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Marruecos en tinieblas

OPINIÓN
Marruecos
en tinieblas

Por Jorge Fernández Basso, 16/03/2010

Las expulsiones masivas de cristianos – en particular de protestantes – que se están produciendo en estos días en el vecino Reino de Marruecos han coincidido con la celebración de la cumbre bilateral de Granada, donde las autoridades de la UE le han pedido a Marruecos un mayor respeto por los derechos humanos. Pero Rabat no parece estar por la labor, por mucho que se lo pidan sus amigos y socios europeos.

El nombramiento del nuevo Ministro del Interior, Taïeb Cherkaoui, parece dirigido – a juzgar por los hechos – a reforzar los candados y cerrar las cortinas del país para que ninguno de los rayos de la luz de la libertad que irradian desde el exterior, pueda filtrarse y alumbrar el espíritu y la conciencia de un pueblo al que se pretende mantener a oscuras, para que no piensen, ni vean, ni sientan por sí mismos.

El más temido, al parecer, es el haz de luz de la libertad religiosa… la verdadera libertad religiosa, y no el sucedáneo evocado por el régimen cada vez que el asunto sale a la palestra. Verdadera libertad religiosa y no la "libertad del candil", que es la que han esgrimido ahora, pidiendo el apoyo de judíos, católicos y ortodoxos, para demostrar que en Marruecos hay libertad religiosa.

La libertad del candil

¿Qué se espera que digan las voces rehenes de una de las libertades fundamentales secuestrada por el Gobierno de Rabat? Por supuesto, empezando por el arzobispo católico de Rabat, y pasando por los representantes judíos y ortodoxos, todos aceptaron la invitación del Gobierno a exhibir sus pequeños candiles – "autorizados para extranjeros" -, con los que se les permite alumbrar sus propios pasos en medio de la noche espiritual, social y cultural que cubre las mentes y los corazones del pueblo marroquí.

Pero es imposible mantener la casa a oscuras todo el tiempo. De vez en cuando una brisa de esperanza mueve las cortinas permitiendo que se filtre algún que otro rayo. De vez en cuando algún natural del país se siente atraído por la luz del candil que alumbra al extranjero, entonces éste le comparte su luz y ¡hasta es posible que le regale el candil! (¡un delito imperdonable de "proselitismo"!).

Es entonces cuando en Rabat saltan todas las alarmas y se nombra a un nuevo Ministro del Interior para que sujete las cortinas, y apague los candiles. Así deben entenderse las expulsiones masivas de cristianos evangélicos ordenadas estos días, tal como lo expresa el comunicado difundido por Rabat: "Las medidas adoptadas por las autoridades marroquíes se inscriben en el marco de la lucha llevada a cabo contra las tentativas de propagación del credo evangelista, destinado a sacudir (sic) la fe de los musulmanes".

Hay, no obstante, una lectura positiva en todo esto. A diferencia de lo que sucede en otros casos, el régimen de Rabat no esconde ni disimula las verdaderas razones de las expulsiones detrás de acusaciones más arteras, a las que recurren otros regímenes totalitarios. No acusan a los cristianos evangélicos, por ejemplo, de "espionaje", ni a los cooperantes del orfanato Village of Hope de prácticas inmorales, ni de fraude fiscal, o de estafa…, ni de ningún otro acto delictivo, más que el de "propagar el credo evangelista", algo que tampoco ha quedado demostrado en un juicio, porque no lo ha habido.

Los temores de Rabat

¿Por qué resulta tan peligroso este puñado de extranjeros evangélicos? ¿De verdad les creen capaces, las autoridades marroquíes, de socavar la fe de los musulmanes? ¿Tan débil considera Rabat al Islam como para temer que un puñado de cooperantes evangélicos, sin más fuerzas que las de sus palabras y el ejemplo de sus sencillas vidas, pueda suponerle una amenaza?

Los temores de Rabat sólo se explican en el contexto cultural, geopolítico y social que le rodea. Saben, o intuyen, que la oscuridad tiene los días contados. La luz es más fuerte que las tinieblas. Basta un pequeño rayo filtrándose por algún rincón, para poner en evidencia la debilidad de la oscuridad con respecto de la luz. Las exigencias de cambio, de apertura y libertad (política, cultural, religiosa…), no le son impuestas por fuerzas exteriores, sino que surgen del propio pueblo marroquí, de los corazones de los ciudadanos y ciudadanas que, con sus espíritus asfixiados por la falta de libertad, sueñan con un futuro mejor para su país y para sus hijos.

Rabat debe entender que los tiempos de instrumentalizar la religión desde el poder, como factor de cohesión social, ya han pasado, y que la libertad y el pluralismo religioso – como otras libertades -, lejos de ser una amenaza para la convivencia y la paz, son su fundamento más sólido.

Los intentos de mantener las "cortinas cerradas" o los "candiles apagados", serán tan estériles como contraproducentes para el país e, incluso, para la fe de los musulmanes.

Estériles porque, por mucho que se empeñe el régimen – y para muestra el franquismo – la luz de la libertad acabará entrando a Marruecos por todas partes, tarde o temprano. Y no desde el exterior, sino desde el fondo del alma de los marroquíes.

Contraproducente para la fe de los musulmanes, porque una fe que no se elije, sino que es impuesta, siempre deberá ser protegida – como sucede con las especies en extinción -, y al no fraguarse en el diálogo con otras creencias – sean científicas, culturales o religiosas – acabará derivando en la forma más débil de la fe religiosa: el fanatismo.

Por el contrario, para construir una sociedad plural, moderna, pacífica y próspera, Marruecos tiene en los cristianos evangélicos a algunos de sus mejores aliados. Lo entenderá Rabat cuando supere sus temores, y abra las cortinas.

Autor: Jorge Fernández Basso | Departamento de Prensa de FEREDE

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