(Madrid, 23/09/2026) | Tres meses después de los terremotos de magnitud 7,2 y 7,5 que el pasado 24 de junio afectaron gravemente a siete estados de Venezuela, las consecuencias de la catástrofe continúan condicionando la vida de miles de familias. El acceso al agua potable, la seguridad alimentaria, el alojamiento temporal, la protección y la continuidad educativa siguen siendo algunos de los principales desafíos, especialmente para niños, niñas y adolescentes.
Según los datos facilitados por las autoridades nacionales, han fallecido 6.509 personas y se han evaluado más de 60.785 viviendas, de las cuales 11.001 han sido consideradas de alto riesgo. Naciones Unidas estima, además, que 1,3 millones de personas necesitan asistencia humanitaria urgente durante al menos los próximos seis meses.
En este contexto, World Vision continúa desarrollando una respuesta multisectorial dirigida a las comunidades más afectadas. La organización afirma haber prestado asistencia a más de 130.000 personas desde el inicio de la emergencia.
“Tras haber prestado asistencia multisectorial a más de 130.000 personas, somos conscientes de que la población afectada sigue enfrentándose a dificultades, agravadas, entre otras razones, por la volatilidad climática”, señala Maribel Prada, directora nacional de World Vision en Venezuela.

La solidaridad evangélica, presente desde los primeros días
La respuesta de World Vision contó desde las primeras semanas con el apoyo de Diaconía, que canalizó la solidaridad de iglesias y personas de la comunidad evangélica española para atender a las víctimas de los terremotos.
Según informó Actualidad Evangélica el pasado mes de julio, Diaconía recaudó más de 18.000 euros para la emergencia y canalizó esta ayuda conjuntamente con World Vision. En aquella primera etapa, la intervención había alcanzado a 36.720 personas y más de 4.600 hogares en los estados de Yaracuy, Falcón, Carabobo, Aragua, La Guaira, Miranda y el Distrito Capital, mediante 62.440 servicios humanitarios relacionados con alimentación, agua potable, saneamiento, higiene y alojamiento temporal.
La colaboración puso un énfasis particular en la infancia, proporcionando asistencia directa y espacios seguros de protección psicosocial a más de 10.400 niños, niñas y adolescentes. Aunque la campaña de recaudación de Diaconía concluyó tras la fase más crítica, World Vision ya advertía entonces de que la emergencia continuaba y requería una segunda etapa centrada en la recuperación, la protección comunitaria y el acompañamiento emocional.
Protección y educación de la infancia
Tres meses después, las necesidades siguen siendo especialmente visibles en los refugios y campamentos temporales de La Guaira, Miranda y el Distrito Capital. Las temperaturas extremas y las olas de calor, combinadas con episodios de lluvias intensas, incrementan los riesgos de deshidratación, enfermedades gastrointestinales y problemas de saneamiento.
La incertidumbre asociada a la pérdida o deterioro de las viviendas también amenaza la continuidad educativa de los menores, debido a la inestabilidad que caracteriza la vida en los alojamientos temporales.
Para responder a esta situación, World Vision ha establecido más de 20 Espacios Amigos de la Infancia, concebidos como lugares seguros donde los menores pueden recibir apoyo psicosocial y participar en actividades recreativas y educativas. La organización mantiene paralelamente programas de protección, agua, saneamiento e higiene, nutrición y seguridad alimentaria.
En total, World Vision señala que su intervención ha permitido salvaguardar el bienestar de 38.663 niños, niñas y adolescentes.
La organización también prepara nuevas actuaciones dentro de su programa de Educación en Situaciones de Emergencia, con el objetivo de favorecer la permanencia de los menores en la escuela, al tiempo que coordina la ampliación de su respuesta humanitaria a Aragua y Carabobo.
Agua, protección y apoyo psicosocial
Entre las prioridades para los próximos meses figura mantener la distribución a gran escala de agua potable en los refugios y zonas de mayor vulnerabilidad. Para hacer frente a las altas temperaturas, World Vision está incorporando zonas de sombra y puntos de hidratación continua en sus operaciones.
La organización prevé asimismo reforzar las medidas de adaptación ante las lluvias torrenciales y las olas de calor, así como el apoyo psicosocial y las actividades recreativas y educativas destinadas a la infancia.
“Mantener la protección de cada niña y cada niño en el centro mismo de nuestra respuesta es esencial para salvaguardar su salud, dignidad y bienestar general”, afirma Prada, quien asegura que World Vision seguirá ampliando su presencia y coordinando esfuerzos con sus socios para mantener una respuesta sostenible ante una emergencia que, tres meses después de los terremotos, todavía no ha terminado.
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Fuente: World Vision / Redacción: Actualidad Evangélica







