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El Vaticano denuncia ante la ONU que casi 400 millones de cristianos sufren persecución en el mundo

Consejo de Derechos Humanos de la ONU. Ginebra

En un encuentro internacional sobre libertad religiosa, expertos y diplomáticos señalaron ataques, procesos judiciales y restricciones a la expresión pública de la fe.

En el marco del Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas en Ginebra, representantes del Vaticano han afirmado que los cristianos continúan siendo la comunidad religiosa más perseguida del planeta. Según datos presentados durante un evento internacional dedicado a la libertad religiosa, cerca de 400 millones de creyentes cristianos enfrentan persecución o violencia por causa de su fe, lo que equivale aproximadamente a uno de cada siete cristianos en el mundo.

Las declaraciones fueron realizadas por el arzobispo Ettore Balestrero, observador permanente del Vaticano ante la ONU en Ginebra, durante un encuentro titulado “Apoyando a los cristianos perseguidos: defendiendo la fe y los valores cristianos”. La reunión, celebrada el 3 de marzo, reunió a diplomáticos, expertos en derechos humanos y representantes de organizaciones civiles con el objetivo de analizar la situación de los creyentes cristianos en distintos países.

Según lo expuesto por el diplomático del Vaticano, casi 5.000 cristianos fueron asesinados por su fe en 2025, lo que representa un promedio de 13 muertes al día. En su intervención, Balestrero citó palabras del papa León XIV para señalar que, en muchos contextos actuales, la libertad religiosa parece tratarse más como un privilegio concedido que como un derecho humano fundamental.

Datos y advertencias presentados en el encuentro

El evento, organizado en el marco de la 61ª sesión del Consejo de Derechos Humanos, fue descrito por el Observatorio sobre la Intolerancia y la Discriminación contra los Cristianos en Europa (OIDAC) como la primera vez que un acto paralelo patrocinado por un Estado en ese foro se centró específicamente en la persecución contra los cristianos.

Durante el encuentro participaron también especialistas y representantes internacionales que expusieron diferentes datos sobre violencia y discriminación religiosa. Entre ellos estuvieron la directora ejecutiva del OIDAC, Anja Tang; la relatora especial de la ONU sobre libertad de religión o creencias, Nazila Ghanea; y diplomáticos de distintos países.

Los informes citados durante el evento señalaron que en 2024 se registraron más de 760 delitos de odio contra cristianos en Europa, incluidos ataques físicos, vandalismo contra iglesias y profanaciones de cementerios. Además, otras estadísticas presentadas por el observatorio documentaron más de 2.200 incidentes que afectaron a cristianos en el continente ese mismo año.

Presión social y legal contra la expresión de la fe

Además de la violencia directa, algunos participantes del encuentro advirtieron sobre formas más sutiles de presión contra los cristianos, especialmente en países occidentales.

Según lo expuesto durante el debate, existen casos en los que creyentes han enfrentado procedimientos judiciales por expresar públicamente convicciones religiosas, citar la Biblia en debates sociales o realizar actos de fe en espacios públicos, como orar cerca de centros de aborto.

La directora del OIDAC señaló que su organización ha documentado un número creciente de procesos legales contra personas por expresar pacíficamente sus creencias cristianas, lo que, según los participantes del evento, plantea interrogantes sobre el equilibrio entre libertad de expresión, libertad religiosa y nuevas normativas sociales.

Entre los ejemplos mencionados durante el encuentro se incluyeron casos judiciales en Europa relacionados con declaraciones públicas de políticos o ciudadanos sobre temas morales desde una perspectiva bíblica.

El llamado del Vaticano a los gobiernos

En su intervención oficial, el representante del Vaticano insistió en que los Estados tienen la responsabilidad fundamental de proteger la libertad religiosa. Según explicó, los gobiernos deben no solo respetar este derecho, sino también prevenir ataques, proteger a los creyentes y garantizar que los responsables de actos de persecución rindan cuentas.

Balestrero lamentó que la impunidad siga siendo uno de los principales problemas en el panorama global de la persecución religiosa, lo que dificulta frenar la violencia contra comunidades creyentes.

El diplomático también advirtió que la persecución no siempre adopta formas violentas. En ocasiones, dijo, se manifiesta como una “marginación progresiva” que puede excluir a los cristianos de la vida política, social o profesional, incluso en sociedades históricamente influenciadas por el cristianismo.

Debate sobre legislación y libertad de conciencia

Durante su discurso, el representante del Vaticano también mencionó debates legislativos en Europa que, según su planteamiento, podrían generar conflictos con instituciones religiosas. Como ejemplo citó un proyecto de ley sobre eutanasia en Francia que, de aprobarse en su forma actual, podría obligar a instituciones de inspiración cristiana a participar en esa práctica o enfrentar multas, penas de prisión o perder la financiación pública.

Según explicó, este tipo de situaciones abre un debate más amplio sobre la protección de la libertad de conciencia y la autonomía de las instituciones religiosas.

Una cuestión que preocupa a muchas comunidades cristianas

Aunque las declaraciones presentadas en el encuentro proceden del ámbito diplomático del Vaticano y de organizaciones internacionales, la cuestión de la persecución cristiana también es seguida de cerca por numerosas entidades evangélicas y ministerios que trabajan en defensa de los creyentes perseguidos.

Informes de organizaciones cristianas internacionales han señalado en los últimos años que millones de cristianos enfrentan hostilidad, discriminación o violencia en distintas regiones del mundo, especialmente en contextos de extremismo religioso, regímenes autoritarios o fuertes restricciones a la libertad de culto.

Para muchas comunidades cristianas, estas cifras recuerdan una realidad que atraviesa la historia de la Iglesia: la fe vivida con fidelidad en contextos adversos. Tal como subrayaron varios participantes en el encuentro, la defensa de la libertad religiosa y su aplicación práctica continúa siendo un desafío clave para la comunidad internacional en el siglo XXI.

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