Y es que en el mundo hay acuerdos para regular el comercio de muchos productos -desde plátanos a huesos de dinosaurio– pero ninguno para el de armas, uno de los negocios menos transparentes que existen.
A pesar del secretismo con que actúan los gobiernos, sabemos que muchas de las armas que venden los países poderosos terminan en manos corruptas o represivas que las utilizan para cometer o facilitar violaciones de derechos humanos. Eso convierte a los exportadores en cómplices de genocidio, tortura, violencia sexual a punta de pistola…
Este mes de julio se debate en la ONU la adopción de un importantísimo Tratado Internacional sobre Comercio de Armas. No puede ser un tratado que termine en papel mojado. Debe ser un Tratado sólido que salve vidas.
La mayoría de los países están por la labor de aprobar un Tratado así, pero otros, y entre ellos algunos de los que más armas exportan, pretenden debilitarlo al máximo. Después de muchos años de campaña, tenemos una oportunidad única e histórica de adoptar, por fin, un tratado para conseguir que no haya más armas para atrocidades.
Firma aquí, reenvía esta petición a tus contactos y ayuda a lograrlo.