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SIN ÁNIMO DE OFENDER / por JORGE FERNÁNDEZ

¿Y ahora qué… después del Papa y su visita…?

El papa León XIV, el día de su llegada a España

No lo puedo evitar. Cada vez que un Papa visita el país en el que vivo, viene a mi mente aquella canción de “Pancho” Martell, que le escuché cantar por primera vez en una conferencia sobre evangelización celebrada en el Instituto Bíblico Buenos Aires (IBBA) en 1982…

(Jorge Fernández, 19/06/2026) | No lo puedo evitar. Cada vez que un Papa visita el país en el que vivo, viene a mi mente aquella canción de “Pancho” Martell[1], que le escuché cantar por primera vez en una conferencia sobre evangelización celebrada en el Instituto Bíblico Buenos Aires (IBBA) en 1982, y cuyas primeras estrofas, que son las que recuerdo, decían así:

¿Y ahora qué?[2]
Después del Papa y su visita
Después del llanto en Las Malvinas
Y las tristezas del Mundial…

¿Ahora qué?
¿Qué vamos a decir?
¿Qué vamos a soñar?
¿Qué vamos a cantar, por ahí?

Lo que siempre debimos haber dicho
Lo que nunca debimos de callar
Lo que tan pocas veces se ha contado
Por vergüenza o temor al qué dirán:

/ /Que viene Cristo, que viene pronto
que ya su pueblo se debe preparar//

Cada uno en lo suyo, defendiendo lo nuestro[3]
Y hablando de su amor
Hay que dar al César, lo que es del César
Y a Dios, lo que es de Dios…

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Me sigue asombrando que me acuerde tan bien de la letra de esta canción, que creo haber escuchado en esa primera oportunidad y como mucho en otra más, en una visita de Pancho a nuestra iglesia. Porque hasta donde me consta, esa canción fue creada por el autor para la ocasión y no hay registros grabados de la misma.

Atribuyo el fiel recuerdo en parte a mi juventud —yo tenía 22 años entonces; mi memoria y capacidad de retención era mucho mayor que hoy en día— pero sobre todo al carácter oportuno y profético de la canción. Profético en su capacidad de describir lúcidamente el contexto y estado anímico de un pueblo en un período crítico de su historia —estado anímico al que no eran ajenos muchos pastores e iglesias, que además del sentir generalizado por los acontecimientos recientes que describe la canción, venían sufriendo en primera persona las restricciones  de la dictadura a la libertad religiosa de las confesiones no católicas—; y profético, también, en su habilidad para enfocar la mirada de las iglesias y sus pastores en lo que debía ser el corazón de su ministerio evangelístico y pastoral: la predicación de la esperanza en Cristo y la proximidad de su Reino eterno.

En qué medida el mensaje de esta canción inspiró al liderazgo evangélico reunido en aquella circunstancia excepcional para lo que vendría después y que en esos días era difícil de imaginar —la democracia (diciembre de 1983), la libertad religiosa y una explosión de proclamación del evangelio en todo el país sin precedentes históricos—, no lo sabemos, pero al menos hubo allí un joven de 22 años que fue inspirado por ella y que, 44 años después, la está recordando en una revista digital en España.

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Hoy, en 2026, mientras aún permanecen intactas las esperanzas de la mayoría de las selecciones en el plano futbolístico y al menos por ahora no tenemos que lamentar “las tristezas del mundial”, hay muchos cristianos y no cristianos que se preguntan qué va a cambiar en la sociedad con la visita reciente del papa León XIV a España. Algunos piensan que, más allá del entusiasmo y las emociones del momento, no tendrá mayor impacto ante el creciente proceso de secularización español y su efecto en el descenso de las vocaciones sacerdotales, la práctica religiosa, y la influencia de una ética cristiana. Además, muchos se preguntan —nos preguntamos— cómo pueda afectar a la aconfesionalidad del Estado la intervención del Papa en el Congreso de los Diputados, o la presencia de cargos y representantes del Estado en actos litúrgicos confesionales. En clave más positiva y optimista, otros auguran un renovado interés de las nuevas generaciones por la fe y el mensaje del evangelio, y no solo entre los católicos.

Sinceramente, yo no lo sé. Lo que sí se, y me recuerda la citada canción de Pancho Martell que me acompaña desde hace tantos años, es que hay muchas ocasiones en este mundo para preguntarse “¿Y ahora qué?”. Pero es en ese momento cuando debemos recordar que el Reino eterno de Dios gobierna sobre los reinos —religiosos y políticos— de los hombres, y que los seguidores de Jesús de Nazaret, ante cualquier cruce de caminos desconcertante de la historia, podemos estar tranquilos y esperanzados si nos enfocamos en la persona de Cristo y en la misión espiritual y trascendente que se nos ha encomendado.

“Que viene Cristo”, no es solo una referencia escatológica al final de los tiempos. Somos muchos los que esperamos “una visitación de Cristo” previa, pronta, en Espíritu. Una visitación que puede estar a la vuelta de la esquina.


[1] Jesús “Pancho” Martell es un popular y prolífico compositor cristiano argentino, cuyas canciones, que popularizó en toda América Latina el Trío Mar del Plata, una conocida formación folclórica cristiana, fueron pioneras en la contextualización musical del mensaje del evangelio, hasta entonces dominada por la música europea o estadounidense.

[2] El contexto: La visita exprés de Juan Pablo II a Argentina el 11 y 12 de junio de 1982 se produce en el ocaso del poder de la dictadura cívico-militar argentina, y en plena guerra de Las Malvinas, que Argentina iba a perder contra el Reino Unido. La canción también describe el estado anímico de los argentinos ese annus horribilis, en el que la selección argentina había quedado eliminada en el mundial de España.

[3] Este verso hace referencia a un eslogan creado por la Junta Militar durante la Guerra de Las Malvinas, que decía: “Cada uno en lo suyo, defendiendo lo nuestro”.

Fuente: Jorge Fernández - junio 2026

Nota de Redacción: Las opiniones de los autores son estríctamente personales y no representan necesariamente la opinión o la línea editorial de Actualidad Evangélica.

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