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OPINIÓN / por MÁXIMO GARCÍA RUIZ

Pueblo escogido vs. Reino de Dios (II)

Imagen Freepik

El reino de Dios es inmaterial como lo es el mismo Dios y sus integrantes han de asumir ese reino no como si de un derecho inalienable se tratara, sino en base a unas reglas propias de servicio, amor y respeto tanto al prójimo como al lejano; un reino de justicia en el que Jesús está en el centro.

Lo que Jesús dice

(Máximo García Ruiz, 06/05/2026) | En apenas tres escasos años de confrontación de Jesús con el establishment judío se pone en evidencia que lo que se decía por quienes se presentaban como emisarios de Dios, no resulta compatible con lo que Jesús de Nazaret está enseñando como elementos distintivos del reino.

Jesús se presenta como hijo y emisario de Dios y, por así decirlo, cierra un capítulo de la historia; el reencuentro con Dios adquiere nuevas formas, será “en espíritu y en verdad” (cfr. Juan 4:24), por lo que no está limitado a un lugar físico (p.e. el templo de Jerusalén), ni a la intermediación de ningún tipo de agente (p.e. un pueblo o una religión específicos). Entra en escena el Espíritu Santo que hace innecesaria la intervención de cualquier tipo de sacerdocio especializado en calidad de delegados o vicarios de Dios. El reencuentro entre Dios. y el ser humano es de índole personal y directo.

Tan evidente es el desencuentro con los representantes de la religión establecida, a causa del mensaje que Jesús introduce que, aparte de las consecuencias inmediatas que derivan en la crucifixión, llegaría a establecerse un abismo entre ambos sistemas, de tal forma que, aunque los seguidores de Jesús continúan por un tiempo conectados con el templo y la sinagoga, pronto quiebra esa relación y, o bien ellos mismos se desvinculan del ritual judío o bien son los propios judíos los que los repudian.

Oísteis que fue dicho…” La idea de un pueblo especialmente seleccionado con una misión vicaria de cara al mundo sería finalmente malbaratada por sus integrantes, luego ya no sirve como referente. ·…más yo os digo” que ahora prevalece “el reino de Dios, que está entre vosotros”, dentro de cada persona y está al alcance de todos los que le buscan y lo aceptan por fe.

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Reino de Dios

A falta de una definición más específica en los evangelios, deducimos que los judíos contemporáneos de Jesús, en especial las clases humildes y marginadas de la sociedad, asociaron la idea de reino de Dios al mesianismo que habían anunciado algunos profetas. Incluso alguno de los apóstoles parece dar muestra de participar de esa idea, (tal vez Judas y quizás el mismo Pedro) esperando que Jesús, en calidad de mesías, terminaría con la opresión de Roma y haría de Israel un reino potente. Obviamente, el tiempo vino a demostrar que tales ideas no se correspondían con el fondo del mensaje del Galileo, que el mesianismo que Jesús anunciaba tenía otro alcance; de ahí la frustración de unos y otros.

La propia indefinición de los evangelios sobre ese tema dificulta la comprensión y alcance del mensaje. ¿Entrar en el reino? ¿Ser del reino?  ¿Pertenecer al reino?  ¿Hacerse previamente como niños para poder así entrar en el reino? ¿Es excluyente la condición de ser rico? ¿Por el contrario, se trata de un lugar o de un estado reservado únicamente para los pobres?

Tanto el contexto del mensaje como la interpretación inmediata de los evangelistas y de los apóstoles evidencian que se trata de un mensaje de alcance universal no excluyente a no ser por el propio rechazo de los valores y exigencias del reino que cada uno pueda plantear. El mensaje de Jesús viene a decirnos que el reino es para aquellos que han pasado por la vida disminuyendo el sufrimiento humano (cfr. Mateo 25:35,36), rompiendo con ello todos los esquemas teológicos de las religiones.

En definitiva, Jesús enseña lo concerniente al reino de Dios como el nuevo paradigma de la humanidad y reitera que el verdadero título de “pueblo de Dios” no se adquiere por el hecho de ser descendiente de Abraham, ni se consigue por disponer de unas Escrituras consideradas sagradas que confiesen al Dios único; Jesús afirma lo que realmente es ser “pueblo de Dios”, elevados sus integrantes a la categoría de “hijos de Dios”, pertenecientes no tanto a un reino de poder sino a una familia de servicio; insiste en que tal condición exige que los hijos de Dios, en conformidad a las reglas del reino, respeten al prójimo y salvaguarden sus derechos; que es preciso  implantar, es decir, guardar, la justicia que demanda lo que vendrá en denominarse “derechos humanos” como expresión de respeto al prójimo situado en la cúspide de la creación. Ser integrante del reino de Dios es amar a Dios en el prójimo como a uno mismo.

El reino de Dios es inmaterial como lo es el mismo Dios y sus integrantes han de asumir ese reino no como si de un derecho inalienable se tratara, sino en base a unas reglas propias de servicio, amor y respeto tanto al prójimo como al lejano; un reino de justicia en el que Jesús está en el centro.

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Conclusión

En resumen, la buena nueva del reino de Dios se establece en este mundo, pero sin limitarse a un espacio físico; se manifiesta en la vida de las personas que lo reciben y se rigen buscando la voluntad de Dios. Esa es la buena nueva que Jesús anuncia y, a consecuencia de ese anuncio, el sistema establecido no lo soporta y lo crucifica.

Por otra parte, constatar que la incorporación al reino no se produce por o en los pueblos, ningún pueblo, sino por y en los hombres y mujeres que hacen suyas las reglas del reino.

Como resultado, el reino que Jesús anuncia sustituye cualquier idea de pueblo escogido, con preferencia a otros, por Dios.

El reino no es un lugar sino un estado; no es algo del futuro, sino del presente.

El reino está en la propia persona que lo recibe y lo incorpora a su vida.

Es, sobre todas las cosas, un reino de justicia, de amor, de paz y reconciliación, tanto entre las personas como con Dios.

Dicho con otras palabras: “Vosotros sois templo del Espíritu Santo” (1 Corintios 3:16, 17, 6:19).

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Contenidos de esta reflexión “Pueblo escogido vs. Reino de Dios”:

. Prolegómenos

. Lo que fue dicho

. Lo que Jesús dice

Fuente: Máximo García Ruiz - mayo 2026

Nota de Redacción: Las opiniones de los autores son estríctamente personales y no representan necesariamente la opinión o la línea editorial de Actualidad Evangélica.

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