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SIN ÁNIMO DE OFENDER / por JORGE FERNÁNDEZ

Todos los españoles amamos los toros, la paella, la siesta y el flamenco

Nos gustan la fiesta y la siesta, trabajar lo justo, conservamos tradiciones ancestrales de maltrato animal y nos caracteriza un temperamento colectivo proclive al fanatismo y a la intolerancia.

“¡Cómo se atreve!”. Es lo que cualquiera diría hoy ante una descripción tan burda y tan sesgada de la España moderna, desarrollada y democrática que con razón reivindicamos como motivo de orgullo y como referente en muchos aspectos para otras naciones.

Una religión de “extranjeros”, “inmigrantes”, “ignorantes”, “fanáticos”, “improvisados”, “advenedizos”, “simplones”, «exóticos», “ultraconservadores”, “trumpistas”, “bolsonaristas”, “terraplanistas”, “fundamentalistas”, “manipuladores” (y “manipulables”), “sectarios”… Estas son solo algunas de las etiquetas con las que se nos trata en este país desde un poder mediático transversal —de derechas y de izquierdas— que discrepa en casi todo, salvo en un viejo y persistente prejuicio antiprotestante, ahora aderezado con nuevos ingredientes xenófobos.

Un poder mediático que señala como “amenaza” aquello que no conoce —ni quiere conocer—; que presenta esta realidad como una suerte de “invasión extraterrestre” frente a la que hay que alertar y a la que hay que repeler, alimentando una opinión pública hostil y construyendo artificialmente un “anticuerpo” social.

Un poder mediático que silencia, salvo honrosas excepciones, la ingente labor histórica y actual de las iglesias y entidades protestantes y evangélicas en la defensa de la libertad religiosa y de conciencia; de los derechos humanos; de la educación universal; de la salud pública; de la acción social y asistencial; de la justicia en favor de los colectivos más vulnerables y desfavorecidos; así como su aportación teológica, académica e intelectual a la modernidad.

Un poder mediático que, sin embargo, amplifica con grandes titulares y un amarillismo infecto cualquier escándalo aislado protagonizado por un fiel o un ministro de culto evangélico, o cualquier hecho anecdótico que, sacado de contexto en una sociedad catolizada y de cultura religiosa hegemónica, resulte extraño y, por extraño, digno de burla o de desprecio.

Un poder mediático supremacista, arrogante y prepotente, que no busca conocer, comprender, escuchar ni informar con rigor y objetividad sobre las nuevas realidades sociales, religiosas y culturales que se integran legítimamente en la España moderna y democrática, respondiendo a las libres preferencias y necesidades de sus ciudadanos.

¿Que hay evangélicos fundamentalistas, fanáticos y sectarios? Por supuesto. ¿En qué grupo social no los hay? ¿Está la política exenta de estos perfiles humanos? ¿Lo está el ideologizado poder mediático? Son preguntas retóricas, porque todos conocemos de sobra la respuesta.

También hay españoles que aman los toros, la fiesta, la siesta, ciertas tradiciones bárbaras y otros tópicos de la denostada cultura cañí. Pero eso no describe a España. Describe, en todo caso, a una parte de los españoles, y además minoritaria. España y los españoles somos mucho más que eso.

Del mismo modo, aquellas etiquetas no hacen justicia a la fe, al pensamiento ni a la praxis de los cristianos protestantes y evangélicos en nuestro país: una realidad mucho más amplia, profunda, diversa y rica en aportaciones positivas a la espiritualidad, al pensamiento, a la cultura y al progreso social.

Jorge FernándezY tampoco el poder mediático al que aludimos en esta reflexión representa al conjunto de la profesión periodística. No todos los medios son iguales. No todos los profesionales de la información actúan del mismo modo. Hay muchos y muchas que honran su oficio con rigor, vocación y honestidad. A ellos apelamos desde este humilde rincón informativo para que, al inicio de un nuevo año, nos tengan presentes y contribuyan a una visibilidad más justa de nuestra realidad.

No pedimos privilegios. Pedimos justicia y verdad.
Y en esa búsqueda, siempre nos han encontrado y siempre nos encontrarán.

Autor: Jorge Fernández – Madrid, 16 de diciembre de 2025.-

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© 2025. Este artículo puede reproducirse siempre que se haga de forma gratuita y citando expresamente al autor y a ACTUALIDAD EVANGÉLICA. Las opiniones de los autores son estrictamente personales y no representan necesariamente la opinión o la línea editorial de Actualidad Evangélica.

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SIN ÁNIMO DE OFENDER / por JORGE FERNÁNDEZ

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