En el marco del Día del Preso, que se conmemora con un enfoque en la dignidad humana y la justicia restaurativa, líderes y comunidades evangélicas han lanzado un claro llamado a la Iglesia cristiana: no solo proclamar el evangelio, sino vivirlo acompañando a quienes han estado privados de libertad, tanto dentro de las cárceles como después de su liberación.
Cifras globales muestran que alrededor de 12,1 millones de personas están actualmente encarceladas en más de 19.000 centros penitenciarios del mundo, con 18,9 millones de niños cuyos padres han estado o están en prisión, una generación que sufre consecuencias sociales profundas y duraderas.

Organizaciones cristianas especializadas como Prison Fellowship International, presente en más de 120 países, trabajan desde hace décadas en una misión de restauración integral: transformar vidas de prisioneros, apoyar a sus familias y fomentar la sanidad de comunidades enteras con el amor de Cristo.
De manera complementaria, Kairos Prison Ministry International impulsa programas que llevan la Palabra de Dios directamente a las prisiones y abren espacios de reconciliación y redención espiritual. Kairos Inside, por ejemplo, ha ayudado a reducir significativamente los índices de reincidencia al promover comunidades cristianas dentro de los mismos centros penitenciarios. Según estudios realizados por la propia entidad, la reincidencia puede reducirse en un 50%para quienes participan en sus programas continuos.
Este día invita también a mirar más allá de la noche de aislamiento: la reintegración social de quienes salen en libertad es uno de los desafíos más sensibles y urgentes que enfrenta nuestra sociedad y, especialmente, la Iglesia. La lucha contra la estigmatización es indispensable: muchos exconvictos ven cerradas las puertas de oportunidades laborales, sociales y espirituales por el peso de prejuicios que no coinciden con el evangelio del perdón y de la gracia.

Asimismo, Jesús enseñó claramente en Mateo 25:36: Estuve en la cárcel y vinisteis a mí, un llamado que no se agota en palabras, sino en acciones concretas de apoyo, acompañamiento y predicación del evangelio tanto dentro de los muros como fuera de ellos, cuando la libertad parece venir acompañada de rechazo social.
En muchas ciudades, iglesias y ministerios están organizando campañas de oración, grupos de mentoría postpenitenciaria, talleres de inserción laboral y redes de apoyo familiar. La fe, en este contexto, se traduce en acciones que abordan la transformación integral: espiritual, emocional y social.
En relación a acciones específicas y en el contexto español, La Consejería de Asistencia Religiosa Evangélica (ARE) del Consejo Evangélico de Madrid (CEM) realizará los próximos días, 6, 7 y 14 de marzo 2026, el Curso de Formación de Capellanía para Prisiones, Centros de Menores e Infractores y CIE, orientado a capacitar a cristianos con vocación de servir en estos centros.
Celebrar este día implica, también, escuchar las voces de quienes han encontrado en Cristo un nuevo comienzo, testimonios de vidas restauradas que desafían la narrativa de rechazo y apuntan al poder transformador de la misericordia divina.
Nuevas criaturas en Cristo
Para muchos, la reinserción no es un favor social: es un acto de justicia que refleja el corazón mismo de Dios. Y como recuerda el apóstol Pablo en 2 Corintios 5:17, Si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron, he aquí todas son hechas nuevas, un versículo que no solo proclama la esperanza eterna, sino también la posibilidad real de reconstrucción humana aquí y ahora.
En un tiempo donde las voces de la exclusión pueden parecer fuertes, la Iglesia evangélica está llamada a ser más fuerte aún: voces de reconciliación, brazos extendidos, comunidades que acompañan y un evangelio que restaura sin juzgar.

