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"ITINERARIO HEBREO DEL POLITEÍSMO AL MONOTEÍSMO" (PARTE II)

Abraham. La promesa

Segunda entrega de esta serie del Dr. Máximo García que se inscribe en la línea de investigación que el autor ha desarrollado en obras anteriores y propone un recorrido por los principales temas de la Biblia y de la teología cristiana

Foto de Natalia Y. en Unsplash

(Máximo García Ruiz, 21/10/2025) | En un momento determinado de su vida, cuando ya tiene formada su familia, Abram, junto a su esposa Sara, su sobrino Lot, su padre Taré (Tenal, Tenah,Teraj, grafías diferentes para referirse al padre de Abram), los integrantes de su clan y los animales que formaban, en su conjunto, su y su patrimonio familiar se ponen en marcha y se desplazan a otras tierras, en busca de nuevas oportunidades o, dicho con otras palabras, en busca de su destino. Un clásico e histórico ejemplo de emigración.

Hay dos formas de aproximación al texto bíblico que narra tanto las motivaciones como el propio viaje del clan abrahámico. Una, desde la fe radical, asumiendo la literalidad narrativa del libro de Génesis en todos sus términos y, otra, deduciendo que, al haber sido elaborado el texto bíblico en su conjunto, probablemente en el entorno del siglo VI a.C., según nos indican los investigadores más conspicuos, incluyendo en el texto narrativo original, procedente de una transmisión básicamente oral, contenidos procedentes de una evolución ideológica posterior a la fecha de la narrativa, dando como resultado el formato en el que ha llegado a nosotros.

En el caso de que nuestra aproximación al texto bíblico fuera atribuida literalmente a Moisés, y se llevara a cabo asumiendo que todo él, palabra a palabra, al margen de que se trate de un texto traducido de otras lenguas y de que concurran otra serie de consideraciones hermenéuticas propias de la crítica literaria, tendríamos que dar paso a una interpretación literal (únicamente en ese caso), dando a cada palabra, a cada perícopa y al texto en general, una interpretación literal, sin entrar en otro tipo de consideraciones, ni en posibles contradicciones y anacronismos ajenos al mensaje que pudiera encerrar el texto, lo cual no permitiría ninguna opción alternativa a lo que se dice en el texto en su sentido literal.

Por consiguiente, al optar por una lectura literal, en su caso, si el libro de Génesis dice “Jehová había dicho a Abram: vete de tu tierra y de tu parentela… (Génesis 12:1) no cabría otra disyuntiva que entender entre ambos una relación personal, directa; relación de un Dios que habla coloquialmente con Abram de quien, además, se afirmará más adelante que se trataba de un amigo de Dios (cfr. Santiago 2:23, 2Cró. 20:7, Isa. 41:8). Y este mismo criterio sería aplicado al resto del texto bíblico, sin más contrastes y averiguaciones, un camino que está fuera de nuestra intención seguir, por respeto a nuestros lectores.

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Un detalle vinculado al tema que nos ocupa tiene que ver con el nombre asignado a Dios (“Yahvé había dicho a Abram”). El nombre Yahvé no figuraba en la cultura mesopotámica en la que se mueve y procede Abram, ni aún siquiera en la egipcia; es propia de la cultura cananea, de donde es apropiada por los hebreos, lo cual nos sugiere, como veremos más adelante, que el texto del libro de Génesis sería elaborado, procedente de transmisiones orales anteriores y cuatro fuentes escritas a las que ya hemos hecho referencia, en época muy posterior y en lengua diferente, lo cual nos hace sospechar que en el autor o autores del texto de Génesis prevalecería el propósito de salvaguardar el contenido y propósito del mensaje con preferencia a su literalidad.

Es preciso encontrar algún tipo de respuesta a ciertas incógnitas planteadas, a fin de poder asignar un sentido racionalmente aceptable a la salida de Ur y su viaje con destino a Canaán (actualmente la suma de Israel, Palestina, Jordania, Siria y Líbano), una tierra desconocida para ellos, así como al hecho de hacerlo desde el ímpetu que muestra una familia económica y socialmente potente que, al parecer, no necesitaba buscarse la vida fuera de su propia tierra, como puede deducirse del considerable volumen de sus rebaños, tal y como se infiere, por otra parte, del texto recibido.

Necesitamos encontrar respuesta a las siguientes preguntas: ¿Cuándo y cómo vive Abram la experiencia monoteísta, si es que la vive realmente, abandonando en su caso las prácticas politeístas de sus antepasados? ¿Cuál fue la motivación que impulsó en Abram el deseo para migrar de la próspera Mesopotamia a una tierra con recursos no conocidos y con previsibles dificultades de asentamiento al tratarse de una tierra ya poblada por otras tribus? Debemos admitir que no va a resultarnos sencillo, ni tal vez posible, dar respuesta a esas preguntas, a no ser acudiendo a ciertas conjeturas.

En Génesis tenemos el resultado de la interpretación que hacen los historiadores que redactan el libro y el apunte de la experiencia personal, por una parte y también colectiva, por otra, que se ha ido acumulando con el paso del tiempo. Una experiencia de carácter trascendente, que se da por supuesta, vivida por los descendientes del clan abrahámico. Pero nos falta el relato total para completar la experiencia vivida por el patriarca, que daría origen al pueblo hebreo.           

Se habla de la fe de Abram, pero no sabemos nada de la experiencia que le impulsa y produce el cambio, salvo el relato muy posterior en el tiempo, en el que se afirma que es el mismo Dios el que le impulsa, sin más explicaciones, a salir de su tierra, equivalente a esa expresión frecuente en muchos cristianos hoy en día, cuando afirman, desde la fe personal, “Dios me ha dicho”.

Desafortunadamente, ni la Biblia, ni las Cartas de Mari ni las Tablas de Ebla[1], ni otros documentos semejantes, hacen referencia a este hecho, aun aportando detalles importantes sobre la religión en Mesopotamia en la época de Taré, datos que podrían aclarar la experiencia de Abram; una experiencia que le llevaría a optar por el monoteísmo a partir del politeísmo, algo en la realidad improbable, aunque alguna aproximación al monoteísmo pudiera existir. Tampoco los amorreos en su globalidad, un pueblo de etnia semítica que habitaba el sur de Mesopotamia, aportan luz al tema, ya que hacen referencia, igualmente, a las prácticas politeístas del padre de Abram y de sus antepasados.

No obstante, aportamos un dato que pudiera responder, en parte, a la incógnita que supone el cambio producido en Abram, es decir, su hipotética mutación, no confirmada, del politeísmo al monoteísmo[2] : “En los textos de Ras Samra[3] aparece un dios lunar llamado Terah, que coincide con el nombre del padre de Abram y que ha sido interpretado por algunos exégetas en conexión con la existencia de una posible práctica monoteísta, probablemente muy minoritaria en la zona mesopotámica. La coincidencia del nombre del dios Terah con el nombre del padre de Abram podría deberse a que el clan era seguidor de una práctica religiosa preferente, encarnada en Terah y el relato bíblico al mencionar a Taré, grafía del nombre equivalente, está haciendo una alusión a que su dios forma parte de la expedición en sentido espiritual, por fe. Algo así como decir: Dios viajaba con Abram. En cualquier caso, no existe base histórica para aceptar esa hipótesis en lo que a una posible práctica monoteísta de Taré y su descendencia se refiere.

En definitiva, el hipotético viaje de fe de Abram desde el politeísmo al monoteísmo no resulta en una práctica monoteísta permanente, ni para él ni para sus descendientes. No disponemos de datos suficientes para poder darle carta de naturaleza al hecho de que Abram, al salir de Mesopotamia, fuera seguidor de una práctica religiosa monoteísta ya madura, sino todo lo contrario, aunque quepa la sospecha de que ya habría comenzado a vivir en algún sentido, la experiencia monoteísta, en el sentido de dar a un determinado dios un lugar preferente.

En todo caso, cabe señalar que, muy posteriormente, en el libro de Josué 24:2, se revela que Taré, el padre de Abram, y sus hijos “…servían a dioses extraños”. Lo habitual era tener un dios familiar cuya adoración se compartiría con algún otro dios relevante, como podía ser, en el caso de la familia de Abram; el dios principal podría ser el dios lunar Sin, a quien podrían añadirse otros dioses menores.        

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El tema en torno a si el patriarcado israelita es o no un hecho histórico es motivo de debate en los ámbitos teológico: ¿Son figuras históricas los patriarcas hebreos, o se trata de proyecciones de un ambiente religioso-cultural de exaltación patriótico-religiosa en la que se hacía necesario reivindicar la historicidad de los hebreos como pueblo escogido y especialmente protegido por Dios?

Los defensores de la tesis que acabamos de esbozar mantienen que la historia de los patriarcas y una buena parte de la Torá. se elabora en el siglo X a.C. en tiempos de la monarquía israelita, la época más brillante de la historia de Israel, mostrando de esta forma una acción reivindicativa de la supuesta dilatada historicidad de un pueblo al que las naciones con las que disputa territorio niegan legitimidad histórica.

Sin necesidad de decantarnos por esta corriente teológica ni formular ningún tipo de descalificaciones sobre ella, dejamos constancia de esta teoría que pone de manifiesto que, efectivamente, que nos movemos en un contexto histórico en el que, salvo las propias y escasas aportaciones de la Biblia, no se dispone de información científica clarificadora.

*** Notas:

[1] Se trata de documentos datados aproximadamente entre los años 2.200 y 1.400 a.C., que contienen los nombres de algunos profetas mencionados en las Sagradas Escrituras.

[2] Nos servimos de la explicación que nos brindan Alberto Colunga y Maximiliano García Cordero, , (Biblia Comentada, (BAC-1962), Tomo I, p.165.

[3] Antigua Ugarit fue una antigua ciudad portuaria, situada en la costa mediterránea al norte de Siria.

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(Próxima entrega: III – Entre Egipto y Canaán)

Autor: Máximo García Ruiz. Octubre 2025 / Edición: Actualidad Evangélica

© 2025- Nota de Redacción: Las opiniones de los autores son estríctamente personales y no representan necesariamente la opinión o la línea editorial de Actualidad Evangélica.

20120929-1*MÁXIMO GARCÍA RUIZ nacido en Madrid, es licenciado en Teología por la Universidad Bíblica Latinoamericana, licenciado en Sociología por la Universidad Pontificia de Salamanca y doctor en Teología por esa misma universidad. Profesor de Historia de las Religiones, Sociología e Historia de los Bautistas en la Facultad de Teología de la Unión Evangélica Bautista de España-UEBE (actualmente profesor emérito), en Alcobendas, Madrid y profesor invitado en otras instituciones. Pertenece a la Asociación de Teólogos Juan XXIII. Ha publicado numerosos artículos y estudios de investigación en diferentes revistas, diccionarios y anales universitarios y es autor de 31 libros y de otros 14 en colaboración, algunos de ellos en calidad de editor.

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OPINIÓN / por MÁXIMO GARCÍA RUIZ

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