otra iglesia tras enfrentarse al aislamiento y al rechazo. Abubakar denuncia que, tras perderlo todo para seguir a Jesús, muchos conversos fulani se sienten tentados a regresar con sus familias y al islam para sobrevivir. Muchos conversos, reconoce, se sienten tentados a regresar al islam para sobrevivir. “Lo peor sería que volvieran. Pero a veces parece la única salida”, lamenta.
Terror y estrategia
Según los últimos datos ofrecidos por el Observatorio para la Libertad Religiosa en África, los militantes fulani armados son responsables del 55% de los asesinatos de cristianos, seguidos por “otros grupos terroristas” (29 %). Boko Haram fue responsable del 6% y Estado Islámico de África Occidental (ISWAP) del 2%.
En noviembre de 2025, la Administración Trump incluyó al país en la lista de Países de Particular Preocupación y, un mes después, en diciembre, se produjeron ataques contra grupos yihadistas en el noroeste de Nigeria. Para el líder fulani, estos pasos en el ámbito político y de seguridad son necesarios, pero, junto a las denuncias diplomáticas y las medidas institucionales, insiste en que también es imprescindible una respuesta decidida desde las iglesias.
Al compartir su testimonio, hace un llamamiento directo a las comunidades cristianas para que abran sus puertas a los conversos expulsados, los acompañen en su discipulado y les ofrezcan apoyo material y espiritual. Porque, subraya, detrás de cada informe internacional hay personas concretas que lo han perdido todo por su fe y necesitan algo más que reconocimiento: necesitan una familia que las reciba.


