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OPINIÓN / por JOSÉ PABLO SÁNCHEZ

¿Quién representa a los evangélicos?

Imagen: Freepik

Se hacen también muchas caricaturas de las extravagancias de los evangélicos: supuestas sanidades, bailes, expresiones y formas que a algunos le resultan extrañas. Sin embargo, cuando se comparan estas experiencias religiosas con otras que la cultura española acepta con normalidad, se percibe el sesgo xenófobo que hay detrás de esas caricaturas

(José Pablo Sánchez, 15/05/2026) | Hablar de los evangélicos se ha puesto de moda y parece que nadie quiere perderse su parte del pastel, aunque sea aireando, sin escrúpulos y sin investigación, medias verdades, estereotipos y las fobias hacia los protestantes que por tanto tiempo han caracterizado a la sociedad española. En muchas de esas noticias resuena el eco de ¡Fuera, fuera protestantes! que marcó durante siglos al pueblo español.

Frente a esta realidad, sería bueno reflexionar hasta qué punto los propios evangélicos de España estamos alimentando dichas fobias y estereotipos, para hacer un mayor esfuerzo en contextualizar nuestro mensaje y nuestra identidad. Desgraciadamente, no siempre esa autocrítica se acepta y se valora como una herramienta para mejorar nuestro testimonio. Por el contrario, cualquier burla o crítica, se rechaza de plano sin análisis, sin escrutinio, sin reflexión, como un ataque de Satanás o un ataque personal. Es más, en esos círculos, se mira con recelo a aquello hermanos que defienden la importancia de esta reflexión como si estuvieran “apagando el Espíritu” o frenando la misión. El primer gran conflicto que tuvo que sufrir la iglesia primitiva fue la crítica por racismo, pues las viudas griegas no estaban siendo tratadas igual que las judías[i]. Los apóstoles analizaron la crítica, reconocieron que tenían un problema interno y tomaron decisiones para corregirlo. Esa actitud debería marcar siempre nuestra conducta ante la crítica: análisis, reconocimiento y corrección.

Ahora bien, también hay burlas y críticas que no nacen por una conducta inapropiada. Muchos se han burlado de los cristianos desde el origen de la iglesia,[ii] al igual que se burlaron de Jesús,[iii] o del apóstol Pablo.[iv] En estos casos, debemos recordar las palabras de Jesús cuando dijo: “Bienaventurados sois cuando por mi causa os vituperen y os persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo. Gozaos y alegraos, porque vuestro galardón es grande en los cielos; porque así persiguieron a los profetas que fueron antes de vosotros”.[v] La burla no impidió que los primeros cristianos predicaran las Buenas Noticias por todo lugar. Tampoco, impidió que Jesús cumpliera su misión, o que el apóstol Pablo dejara de soñar en ir a España para predicar a Cristo.[vi] Por el contrario, frente a la oposición, los apóstoles oraron pidiendo “valor para predicar”.[vii]

Esta ha sido siempre, también, la actitud del pueblo evangélico español frente a las difamaciones y caricaturas de los medios. Así, a principios del siglo XX aparecía una viñeta donde se veía a un hombre saliendo de una capilla evangélica con una biblia en una mano y una libra esterlina en la otra. [viii] El pie de foto decía «—¿Y bien, Juan, ya eres protestante? —Sí, ya protesto contra todo… ¡menos contra las dos pesetas diarias que me da el pastor!» También, se hizo popular la canción que decía:

«Viene el míster con su Biblia / predicando el libre examen, / y ofrece al pobre que tiene hambre / algo más que un simple examen: / le da un duro de propina / si reniega de la Virgen, / y el infeliz, que no cena, / se hace sintoísta o luterano / según el precio que fijen».

En la misma línea, la historiadora y profesora de la Universidad Autónoma de Barcelona, Doris Moreno, menciona los comentarios de aquellos que veían en el protestantismo una amenaza que pretendía “disolver la unidad e identidad española” y lo presentaban como una “invasión a cara descubierta”.[ix] Estas mentiras, burlas y ataques no impidieron que las iglesias evangélicas siguieran estableciendo colegios, al lado de cada nueva iglesia, y sirviendo a la sociedad, hasta el punto de que personajes tan ilustres como Miguel de Unamuno diera la cara por su amigo pastor protestante Atilano Coco, o que el presidente de la II República, Manuel Azaña, tradujera el libro de “La Biblia en España”, escrito por el protestante George Borrow.

Resulta interesante que después de un siglo, las consignas antiprotestantes sigan siendo las mismas. La primera suele ser sobre la identidad nacional española. Los evangélicos son todos extranjeros, por lo tanto, un buen español, siempre será católico, aunque sea ateo. De la mano de esta consigna está el concepto de “invasión” que pretende atemorizar a la población, como si los evangélicos fueran una amenaza que alterará el orden público, generará conflictos sociales o favorecerá una determinada posición política. Ese temor fue también el factor precipitante de las críticas contra los protestantes a finales del siglo XIX, por las luchas de poder entre los partidarios del trono y el altar contra el movimiento liberal.[x] 

Frente a ese temor habría que hacerse la pregunta ¿Dónde están los conflictos, las revueltas, los altercados e ilegalidades que han cometido los evangélicos desde su presencia estable en el España desde 1869?[xi] Por el contrario, ha sido su demanda de libertad religiosa lo que ha favorecido, de manera determinante, el desarrollo de la libertad de expresión en nuestro país.

 El temor a la invasión o al cambio político está totalmente infundado, pues dentro del movimiento evangélico se encuentran posicionamientos políticos muy diversos, tanto en España como en Latinoamérica o cualquier otro país. Al igual que sucede entre los católicos. A nadie se le ocurriría tildar a los católicos de ser todos radicales de extrema derecha, aunque el 52% de los católicos norteamericanos votaron a Trump en las últimas elecciones, y entre ellos, un 61% eran católicos blancos.[xii] Es más, Marco Rubio, secretario de Estado de Trump, es católico practicante y en el Desayuno de Pascua de 2026, entre otros líderes religiosos, rezó por Trump el obispo de Winona-Rochester, Robert Barron. Aunque el catolicismo americano apoya de manera contundente el gobierno de Trump, a ningún periodista se le ocurriría asociar al catolicismo con el trumpismo, aunque algunos de los líderes católicos hayan manifestado su apoyo por el presidente norteamericano.

Otro ataque frecuente contra los evangélicos es que compran a los nuevos conversos. Es decir, si el protestantismo avanza en España es por que se aprovecha de la vulnerabilidad de las personas. Según estos difamadores, los fondos para comprar a todos estos pobres españoles o inmigrantes, provenían, a principios del siglo XX, de Inglaterra, hoy, dicen que vienen de la CIA. Curiosamente, uno de los protestantes más ilustres de la historia española fue Julio Vizcarrondo Coronado, nacido en Puerto Rico, llegó a ser el primer senador protestante en el Parlamento Español (1886), que consiguió terminar con las leyes que permitían la esclavitud en las colonias españolas. Junto a él, está Luis Usoz y Río, nacido en Bolivia en 1805, dedicó su vida a una intensa labor de recopilación de los escritos de los reformadores españoles del siglo XVI. A su muerte, donó más de diez mil libros a la Biblioteca Nacional, creando el fondo bibliográfico más importante para investigar la vida de aquellos reformadores hasta el día de hoy. Los dos eran latinoamericanos. Los dos eran protestantes y ninguno de ellos provenían de un contexto de vulnerabilidad.

Igual sucede hoy. Entre los inmigrantes que llegan a España hay de todas las clases sociales, de todas las profesiones y todas las condiciones económicas. Es evidente que abundan muchos en situación de precariedad, pero las iglesias evangélicas nunca han condicionado la ayuda humanitaria a la conversión. Por el contrario, a lo largo de la historia han mantenido una gran colaboración entre las distintas familias denominacionales y con las misiones extranjeras que han llegado a España para servir a los españoles.

Se hacen también muchas caricaturas de las extravagancias de los evangélicos: supuestas sanidades, bailes, expresiones y formas que a algunos le resultan extrañas. Sin embargo, cuando se comparan estas experiencias religiosas con otras que la cultura española acepta con normalidad, se percibe el sesgo xenófobo que hay detrás de esas caricaturas. Por ejemplo, “los picaos” de San Vicente de la Sonsierra (La Rioja), una fiesta declarada de Interés Turístico Nacional, donde unas personas se sajan y van en procesión golpeándose la espalda con una madeja con los pies descalzos por horas. Qué decir de la procesión de “los borrachos” de Cuenca, o el salto de la valla en la Romería del Rocío y tantas otras expresiones exóticas que el pueblo español mira con normalidad.  Sobre sanidades, solo hay que ir a los santuarios de Fátima o Lourdes para encontrar historias muy parecidas a las que parecen sorprender a los medios cuando suceden entre los evangélicos. Es más, incluso para la declaración de santos, el Vaticano exige que se demuestre el haber realizado, al menos, dos milagros al candidato. Es decir, a sanidades, milagros, apariciones y extravagancias, a los católicos españoles no les gana nadie.

Por último, alguno ya se estará preguntando sobre la pregunta inicial ¿quién representa a los evangélicos? La respuesta para los católicos es fácil: el Papa, en este caso, León XIV. Para los evangélicos la respuesta es también fácil: Jesús. Puede que no satisfaga a algunos la respuesta, dado que, mirando el movimiento evangélico desde el prisma católico, es imposible entender que no haya nadie, más que Jesús, que les represente, pero es la verdad. Desde Martín Lutero, y otros muchos reformadores, el rechazo a un representante único de Dios en la iglesia ha sido unánime. En el mundo evangélico se valoran a pastores y creyentes que han alcanzado notoriedad por la manera en que han servido a Dios y a la humanidad. La lista es inmensa. Pero ninguno de ellos fue, ni es reconocido, como representante del pueblo evangélico. No obstante, a nivel institucional sí existen organismos democráticos donde se eligen a las personas que realizaran una labor de representación ante la Administración o entre las diversas familias denominacionales. Estas personas representan temporalmente a las entidades que forman parte de dicha asociación, pero nada más.

Frente a las burlas, bulos y caricaturas, el pueblo evangélico español tiene dos alternativas. Una, es el gueto. Encerrarse en sus iglesias y practicar su fe de manera privada, de puertas adentro, poniendo su luz “bajo el almud”.[xiii] La otra, es dar la cara, no avergonzarse, seguir amando al prójimo y anunciando el amor de Dios al mundo sin complejos, en unidad y colaboración con todos, ya sean españoles o no, haciendo realidad la fraternidad del Espíritu Santo que no tiene pasaporte ni color de piel.


[i] Hechos 6:1-7

[ii] Hechos 2:13

[iii] Lucas 22:63

[iv] Hechos 17:32

[v] Mateo 5:11-12

[vi] Romanos 15:24

[vii] Hechos 4:29-30

[viii] Vilar, J. B. (1994). Intolerancia y libertad en la España contemporánea: los orígenes del protestantismo español actual. Madrid: Ediciones Istmo.

[ix] Moreno, Doris. “Propaganda protestante e imprentas en Barcelona El colportor James Graydon y los impresos de Antonio Bergnes de las Casas (1835-1840)” Información, cultura y sociedad /44 (junio 2021).

[x] Moreno, Ibid.

[xi] Presentación, historia. https://ferede.es/quienes-somos/presentacion-historia/

[xii] https://www.infocatolica.com/?t=noticia&cod=50864

[xiii] Mateo 5:15

Fuente: José Pablo Sánchez - mayo 2026

Nota de Redacción: Las opiniones de los autores son estríctamente personales y no representan necesariamente la opinión o la línea editorial de Actualidad Evangélica.

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