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INICIATIVA RURAL

Agricultores y ganaderos suizos impulsan una iglesia interdenominacional adaptada al campo

La iniciativa ajusta los horarios y formatos de los cultos para que las familias rurales puedan congregarse sin abandonar el mandato bíblico de administrar la creación de Dios.

Antes de que muchas ciudades despierten, las granjas del este de Suiza ya están en pie. El ganado espera el alimento y los establos se llenan de actividad. En ese ritmo constante, marcado por la tierra, los animales y las estaciones, un grupo de agricultores decidió replantearse cómo vivir su fe sin dejar de atender las responsabilidades del campo.

Así nació la Puure-Church (o Iglesia de los Agricultores, en suizo-alemán), una iniciativa que desde 2019 reúne a familias del entorno rural en el valle del Rin de San Galo con el objetivo de formar una comunidad cristiana que se adapte al ritmo del campo en lugar de exigir al campo que se adapte a la iglesia.

Uno de los principales focos está puesto en un horario adaptado a sus labores. Mientras muchos cultos dominicales comienzan a primera hora de la mañana, esta comunidad se reúne a las 11:30. Para entonces, la mayoría de los agricultores ya ha terminado las tareas más urgentes en el establo.

Cuando las campanas de las iglesias suenan a las 9:30, muchos todavía estamos trabajando”, explica Ernst Leibundgut, agricultor de Altstätten y uno de los impulsores del proyecto. “Queríamos facilitar que los agricultores asistieran. Nos reunimos a las 11:30, un horario que permite a las familias agrícolas que participen después de completar las labores más urgentes del día. Además, hay actividades para los niños y compartimos comida después”.

El proyecto fue iniciado por Leibundgut y su esposa Corinna, junto con otras dos parejas de agricultores que lamentaban no poder participar con regularidad en la vida de iglesia puesto que sus horarios de trabajo difieren significativamente de las profesiones urbanas o de oficina. Para ellos, la cuestión no era falta de interés espiritual, sino la realidad de un oficio que exige presencia constante.

«Cuando eres agricultor, experimentas la vida de forma diferente«, afirmó Leibundgut. «Tienes un ritmo diario distinto, con otro entorno social y preocupaciones diversas. A excepción de los días de vacaciones, trabajas todo el año, a veces hasta 24 horas al día, 7 días a la semana, a menudo junto a tu cónyuge. Eso afecta a la dinámica familiar

Las reuniones se celebran cada tercer domingo y se congregan entre 40 y 80 participantes procedentes de diferentes regiones agrícolas cercanas, como el valle del Rin, Werdenberg, Toggenburg o Appenzell. Los encuentros se realizan en espacios comunitarios accesibles y cuentan con el apoyo de iglesias locales.

La congregación está dirigida por un equipo interdenominacional y reúne a creyentes de diversos trasfondos cristianos (reformados, católicos y miembros de iglesias libres) así como personas sin afiliación eclesiástica formal. Los organizadores describen la Puure-Church como un espacio abierto centrado en la fe, pero no limitado a estructuras denominacionales.

Durante los encuentros se combinan enseñanzas bíblicas, testimonios y conversaciones en grupo. En una reunión reciente, la educadora y pastora Barbara Beusch compartió una reflexión sobre la vida de Niklaus von Flüe, un agricultor suizo del siglo XV, esposo y padre de diez hijos, conocido por su profunda espiritualidad y vida de oración.

Tras la charla, los asistentes se reunieron alrededor de las mesas para dialogar sobre cómo integrar la fe en medio de las responsabilidades cotidianas. Para muchos de ellos, el vínculo entre fe y trabajo no es algo nuevo. De hecho, consideran que su vocación agrícola está profundamente conectada con el primer mandato que Dios dio al ser humano. En el libro de Génesis, la Escritura afirma:

Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra y sojuzgadla; y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra” (Génesis 1:28).

El justo cuida de la vida de su bestia” (Proverbios 12:10)

Para quienes trabajan cada día con la tierra, estos versículos tienen implicaciones muy concretas. Hablan de la responsabilidad de administrar la creación con sabiduría, cuidar la tierra y velar por los animales.

Desde esa perspectiva, la agricultura no es simplemente un oficio heredado o una actividad económica. Es también una forma de mayordomía, una tarea confiada por Dios. Leibundgut lo resume con una imagen que refleja bien esa convicción:
La bendición de Dios también se puede recibir con botas de goma mientras limpias el establo. La fe no depende de un edificio. La creación misma nos recuerda cada día quién es su Creador”.

Además de los encuentros mensuales, la Puure-Church organiza festivales agrícolas anuales que combinan música, convivencia y momentos de reflexión espiritual. También promueve otras actividades comunitarias destinadas a fortalecer las relaciones entre las familias del campo.

En un tiempo en el que muchas comunidades rurales europeas afrontan presiones económicas, cambios sociales y una creciente sensación de aislamiento, esta iglesia nacida entre granjas busca ofrecer algo sencillo, pero profundamente necesario: un lugar donde los agricultores puedan compartir su fe, apoyarse mutuamente y recordar que su trabajo forma parte del cuidado de la creación que Dios puso en manos del ser humano. Además, esta congregación suiza podría servir como modelo para el establecimiento de otras iglesias rurales con necesidades similares.

Porque, para quienes cultivan la tierra cada día, las palabras del Génesis siguen teniendo una resonancia muy concreta: trabajar la tierra, guardarla y administrarla fielmente como un don que procede de Dios.

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