Mi amiga ama a ese pueblo, se viste sus ropas, bebe su bebida y come sus comidas. Se siente uno más con ellos. En su casa hasta la decoración habla de su amor por ese pueblo. No le importó renunciar a su propia tierra, amigos y familia, porque sabe que el pueblo al que ama es ahora su familia. Ellos también la han adoptado como parte de sus gentes. La quieren y la respetan, y aprecian enormemente su dedicación por ellos.
Pero ahora los dirigentes de ese pueblo le han dicho a mi amiga que no la quieren más en sus tierras. Su pasaporte no es válido, aunque sus maletas hayan ido cargadas de amor y entrega. La han desterrado porque su dios no es el dios del pueblo al que ama.
Mi amiga no pierde la esperanza de volver a ver esa tierra prometida, de disfrutar de nuevo de sus peculiares olores y paisajes secos y ávidos de agua y vida. Mi amiga no ha dejado de amar a ese pueblo, por eso lo busca fuera de sus fronteras y le ofrece su amor, hablándole de un Dios cercano…
Ahora que está en el destierro, mi amiga sigue profundizando en la lengua del pueblo al que ama, para ser más eficaz cuando regrese, y sus días van acompañados de una esperanza que no cesa.
A mi amiga la llaman Hadasa y esa tierra es el lugar por donde se pone el sol.
Tengo razones para contarlo…
Autor: Beni Moreno Cárdenas