(Redacción, 29/07/2026) | La organización cristiana World Vision ha alertado de que los seísmos que devastaron el centro-norte de Venezuela el pasado 24 de junio han desencadenado un «terremoto invisible» que afecta a la salud mental y la protección de miles de niños, niñas y adolescentes. Un mes después, la ONG ha prestado ayuda a 44.252 personas en las zonas afectadas, un tercio de ellas niños y niñas, e insta a situar la educación y el acompañamiento psicosocial en el centro de la siguiente fase de la emergencia.
El desastre golpeó a una infancia marcada por pérdidas anteriores. Cerca de 7,9 millones de venezolanos habían emigrado antes de los terremotos, según el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), y se calcula que un millón de menores permanecían al cuidado de familiares o vecinos tras la emigración de sus padres. El seísmo dañó además más de 400 colegios en un sistema educativo ya debilitado por años de deterioro.
Un salvavidas emocional
Ante esta situación, World Vision ha desplegado sus Espacios Seguros para la Infancia en refugios y centros de distribución de ayuda. En ellos, los equipos de la organización ofrecen apoyo psicosocial, actividades artísticas y recreativas para ayudar a los menores a regular sus emociones. La ONG trabaja desde hace más de una década en la región con su iniciativa «Crianza con ternura», un programa de acompañamiento a familias centrado en proteger la salud mental de los niños, las niñas y sus familias frente a las pérdidas que acompañan a un desastre.
La organización explica que la evidencia científica respalda la urgencia del aviso y que muestra que el trauma no superado se almacena en el cuerpo y en el sistema nervioso. Según describen, quienes acumulan cuatro o más experiencias adversas durante la infancia presentan doce veces más probabilidades de sufrir ideas suicidas y un riesgo elevado de padecer enfermedades cardiovasculares en la edad adulta.
La educación, escudo frente al desplazamiento
World Vision sitúa la educación en el centro de la nueva fase de la emergencia. La organización se ha propuesto proporcionar apoyo psicosocial a toda la comunidad escolar, facilitar material y uniformes, rehabilitar infraestructuras educativas, habilitar aulas provisionales y reforzar los mecanismos de protección de la infancia. Antes de la catástrofe, el 22% de los niños y niñas venezolanos en situación migratoria no estaban matriculados en la educación formal, según R4V, la Plataforma de Coordinación Interagencial para Refugiados y Migrantes de Venezuela.
«Restablecer el derecho a la educación es la forma más eficaz de anticipar y prevenir los riesgos de migración irregular y desplazamiento forzoso que muchas familias afectadas por los terremotos podrían considerar», explica Mishelle Mitchell, directora regional de Relaciones Externas de World Vision en América Latina y el Caribe. Mitchell ha instado también a los países vecinos a mantener abiertas las vías de migración regular y el acceso al asilo, y a garantizar que los menores venezolanos puedan acceder a la educación, la protección y el apoyo psicosocial en igualdad de condiciones con la infancia de las comunidades de acogida.
A escala local, la organización reclama el fortalecimiento de las capacidades del Estado venezolano para garantizar el acceso educativo durante la emergencia. Según la Oficina de Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA), los terremotos dañaron más de 1.000 edificios en el país, entre ellos 400 centros educativos. El curso escolar en Venezuela ha concluido este mes de julio y el país afronta ahora el reto de reconstruir el tejido escolar antes del inicio del próximo año académico.




