(Juan Manuel Quero, 03/03/2026) | En las facultades y seminarios de teología, suele haber una asignatura llamada «Teología de la Evangelización». En esta área se estudia todo lo que la Biblia enseña sobre este asunto, y las diferentes líneas que siguen las iglesias en cuanto a la comprensión de lo que es evangelizar.
Sabemos que hay una revelación de Dios, que se llama natural. Esta se muestra por su propia creación, que nos habla del Creador. También nuestra conciencia nos puede mostrar algunas sensaciones respecto a nuestro comportamiento. Esto nos es presentado en diferentes pasajes bíblicos como en la Epístola a los Romanos: «14 Porque cuando los gentiles que no tienen ley, hacen por naturaleza lo que es de la ley, estos, aunque no tengan ley, son ley para sí mismos, 15 mostrando la obra de la ley escrita en sus corazones, dando testimonio su conciencia, y acusándoles o defendiéndoles sus razonamientos». (Romanos 2:14-15).
Las leyes naturales nos dan a conocer a Dios, pero no salvan. Incluso cuando la Biblia dice que algunos serán salvados como por fuego (1ª Corintios 3:15), esto no significa otras oportunidades o medios, sino que Cristo es también la base en esta explicación. Se quemarán las «malas edificaciones» que se intenten levantar con el nombre de Cristo, pues lo importante es estar en Él.

Siguiendo la reflexión sobre la importancia de tener «pasión por los perdidos», que se presenta en la primera parte del libro «Su Palabra: Salvación», se recuerda que hay que tener una convicción clara del estado de las personas que se pierden, así como de que solamente existe un solo camino para la salvación, que es Cristo, a quien tenemos que presentar. Aquí vamos a recordar otros aspectos que son muy relevantes para tener pasión por los perdidos.
Es fácil quedarse con los conceptos bíblicos sobre la situación de las personas que no tienen a Cristo, pero somos nosotros los llamados a ser portavoces de esta realidad. Esto se presenta como una tarea urgente. Jesús lo expresa así cuando los discípulos le animan a comer, en un día de intensa actividad. Pero Jesús muestra que su comida es hacer la voluntad del Padre. Ellos no entendían, igual que muchos creyentes. A veces, no se comprende la importancia de segar, de «recoger el fruto para Cristo».
En ocasiones podemos pasar más tiempo haciendo análisis de la necesidad de las personas y buscando estrategias y métodos para evangelizar, que en evangelizar en sí mismo, en ser instrumentos usados por el Señor para salvación. Cuando se dice que los «campos están blancos», se apunta a que es el tiempo de predicar y cosechar, porque Dios ha usado a otras personas a lo largo de la historia y en nuestros tiempos para sembrar su Palabra, y estamos en el tiempo de recoger; pero en ese sentido la recogida se hace también evangelizando, compartiendo el mensaje de salvación.
El crecimiento del pueblo de Dios ha desafiado normas sociales y de otra índole. En lugares donde se entendía más difícil el crecimiento del pueblo de Dios, se ha dado con gran fuerza. Pueblos pequeños y endurecidos por la falta de fe han abierto su corazón a Dios.
Jesús ve un problema y no es la dureza del corazón de las personas, sino la falta de obreros: «Entonces dijo a sus discípulos: A la verdad la mies es mucha, mas los obreros pocos.» (Mateo 9:37). El rápido crecimiento de las sectas y grupos religiosos que no presentan a Cristo como salvador es una muestra del enorme vacío espiritual que existe.
Muchas personas en nuestras propias iglesias no conocen lo que es ese mandamiento básico de todo cristiano que hemos llamado «La Gran Comisión» y que encontramos en el evangelio de Mateo: 19 Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; 20 enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén. (Mateo 28:19-20).
La Biblia es muy rotunda en esto, y Pablo lo expone también así: «¿Cómo creerán sin haber quién les predique?» (Romanos 10:14). ¿Para qué existe la iglesia? Esta es una pregunta que ha motivado la publicación de muchos libros sobre «iglecrecimiento». En una macro encuesta sobre este tema, se reveló que un porcentaje muy alto de la iglesia cree que esta existe para suplir las necesidades de sus miembros. Un porcentaje muy pequeño apuntaba que su propósito era alcanzar a los perdidos. En realidad la iglesia existe para Dios, cuando esto es así, se da la «Gran Comisión» en el sentido de «ID», «ENSEÑÁNDOLES», «BAUTIZÁNDOLES»[1].
El porcentaje de hermanos que tienen el don de evangelista en las iglesias suele ser pequeño, pero esto es algo que no se puede forzar, porque los dones los da el Espíritu Santo, por lo que si uno no tiene el don de evangelista, no tiene que sentirse mal. Sin embargo, la «Gran Comisión» incluye a todos: «[…] santificad a Dios el Señor en vuestros corazones, y estad siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros» (1ª Pedro 3:15).
La «Gran Comisión» en el libro de Los Hechos de los Apóstoles, nos da un matiz diferente: «[…] me seréis testigos en Jerusalén, en Judea, en Samaria y hasta lo último de la tierra» (Hecho 1:8). La Escritura nos dice que podremos realizar cosas mayores que las que Jesús hizo (Juan 14:12); pero esto parece dirigirse de forma especial a la predicación de la Palabra de Dios, la Biblia: «cuando hubieron orado, el lugar en que estaban congregados tembló; y todos fueron llenos del espíritu santo, y hablaban con denuedo la palabra de Dios» (Hechos 4:31).
Tenemos que ser constantemente llenos del Espíritu Santo, estando embriagados por Él, y no por el vino (Efesios 5:18). Evangelizar no requiere siempre tener el don de evangelista; requiere ser un creyente entregado al Señor e investido por el Espíritu Santo.
Dios es quien da el crecimiento, pero nosotros hemos de ponernos en sus manos para ello. Tenemos que sembrar, arar, regar, y Dios no falla con su calor de perdón y nueva vida para producir fruto; aunque finalmente cada persona tiene que tomar su propia decisión (Hechos 2:47).
La primera acción del creyente ha de ser la obediencia, con un grado de pertenencia clara. Los signos zodiacales, con el tema de los horóscopos, tienen tantos seguidores por su filosofía de pertenencia, pues se asocia al individuo por su cumpleaños. Cuando Jonás no quería ir a Nínive, era por falta de pertenencia. Cuando «el hijo pródigo» vuelve a casa, su hermano no lo acepta por lo mismo, por no verlo como su hermano (Lucas 15:30-32). Somos iglesia, y como hijos de Dios pertenecemos a los planes de Dios para este mundo, los cuales hemos de interiorizarlos en nuestras vidas.
Tenemos que creer que Dios tiene poder para cambiar a las personas. Algunas no querrán que se produzcan esos cambios, pero otras sí. Hoy los campos siguen estando blancos y listos para la siega, y se necesitan más obreros para la mies. El milagro de la salvación solamente es posible en Cristo cuando el Espíritu Santo nos convence de pecado, para experimentar el amor del Padre; pero nosotros tenemos las llaves de cielo para que esto se pueda producir, cuando predicamos el evangelio: «Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos.» (Mateo 16:19).
(Este es uno de los temas que se encuentran en el libro publicado recientemente, por Juan Manuel Quero: «Su Palabra: Salvación»)
[1] Christian A. Schwarz. Las 8 características básicas de una iglesia saludable: guía práctica para un iglecrecimiento natural. Terrassa (Barcelona): Editorial Clie, 1996, pp. 34-35.