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OPINIÓN / por MÁXIMO GARCÍA RUIZ

«Mito y Tradición»: El mito como lenguaje              

Imagen Freepik de una antigua piedra grabada

Las posturas en torno al mito han sido, habitualmente, temas de debate, especialmente en épocas recientes, no faltando las controversias, especialmente en el ámbito teológico, sobre todo a raíz de la intervención del teólogo protestante alemán Rudolf Bultmann

Prolegómenos

(Máximo García Ruiz, 15/04/2026) | La religión es, por antonomasia, el espacio más representativo, después de la familia, de la convivencia humana. Un espacio en el que la comunicación y el entendimiento entre sus integrantes, adquiere una relevancia significativa.

En esos espacios de convivencia, la palabra se convierte en el medio más significativo para llevar a cabo esa función, aunque, en ocasiones, la palabra por sí sola resulta insuficiente, y es preciso recurrir a otros medios para transmitir ideas o expresar otro tipo de sentimientos.

Dentro de un ámbito de convivencia y compromiso determinado, se hace necesario con frecuencia hacer memoria de otros compromisos y acuerdos comunitarios precedentes que nos unen e identifican con la comunidad, de forma especial si se trata de una comunidad religiosa, en la que existen creencias y prácticas comunes que se llevan a cabo a través de ritos y ceremonias que es preciso depurar y mantener.

Conforme van consolidándose esos vínculos, tanto la palabra, sea oral o escrita, como otros medios de comunicación de los que se sirve la colectividad, van adquieriendo un rango de autoridad que sirve para regular las relaciones de sus integrantes. Ese es el caso que nos ocupa al hacer referencia al mito por una parte y, por otra, a la tradición, que han gozado, o gozan, en el ámbito de la religión cristiana, de tener un papel preponderante a la hora de establecer la historia de cualquier colectivo humano, especialmente si se trata de un colectivo religioso, como ocurre con el cristianismo.

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El mito como lenguaje

En primer lugar, vamos a intentar “desmitologizar” la palabra mito, un concepto procedente del griego mitos, cuyo significado original sería, simplificando, fábula o leyenda, pero también acordarse, reflexionar sobre algo, dar cobertura a lo desconocido e incluso mágico; un término que ha derivado en algunos sectores religiosos hasta adquirir un sentido negativo referido a algo irreal o engañoso, una narración popular fuera de la aauteeenticidad o de la ortodoxia, que recoge el sentido oculto de la realidad; es decir. una mentira, una narración carente de veracidad, en abierta oposición a la historia que, ésta sí, representa la verdad.

Es un hecho evidente que, partiendo de ese tipo de definiciones, un sector importante de los analistas y exégetas bíblicos han venido descalificando el término que nos ocupa, como sinónimo de superchería y de error, una perspectiva alejada de la verdad, discursos hueros que nada tienen que ver con la verdad revelada.

Por otra parte, el propio uso del concepto, tan vinculada a las divinidades que integra la mitología griega, así como otras mitologías posteriores, hace que su significado se circunscriba casi exclusivamente al ámbito de la mitología clásica. En esos casos el sustrato mayor sería equivalente a la fantasía que caracteriza al género literario conocido como novela o, también, al cuento que, por mucha belleza que tengan, no reflejan necesariamente la realidad que se describe.

En todo caso, podemos convenir en que el mito es, por decirlo de una forma aceptable, una herramienta, un tipo de lenguaje singular que, con frecuencia, se sirve de figuras dramáticas para hacer comprensible su relato cuando se refiere a percepciones de la divinidad.

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Las posturas en torno al mito han sido, habitualmente, temas de debate, especialmente en épocas recientes, no faltando las controversias, especialmente en el ámbito teológico, sobre todo a raíz de la intervención del teólogo protestante alemán Rudolf Bultmann (1884-1976), en una confeencia pronunciada en el año 1941 ante un grupo de pastores, donde pronunció una confeencia que alcanzó dimensión y alcance universal.

Bultmann sostiene que los mitos son representaciones de las ideas, valores y costumbres culturales y que el cristianismo tradicional se sirve de mitos que no son comprensibles para la mentalidad moderna. Para Bultmann la “desmitologización” implica separar el contenido esencial del mensaje cristiano de su envoltura mítica para que pueda ser entendido y aceptado por los hombres y mujeres modernos (cfr. Conferencia pronunciada en 1941, cuyo título en español fue Nuevo Testamento y Mitología).

Bultmann expuso su teoría de la “desmitologización” que plantea el reto de interpretar el Nuevo Testamento a la luz de la historia y la cultura modernas, liberándolo de las cosmovisiones mitológicas que le rodean.

En resumen, para Bultmann la “desmitologización” es el proceso de identificar y separar el contenido del mensaje cristiano (el kerigma), que es lo realmente transcendente del cristianismo, de su envoltura mítica. Dicho con otras palabras, desmitificar es interpretar en su sentido real las fórmulas mitológicas que lo rodean expresando lo divino con lenguaje humano y lo supra terrestre con palabras y conceptos limitados a este mundo.

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Despejado el sentido último del término, podemos convenir que, en la Biblia, especialmente en algunos relatos de la Torá o Antiguo Testamento, encontramos algunos mitos envueltos en la cultura hebrea; muchos de ellos resultan coincidentes con mitos recogidos de otras culturas. También nos encontramos con relatos propios que mantienen el formato y contenido de mitos derivados de la propia cultura hebrea.

Podemos hacer referencia al relato de la Creación, al Edén o Paraíso, a la caída del ser humano, al diluvio universal, a la fruta que comieron Adán y Eva, al pez grande (¿ballena?) que se tragó a Jonás, a la lucha del fin del mundo, a la torre de Babel y la confusión de las lenguas, a la burra de Balam,  a personajes como Leviatán, Behemoto, a los Nefilin (seres que nacieron como resultado de la unión indebida de mujeres con algunos ángeles caídos), que pueden ser vistos como míticos o simbólicos.

Por otra parte, están los sueños y visiones de algunos personajes bíblicos que muestran elementos mitológicos que ofrecen una visión propia de la realidad y que pueden ser interpretados como símbolos, alegorías o encargos.

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Esun hecho incuestionable que entre religión y mito existe una estrecha relación, independientemente del alcance que demos a su significado. A semejanza de lo que ocurre en las sociedades modernas, que explican tanto su trayectoria como sus prácticas religiosas por medio de las diferentes ciencias, las sociedades antiguas lo hacían mediane mitos. Se da el caso curioso de que algunos de esos mitos surgidos en culturas muy alejadas unas de otras poseen mitos similares, como la creación del mundo, el diluvio universal, divinidades con perfiles muy semejantes y otros que resulta innecesario mencionar.

Ahora bien, que exista un espacio común entre religión y mito, no significa que sean idénticos o equiparables. La mitología relata hechos, la religión es un sistema de creencias; el mito explica el mundo, la religión se manifiesta a través de un conjunto de ritos y prácticas que buscan la proximidad con la divinidad; los mitos fundamentan las creencias racionalmente, las religiones interiorizan las creencias por medio de la fe.

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Contenidos de esta reflexión “Mito y Tradición”:

. Prolegómenos

. El mito como lenguaje

. Tradición como referente histórico

Fuente: Máximo García Ruiz - abril 2026

Nota de Redacción: Las opiniones de los autores son estríctamente personales y no representan necesariamente la opinión o la línea editorial de Actualidad Evangélica.

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