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Prolegómenos
Afrontar el tema del origen del mundo, desde el punto de vista teológico, significa que tenemos que despejar de alguna forma las dos posturas que se ocupan del tema: el creacionismo y la evolución, es decir, o bien aceptamos la literalidad del libro de Génesis (creacionismo)[1] o, bien optamos por un largo proceso debido a una serie de fenómenos concatenados que dieron origen al Universo tal y como lo conocemos; es decir, o nos apoyamos en Génesis 1,1: “Dios creó los cielos y la tierra” de forma literal, o nos inclinarnos por la teoría de la evolución, a partir de los aportes de Charles Darwin (1809-1882)[2] y otros científicos que se ocupan del tema en extensión.
Se trata de una de las elecciones más complejas y comprometidas con la que tienen que enfrentarse tanto la teología como la antropología.
Claro que dichas opciones no son necesariamente tan incompatibles como pudiera parecer a simple vista. Puesto que para Dios un día es como mil años y mil años como un día (cfr. Salmo 90:4 y 2 Pedro 3:8), bien pudo Dios crearlo todo en un ¡zas!, ¡hágase! y todo hecho en un segundo; o bien el mismo Dios pudo tomarse un tiempo indefinido en el que, mediante un proceso cósmico indefinido, fue formándose el universo y todo lo que en él habita. Ambas opciones nos conducen al Dios creador. Y, además, también es posible que tengamos una idea de Dios distorsionada, algo que no deberíamos descartar a priori.
Lo que resulta evidente en ambos supuestos es que no es posible desvincular lo creado de su creador, al margen de que desde algunos ámbitos se utilice otro tipo de denominación a la hora de hacer referencia a la creación del Universo. El relato para explicarlo debe armonizar ciencia, historia y teología en la medida de lo posible, a fin de descubrir lo que la propia Creación muestra de sí misma, aprovechando las pistas que ella misma nos brinda siguiendo, entre otras, las indicaciones del salmista: “los cielos cuentan la gloria de Dios” (Salmo 19:1).
Biblia: los dos relatos
Obviamente, debemos tener en cuenta los dos relatos que sobre la Creación hace Génesis (1:1-2: 4a y 2:4b-25), sin pasar por alto el tema ya conocido sobradamente por nuestros lectores referido a las cuatro fuentes que nutren la Torá o Antiguo Testamento (yahvista, elohista, deuterocanónica y sacerdotal), documentos previos al libro de Génesis de los que se nutre la redacción final de Génesis. Por las pistas internas que aporta el texto, los exégetas concluyen que la primera versión del relato de la Creación es de origen elohísta y la segunda se debe a la tradición yahvista, aportando ambas, matices diferenciadores entre sí.
Los autores del relato escrito referido a la Creación muestran una gran sensibilidad al transcribir los datos que, hasta entonces, han sido transmitidos oralmente de generación a generación, por culturas diferentes; mostrándolos limpios de información accesoria, sin aportes exegéticos innecesarios entonces.
Efectivamente, Génesis aporta una información muy escueta en la que no se hace referencia a fechas y otros posibles datos complementarios. “En el principio creó Dios los cielos y la tierra”. Deja en manos de la imaginación o de la ciencia el tratar de descubrir cuando se produjo ese principio, aunque sí se ocupa de detallar el proceso creativo, algo que, probablemente, respondía a la intuición o al conocimiento de los avances científicos de la época. ¿A qué época hay que hacer referencia aquí? ¿A la que pudiera atribuirse al Éxodo hebreo? ¿A la de los textos originarios, es decir, los documentos elohista y el yahvista?, ¿o a la fecha de la redacción definitiva de la Torá, tal vez en el siglo VI a.C. cuando se da por cerrado el texto de la Torá?
A los efectos que interesa al hagiógrafo o hagiógrafos que intervienen en su elaboración, hay que vincular la narración necesariamente con el Éxodo y el proceso de constitución como “pueblo escogido por Dios” de Israel, es decir, vincularlo al papel fundante que suponen las Tablas de la Ley. El interés y propósito del relato de la Creación se centra en dejar constancia de que los hebreos rescatados de la esclavitud en Egipto no tienen un Dios tribal propio como pudiera ser la idea que se tenía de El-Elohim hasta entonces. Ya en Canaán, va tomando cuerpo la idea de que Yahvé era un Dios eterno, universal, único, creador de todo lo existente, del Universo y lo que en él habita.
Así pues, el autor de Génesis presenta a un Ser Elohim-Yahvé, concebido como omnipotente y lleno de sabiduría, anterior a la obra que protagoniza, que está sobre todas las cosas, cuyo origen no se plantea precisamente por considerarle preexistente a todo lo creado, sin detenerse a dar detalles que pudieran identificarle, porque resulta inútil intentarlo fuera de esa imagen de Gran Arquitecto cósmico a quien nada ni nadie se resiste.
Por su parte, el salmista, aparte de asumir los hechos como una obviedad debida a la acción creadora de Dios, hace una declaración universal: “los cielos cuentan la gloria de Dios” (Salmo 19:1), si bien establece una vinculación necesaria con el Dios creador: “Por la palabra de Yahvé fueron hechos los cielos y todo el ejército de ellos por el aliento de su boca”. “Él junta como montón las aguas del mar. Él pone en depósitos los abismos” (Salmo 33:6,7). Sea como fuere, a la hora de poner una fecha al texto, no podríamos retrotraernos más allá del siglo XV a.C., fecha atribuida al Éxodo.
Entre los datos manejados, la fecha atribuida a la creación del mundo varía según la tradición, en unos casos, y teorías pseudocientíficas, en otros. Entre otras:
- Una corriente del judaísmo señala el año 3.761 a. C.
- La teoría del Big Bang sugiere que el Universo se originó hace unos
- 10 000 o 20 000 millones de años.
- National Geografic sugiere que se trata de unos 13.800 millones de años.
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Contenidos de esta serie:
- Prolegómenos
- Biblia: los dos relatos
- Creación a partir del caos
- Interpretaciones
- Conclusión
[1] El creacionismo es una doctrina o teoría que postula que la vida y el universo fueron creados intencionalmente por un ser divino, en contraste con la teoría de la evolución, que propone que la vida se desarrolló gradualmente a través de procesos naturales. En teología, el creacionismo a menudo implica una interpretación literal de los textos religiosos como la Biblia, y se enfoca en la idea de una creación divina directa
2 El darwinismo es la teoría de la evolución biológica propuesta por Charles Darwin, que explica la diversidad de la vida a través de la selección natural y la herencia. En esencia, postula que las especies cambian con el tiempo debido a la selección de individuos con características favorables, que tienen más probabilidades de sobrevivir y reproducirse, transmitiendo sus rasgos a la siguiente generación.
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