,

SU PALABRA: INTELIGENCIA ESPIRITUAL (IE) PARA NUESTRO TIEMPO / Por Juan Manuel Quero

¡Vida Nueva, Año Nuevo! (2 Corintios 5:11-21)

“Hemos de admitir nuestras necesidades, a pesar de nuestras apariencias, para que el Espíritu Santo haga su obra en nosotros: de curación, de pacificación, de amor, de ánimo, de fuerzas nuevas”

No obstante, el conocido dicho se sigue utilizando: «Año Nuevo, vida Nueva». Pero tan conocido es el dicho como la contradicción que conlleva, ya que la mayoría de las personas, cada vez que pasa un año, no se sienten ante una vida nueva, sino más bien con una vida más envejecida. Esta expresión tendríamos que invertirla para que tenga sentido: «VIDA NUEVA, AÑO NUEVO». «Si alguno está en Cristo, nueva criatura es, las cosas viejas pasaron, he aquí todas son hechas nuevas» (2ª Corintios 5:17).

Se necesita un cambio en las personas, una transformación real; es decir, una importante suma de dinero no es lo que produce una vida nueva; no es ganar la lotería de Navidad, que es tan típica en España. En las Escrituras se describen a personas bien hacendadas que necesitaban cambiar, ya fuesen reyes, maestros, empresarios o cobradores de impuestos.

Esto no es un simple cambio externo: Les dijo también una parábola: «Nadie corta un pedazo de un vestido nuevo y lo pone en un vestido viejo; pues si lo hace, no solamente rompe el nuevo, sino que el remiendo sacado de él no armoniza con el viejo.»  (Lucas 5:36). Un inspector de banca me decía, que él tenía bastante afinidad con los creyentes evangélicos, ya que él, que forma parte de una asociación de cultura, viaja bastante y tiene la oportunidad de estudiar la antropología de algunas tierras, identificándose con todas las religiones como algo necesario y bueno, según su criterio. No obstante, admitía la gran necesidad de las personas, aunque tengan su propia religiosidad, ya que esta, por sí misma, solamente representa un trazado externo en las personas o sociedad.

Hay que dejar las apariencias religiosas, o bien no conformarse a ello nada más. Hemos de admitir nuestras necesidades, a pesar de nuestras apariencias, para que el Espíritu Santo haga su obra en nosotros: de curación, de pacificación, de amor, de ánimo, de fuerzas nuevas. Jesús no vino buscando apariencias. Hay que abandonar lo que nos daña.

Es necesario dejar de vivir para nosotros mismos. Una vida acreedora de todo, que piensa no deber nada a nadie, sino todo lo contrario, es una vida que necesita cambiar, porque esto es una persona dañada y que perjudica. Cuando una persona deja la «vieja vida» para vivir una «nueva experiencia», las cosas que tiene y realiza van más allá de una casa nueva, de un coche nuevo o de una pareja nueva; tienen que ver con nuestro corazón. Porque las cosas se transforman en nuevas no por hacer o tener cosas diferentes; por cambiar de casa, por cambiar de ciudad, por cambiar de relaciones personales; las cosas cambian cuando Dios cambia nuestros corazones. Un corazón, que como dice el v. 18 del texto indicado, busque la reconciliación con Dios y con las personas; y que además procure la reconciliación del mundo con Dios: «Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación».

Las «nuevas cosas» no quitan nuestra necesidad. El mundo ha dado muchas vueltas; pero, las personas adolecen de las mismas cosas, continuando en un estado de insatisfacción. ¡Cuánto ha cambiado todo!, desde lo más cotidiano, hasta la misma tecnología para medir el tiempo; desde que existía la radio de lámpara, hasta llegar a una medicina totalmente computarizada. ¿Se ha cambiado para bien? Podríamos decir que sí, pero al mismo tiempo tenemos que reconocer que interiormente este viejo mundo ha cambiado poco.

Juan Manuel QueroLo más importante es el cambio interior, el que transforma nuestras vidas y lo que nos rodea. La nueva vida, es ese cambio interior que afecta también al externo. Esto no surge por un brindis, o unos buenos deseos; sino que depende de otra copa, la que derramó Jesús; una copa de vida, de esfuerzo, de sacrificio, y de muerte, una copa derramada para salvarnos: «Y por todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos […] De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas» (2ª Corintios 5:15, 17).

***

(Este es uno de los temas que se encuentran en el libro publicado recientemente, por Juan Manuel Quero: «Su Palabra: Salvación»)

Autor: Juan Manuel Quero Moreno

© 2026. Este artículo puede reproducirse siempre que se haga de forma gratuita y citando expresamente al autor y a ACTUALIDAD EVANGÉLICA. Las opiniones de los autores son estrictamente personales y no representan necesariamente la opinión o la línea editorial de Actualidad Evangélica.

{loadposition quero}

Nota de Redacción: Las opiniones de los autores son estríctamente personales y no representan necesariamente la opinión o la línea editorial de Actualidad Evangélica.

© 2026. Este artículo puede reproducirse siempre que se haga de forma gratuita y citando expresamente al autor y a ACTUALIDAD EVANGÉLICA. Las opiniones de los autores son estrictamente personales y no representan necesariamente la opinión o la línea editorial de Actualidad Evangélica.

SU PALABRA: INTELIGENCIA ESPIRITUAL (IE) PARA NUESTRO TIEMPO

SU PALABRA: INTELIGENCIA ESPIRITUAL (IE) PARA NUESTRO TIEMPO

SU PALABRA: INTELIGENCIA ESPIRITUAL (IE) PARA NUESTRO TIEMPO / Por Juan Manuel Quero

Scroll al inicio