Josué siempre me ha parecido un tipo valiente. Desde la primera vez, al regresar con la misión de los doce espías enviados por Moisés para observar la tierra prometida, a como enfrenta la batalla de Jericó.
Un líder que fue capaz de dirigir a un pueblo indisciplinado, un líder que manejó las situaciones complicadas de una manera ejemplar.
Todas y cada un de las situaciones que Josué vivió quedan enmarcadas en una promesa “esfuérzate y se valiente, no temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios estará contigo…” (Josué 1:8 y9); y un desafío: “Decidid hoy a quien sirváis, pero yo y mi casa serviremos al Señor” (Josué 24:24).
Todas y cada una de las cosas que podemos decir acerca de este hombre vienen dadas por una cuestión básica: Josué conocía muy bien al Dios en el que creía. Por eso fue capaz de ver la tierra prometida y la promesa de Dios mucho más grandes que los “gigantes”; por eso respondió al desafío del Señor cuando le demando valentía y esfuerzo; por eso rodeó Jericó, a pesar de tener soldados suficientes para arrasar la ciudad.
Josué conocía a Dios, un conocimiento basado en la relación personal, en la fe, en la devoción, en el compromiso… Conocía a Dios y confiaba en El sin condiciones, sin límites, sin arrogancia, sin tomar decisiones que no tuvieran en cuenta al Dios Altísimo.
Así quiero conocer a Dios, y no ver gigantes más grandes que Sus promesas, que su misericordia, fidelidad y amor.
Que Dios te bendiga.
Autor: Juan Triviño
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