Estaba vaticinado por Miqueas (5:2) que nacería en Belén — «casa de pan»— también llamada Efrata por ser tierra habitada por el linaje de Efrat (1 Cr. 2:51; 4:4). Hoy llamada por los árabes Bet- lahm. Esta fue ciudad de David y hogar de Rut y Booz. A siete u ocho kilómetros de Jerusalén se encuentran lugares insignes, como donde vivió Abraham, Isaac y Jacob. Allí se construyó lo que se considera el templo cristiano más antiguo del mundo «Iglesia de la Natividad», construida por Elena la madre de Constantino (330 dC.). Dicen que bajo esta iglesia hay una gruta donde se cree que estuvo el pesebre. Allí mismo Jerónimo tradujo la Biblia al latín, —la conocida con el nombre de «La Vulgata»—, para que todos pudieran saber que una luz de salvación brilló en medio de la oscuridad.
Es una pena que para muchos Navidad no sea más que una fiesta fijada en el siglo IV, cuando puede ser algo vivo, porque: «un niño es nacido, y como Hijo nos es dado» para pagar por nosotros y sufrir nuestros pecados, el cuál es «Admirable» porque quiere ser a pesar de lo que nosotros somos:
-«Consejero»: Para guiarnos y así vencer la oscuridad.
-«Dios Fuerte»: Poderoso para obrar en todo lo necesario, donde el «yo no puedo» se convierte en «mi Dios puede».
-«Padre para siempre»: pues aunque le fallemos como hijos, el seguirá amándonos como Padre.
-«Príncipe de esa paz»: que tanto necesitamos.
Jesús no fue un reflejo histórico, es la luz que quiere iluminar también en tu vida.
Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida (Jn. 8:12).
Autor: Juan Manuel Quero
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