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OPINIÓN / MÁXIMO GARCÍA RUIZ

Fundamentalismo

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La corriente fundamentalista se convirtió en una contundente reacción con la intención de neutralizar el auge modernista o liberal que, procedente en buena parte de la teología europea, había corrompido, a juicio de sus críticos, la ortodoxia cristiana.

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(Máximo García Ruiz, 05/01/2026) | Actitudes y corrientes fundamentalistas las ha habido, las hay y las habrá en el ámbito de todas las religiones.  Desde el momento en el que se establece un marco doctrinal utilizando términos que suelen ser considerados axiomáticos, estamos incorporando una teología con contenido básico y fundamental, es decir, asumimos una postura más o menos radical de tipo fundamentalista. De lo contrario, no existiría la religión. Evidentemente, no estamos haciendo referencia a ese tipo de afirmaciones doctrinales que, de forma natural y comprensible, consolidan una fe determinada y una forma de vida concreta conforme a unas creencias determinada.

Al hacer referencia al ámbito religioso, se entiende por fundamentalismo a formas de exclusión arbitrarias de cualquier otra creencia al no ajustarse de forma incuestionable y literal al catálogo de certezas absolutas que identifican a la religión verdadera, que es, por supuesto, a juicio de quienes la practican, la propia, única verdadera, ya que se considera que, fuera de las propias creencias, no hay salvación. Esa postura termina posicionándose en una radical intolerancia de tipo excluyente, ante la amenaza que supone cualquier duda o énfasis doctrinal fuera de los cánones establecidos por aquellos a quienes la corriente fundamentalista reconoce como líderes incuestionables.  El fundamentalismo no es proactivo sino reactivo.

En el fundamentalismo no hay lugar para la duda, no hay lugar para el cambio, no hay lugar para la tolerancia y está excluido cualquier tipo de diálogo ecuménico. Se considera que cada una de esas situaciones suponen serias amenazas para la fe, por lo que es preciso levantar un muro protector que impida cualquier tipo de contaminación.

Al margen de corrientes de pensamiento del pasado a las que pudiera aplicársele el calificativo que venimos comentando, el fundamentalismo moderno tiene sus orígenes a finales del siglo XIX, consolidándose a principios del XX en sectores protestantes norteamericanos; un calificativo que, posteriormente, ha venido aplicándose también a sectores integristas de otras religioses, vinculado a las teorías del creacionismo y la inerrancia bíblica, refractarios de utilizar el método histórico-crítico en el estudio de los textos bíblicos, al contrario de los teólogos contemporáneos que, en términos generales, sí lo asume.

Documentos fundantes de este movimiento que fue tomando volumen y fuerza conforme iba avanzando el silo XX y que no ha dejado de mantener y acrecentar su influencia en el siglo XXI, fueron un conjunto de publicaciones editadas en Chicago bajo el nombre de The Fundmentals. A Testimony to the Truth, entre los años 1910 y 1915 (doce volúmenes en total), publicaciones patrocinadas por un grupo de profesores de teología, cuya distribución se hizo entre pastores, profesores y líderes religiones de forma masiva, produciendo un notable impacto entre sus lectores.

La corriente fundamentalista se convirtió en una contundente reacción con la intención de neutralizar el auge modernista o liberal que, procedente en buena parte de la teología europea, había corrompido, a juicio de sus críticos, la ortodoxia cristiana. Las grandes afirmaciones de ese sector fundamentalista tenían como fundamento el rechazo del método histórico-crítico en el estudio de la Biblia que, a esas alturas, había alcanzado un gran protagonismo en los ámbitos teológicos. Su crítica se centraba en cinco puntos considerados fundamentales para la fe, en los que se cuestiona la aplicación de los métodos científicos a la lectura de la Biblia. Se trata de los puntos siguientes:

  1. Inspiración divina e infalibilidad de las Sagradas Escrituras en su conjunto, desde la primera palabra del Génesis hasta la última del Apocalipsis, que se refleja en la inerrancia de la Biblia.
  2. Deidad de Jesucristo
  3. Concepción virginal de Jesús.
  4. Redención sustitutoria de Jesucristo.
  5. Resurrección física de Jesús y su regreso corporal al final de los tiempos, ya cercanos.

El movimiento recibió un impulso definitivo con la celebración de la Conferencia Mundial sobre los Fundamentos Cristianos, celebrada en Filadelfia en mayo ds 1919, adoptando el nombre World’s Christian Fundamentals Association. Para la adhesión a dicha asociación se exigía aceptarnueve puntos doctrinales:

  1. La inspiración e inerrancia de la Escritura.
  2. La Trinidad.
  3. La deidad y nacimiento virginal de Cristo.
  4. La creación y caída del hombre.
  5. La expiación vicaria.
  6. La resurrección corporal y ascensión de Cristo.
  7. La regeneración de los creyentes.
  8. La venida personal e inminente de Cristo.
  9. La resurrección y el destino final de los hombres a una bienaventuranza o, por el contrario, una condenación eterna.

No se trataba tanto de una reformulación de las doctrinas básicas, sino de una adaptación a criterios inmovilistas propios de la teología medieval. A partir de ese momento, el objetivo central de los movimientos estadounidenses identificados con las ideas fundamentalistas (p. e. la puesta en marcha de la Moral Majority en 1979 durante el gobierno de Ronald Reagan, así como el rechazo de los énfasis en torno al conocido como “Evangelio social”, unidos a otras corrientes semejantes anteriores y posteriores,  ha sido la defensa radical de los principios, considerados incuestionables en su literalidad, tanto en el seno de la práctica religiosa como en su proyección educativa, política y social, apoyados especialmente en el principio de la inerrancia de la Biblia.

De esta forma, el fundamentalismo se convierte en un movimiento reaccionario a la ciencia, al humanismo y a los valores de la modernidad surgidos de la Ilustración. Y, como consecuencia natural de su postura de ser poseedores de la fe ortodoxa y única interpretación de la Verdad, surge el rechazo del pluralismo religioso y, por extensión, del ecumenismo.

Puesto que en esos sectores se mantenía la idea de que la Segunda Venida de Cristo es algo inminente, se deduce que hay que poner todo el énfasis en atender la espiritualidad por encima de todo, quedando en plano secundario el compromiso social que caracteriza a los sectores de condición modernista o liberal y a la evidente atención que le fue prestada por Jesús de Nazaret. Modernismo-liberalismo, evolución e inerrancia bíblica son los tres frentes de batalla más destacados del fundamentalismo protestante. Una consecuencia derivada de esta corriente teológica será la teología de la prosperidad. Para los fundamentalistas, la pobreza es una consecuencia de la falta de fe, como veremos a continuación. Y puesto que se sustenta la idea de que la verdad no tiene por qué hacer ningún tipo de concesiones; llegado el caso hay que defenderla de todo tipo de agresiones, sin escatimar esfuerzos ni medios (las confrontaciones bélicas más importantes van siempre acompañadas o provocadas por mentes fundamentalistas).

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Contenido de esta serie:

  1. Fundamentalismo
  2.  Inerrancia
  3. Teología de la prosperidad
  4. Teología de las emociones

Fuente: Máximo García Ruiz - Febrero 2026

Nota de Redacción: Las opiniones de los autores son estríctamente personales y no representan necesariamente la opinión o la línea editorial de Actualidad Evangélica.

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