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SU PALABRA, INTELIGENCIA ESPIRITUAL (IE) PARA NUESTRO TIEMPO / JUAN MANUEL QUERO

Una familia que sirve

Imagen tomada del libro de Juan Manuel Quero: «Su Palabra: Servicio» p. 39.

Las palabras de Moisés son importantísimas: «Ven con nosotros y te haremos bien». Todavía el Señor quiere que levantemos la bandera de nuestra familia (campamento). Por eso hoy Jesús nos sigue pidiendo que vayamos a Él y con Él. Hagamos nuestra mudanza espiritual. Dejemos las goteras de la casa anterior.

(Juan Manuel Quero, 04/05/2026) | Todos recordaremos, más o menos, lo que es una mudanza de una casa. Es un cambio que requiere un esfuerzo, sobre todo cuando ese cambio no es solo de muebles, sino de colegios, administración, etc. Es algo que cuando se hace es porque se ha pensado bien, y porque el cambio favorece, y uno está dispuesto a hacerlo con su familia. En el pasaje de Números, tenemos una descripción de una gran mudanza, cuyos móviles, sobre todo eran espirituales. Partían al lugar que Dios les daba, el mejor: «Entonces dijo Moisés a Hobab, hijo de Ragüel madianita, su suegro: Nosotros partimos para el lugar del cual Jehová ha dicho: Yo os lo daré. Ven con nosotros, y te haremos bien; porque Jehová ha prometido el bien a Israel.» (10:29).

El pueblo de Dios estaba agrupado por familias o clanes, donde algunos ancianos llevaban la dirección. Cada campamento tomaba su determinación de ir hacia delante, aun sabiendo el gran esfuerzo. Moisés, como caudillo, dirigía a todos, pero sobre todo él mismo debía estar con su familia. Se menciona a su suegro Jetro, también llamado Ragüel, y un cuñado,  Hobad. Jetro  tenía 7 hijas, una de ellas Séfora, esposa de Moisés. Estos últimos, tenían dos hijos, por lo menos los que se subieron a un burro (Éxodo 4:20; 1ª Crónicas 23:15): Gerson y Eliecer. Moisés no olvidaba que tenía un ministerio con ellos.

Se nos dice que cada campamento levantaba su propia bandera. Esa bandera proclamaba su confianza en el Señor como familias (v. 25).  ¿Cómo sería esa bandera? Hay banderas de color amarillo para declarar alguna epidemia; blanca para la paz; banderas de guerra; rojas para peligro. No sabemos exactamente cuál sería el escudo, si lo había, o los colores de aquella bandera; pero algo referente a Dios debería de tener. En ese pueblo no había mucho oro, ni mucho poder humano, pero Dios estaba con ellos, por ello su bandera sería similar a la que se menciona en el libro bíblico de Cantar de los Cantares: «Su bandera sobre mí fue amor». En el mismo libro de Números hay un  altar con un nombre que significaba, Dios es mi estandarte (Números 17:15).

Aunque fuesen familias y clanes, los que salían tenían una fe personal. En el Antiguo Testamento se daba gran importancia a esto: «Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es. Y amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas. Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes.» (Deuteronomio. 6:4-9). Vemos en el Nuevo Testamento que eran familias enteras las que se entregaban al Señor, pero no era por fuerza, sino porque una persona tuvo la experiencia de salvación y procuraba que cada individuo de la familia también la tuviera. Como ejemplo tenemos a la familia del carcelero de Filipos: «31 Ellos dijeron: Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa. 32 Y le hablaron la palabra del Señor a él y a todos los que estaban en su casa. 33» (Hechos 16:31-33); o a la de Cornelio: «24 Al otro día entraron en Cesarea. Y Cornelio los estaba esperando, habiendo convocado a sus parientes y amigos más íntimos.» (Hechos 10:24).

No solo se comparte la necesidad de creer, sino también la de servir. Dicen que la causa de que el Mar Muerto esté tan muerto, es porque sólo recibe pero no da nada, son aguas estancas. Moisés sabía que tenían que entregarse a Dios para servirle a Él, y para servirse mutuamente. Hobab vio que habría dificultades; pero Moisés insiste: «Ven con nosotros y te haremos bien» (Números 10:29). Estas deberían ser las palabras de cada creyente a su familia.

Cuando se constituyó la  E.R.E. en España (Enseñanza de Religión Evangélica) para procurar la enseñanza en los colegios públicos, hubo cierto revuelo. Esto fue debido a que muchos pensamos que la enseñanza evangélica o religiosa en general es tarea de la iglesia y de la familia. Es en la familia donde debe inspirar tal responsabilidad con las ofrendas, con el tiempo y con los dones. Cuando buscamos que nuestros hijos prosperen, es importante no preocuparse solamente por los asuntos del colegio sino también de los espirituales, haciéndoles ver dónde se tiene que invertir de forma especial: nuestras vidas. El tema de la E.R.E. en España es excepcional, por las características de las escuelas públicas, ya que la religión católica ha formado parte del sistema educativo en ellas; por lo que siendo así, había que buscar en un ámbito de libertad religiosa, poder mostrar la fe evangélica, y así aprovechar la coyuntura que se da en este contexto social.

A veces se critica de forma muy gratuita a siervos, a misioneros que con sus hijos van a servir en condiciones mediocres. Se suele pensar que no está bien gastar la vida en el Señor; pero muchas veces lo que solemos hacer es gastarla en el servicio a un sistema, o a veces en otras cosas con muy poco sentido.

Las palabras de Moisés son importantísimas: «Ven con nosotros y te haremos bien». Todavía el Señor quiere que levantemos la bandera de nuestra familia (campamento). Por eso hoy Jesús nos sigue pidiendo que vayamos a Él y con Él. Hagamos nuestra mudanza espiritual. Dejemos las goteras de la casa anterior.

Me sorprendieron muchísimo las palabras de Jesús respecto a su familia:

46 Mientras él aún hablaba a la gente, he aquí su madre y sus hermanos estaban afuera, y le querían hablar. 47 Y le dijo uno: He aquí tu madre y tus hermanos están afuera, y te quieren hablar. 48 Respondiendo él al que le decía esto, dijo: ¿Quién es mi madre, y quiénes son mis hermanos? 49 Y extendiendo su mano hacia sus discípulos, dijo: He aquí mi madre y mis hermanos. 50 Porque todo aquel que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos, ese es mi hermano, y hermana, y madre. (Mateo 12:46-50).

Pero después vi que Jesús le daba importancia a su familia, la importancia de poner primero el Reino de Dios y su justicia. Moisés no fue solo por el desierto, estaba Séfora y estaban sus hijos Gersón y Eliecer, que fueron de gran apoyo.  Recordemos las palabras de aquel joven, que se llamaba Josué, que iba detrás de aquellas familias, que portaban una bandera de confianza en Dios: «Yo y mi casa serviremos al Señor» (Josué 24:15).

(Este es uno de los temas que se encuentran en el libro publicado por Juan Manuel Quero: «Su Palabra: Servicio»)

Fuente: Juan Manuel Quero - mayo 2026

Nota de Redacción: Las opiniones de los autores son estríctamente personales y no representan necesariamente la opinión o la línea editorial de Actualidad Evangélica.

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