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IGLESIAS LLAMAN A LA ORACIÓN

Cuatro años de guerra en Ucrania: clamor por la paz y Biblias detenidas en el camino

En la conmemoración del inicio de la invasión, líderes cristianos piden oración urgente mientras traductores luchan por continuar su labor entre cortes de electricidad y desplazamientos forzados.

Se cumplen cuatro años desde que los tanques rusos cruzaron la frontera ucraniana y desencadenaron el conflicto más grave en suelo europeo desde la Segunda Guerra Mundial. Lo que comenzó como una ofensiva militar se ha convertido, con el paso del tiempo, en una herida abierta que ha marcado a millones de ucranianos y también ha sacudido profundamente a las Iglesias.

Las cifras son estremecedoras. Según la agencia Associated Press, alrededor de 1,8 millones de soldados han muerto, resultado heridos o han sido reportados como desaparecidos en ambos bandos, con Rusia concentrando el mayor número de bajas. En el ámbito civil, cerca de seis millones de ucranianos han buscado refugio en países vecinos, mientras aproximadamente 3,7 millones permanecen desplazados dentro de sus propias fronteras, lejos de hogares que, en muchos casos, han quedado reducidos a escombros.

Traducción bíblica bajo fuego

Cuando estalló la guerra, no solo se interrumpieron las rutas comerciales y las cadenas de suministro, también se vieron afectados muchos proyectos misioneros que se habían estado tejiendo con paciencia durante décadas.

La organización UnfoldingWord, dedicada a capacitar a creyentes locales para traducir las Escrituras a lenguas minoritarias, se ha visto obligada a frenar proyectos completos. Durante años, el ruso funcionó como lengua puente en los territorios de la antigua Unión Soviética, y se aprendía de manera obligatoria durante la etapa soviética, lo que servía de base para nuevas traducciones bíblicas. Sin embargo, con la invasión, ese modelo entró en crisis.

En el este de Ucrania, un equipo de seis traductores avanzaba con determinación en la traducción de la Biblia al romaní ruso (o balto-eslavo), hablado por unas 29.000 personas. Sin embargo, la guerra los dispersó y tuvieron que paralizar sus actuaciones.

Hoy, muchos de los encargados de realizar la traducción viven lejos de sus hogares. Uno de los responsables del proyecto relató haber permanecido en un edificio sin calefacción, agua ni electricidad, tras los bombardeos que destruyeron centrales térmicas y plantas eléctricas.

“Conseguir comida a veces parecía una escena de supervivencia extrema”, aseguran los colaboradores de unfoldingWord. Y, aun así, continuaron traduciendo la Palabra de Dios, convencidos de que ninguna oscuridad puede apagar la luz del Evangelio.

Infraestructura devastada, fe perseverante

La red eléctrica ucraniana ha sido blanco recurrente de ataques. En pleno invierno, con temperaturas que han descendido hasta los -20 °C, millones de personas se han quedado a oscuras y sin calefacción.

En este contexto, el establecimiento de iglesias y la formación bíblica se han visto profundamente afectadas. La distribución de materiales completos en lengua rusa, esenciales para traductores y formadores en distintos puntos de Eurasia, se ha vuelto incierta. Asimismo, la financiación internacional ha disminuido ante la prolongación del conflicto.

No obstante, en medio de la devastación, la perseverancia cristiana está transformando la opinión pública. En numerosas comunidades, los evangélicos habían sido vistos históricamente con recelo. Actualmente, al permanecer junto a sus vecinos, sirviendo, socorriendo y compartiendo el Evangelio bajo los bombardeos, esa percepción comienza a cambiar. Permanecer y apoyar en medio del sufrimiento ha abierto puertas que durante años estuvieron cerradas.

Un llamado global a la oración

Por otra parte, y en el contexto del cuarto aniversario, la voz de la Iglesia también quiere pronunciarse. Algunas personalidades evangélicas han querido alzar su voz. En este marco, el secretario general del Consejo Mundial de Iglesias, el pastor y profesor Dr. Jerry Pillay, ha resaltado que la comunidad cristiana espera que el diálogo continúe y que todas las partes actúen de buena fe para detener la violencia.

Además, ha denunciado los ataques sistemáticos contra centros urbanos alejados del frente y el impacto devastador sobre la población civil:

“Después de tanta muerte y destrucción, de tanto sufrimiento y de tantas violaciones del derecho y de la moralidad, esta agresión debe detenerse y esta guerra debe acabar. Oramos a Dios para que abra el camino hacia una paz justa y sostenible, para que las víctimas obtengan justicia y para que la paz reine en Ucrania, en la región y en el mundo”.

Desde una perspectiva evangélica, el clamor no es solo diplomático, sino profundamente espiritual: se ora por una paz duradera, por justicia para las víctimas y por la reactivación de ministerios paralizados, para que puedan retomar plenamente sus proyectos cuando las circunstancias lo permitan.

Porque, aunque en medio de los combates “no se ha podido hacer mucho”, la Iglesia no ha dejado de buscar medios para reconstruir. Allí donde las bombas intentan imponer el silencio, la fe, la oración y la Palabra continúan abriéndose camino.

Cómo se mueve la Iglesia ucraniana

Además, otras corrientes manifiestan la importancia de mantener una oración centrada específicamente en la Iglesia y en las posibles conversiones como consecuencia de la guerra. “No les voy a pedir que oren por la paz en Ucrania. Les pido que oren por la paz en los corazones de muchas familias ucranianas y rusas”, explica Eric Mock, de la Slavic Gospel Association (SGA). Mientras las conversaciones de paz sobre Rusia y Ucrania dominan los titulares, Mock subraya que la verdadera pregunta es:

“Tanto en el lado ucraniano como en el ruso, ¿las personas atrapadas en el tormento de esta guerra volverán a Cristo y a su gracia salvadora?”

El socorro y la capacitación pastoral son dos vías mediante las cuales la SGA ayuda a los cristianos ucranianos a servir en esta batalla.

“No se trata simplemente de tener un almacén lleno de artículos de ayuda y sentirnos bien por repartirlos. Se trata de equipar a las iglesias locales para que lleguen a su comunidad o a los desplazados que llegan a ellas, y que encuentren una paz duradera a través del Evangelio de Jesucristo”.

La capacitación pastoral es crucial, para que los ucranianos que se conecten con una iglesia reciban enseñanzas bíblicas sólidas que fortalezcan su fe. Muchos pastores han huido, y otros han sido reclutados por el ejército.

“Se pronostica la necesidad de hasta 1.000 pastores en los próximos 10 años. En SGA, en 19 localidades de Ucrania, estamos ofreciendo capacitación, trabajando con pastores y maestros ucranianos, así como con algunos estadounidenses que vienen a enseñar. Intentamos formar a la mayor cantidad posible de jóvenes”, explica Mock.

Cuatro años después del inicio del conflicto, la guerra en Ucrania sigue dejando cicatrices profundas, pero también revela historias de resiliencia y fe inquebrantable. Mientras la violencia destruye hogares e infraestructura, comunidades cristianas y traductores bíblicos continúan su labor, recordando que la esperanza no depende de la paz inmediata, sino de la perseverancia en medio de la adversidad. En este escenario devastador, la oración, la solidaridad y la convicción espiritual se erigen como los pilares que sostienen la vida y abren camino hacia un futuro donde la paz pueda finalmente florecer.

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