(Juan Manuel Quero, 01/06/2026) | ¿Has tenido alguna vez un sentimiento o deseo de venganza? En los salmos de la Biblia es fácil encontrar expresiones de venganza en la boca de los mismos siervos de Dios. Pero, esta expresión se dirige a Dios, para que traiga equilibrio a sus vidas. Cuando alguien nos daña fuertemente, la reacción inmediata no suele ser la de generar un sentimiento dulce y de amor, sino todo lo contrario. Sin embargo, la Biblia nos enseña que no debemos vengarnos nosotros, sino que dejemos a Dios que haga justicia (Romanos 12:19).
La situación que presenta David en su propia vida es de las más adversas; parece que todo le va al revés, y que se ha quedado solo ante la agresiva mirada de los más cercanos. En los primeros versículos del Salmo 109 se hace una descripción detallada de la forma en la que un hombre, en este caso David, es atacado. Es un ataque pertrechado con las destructivas armas de la lengua: «boca injusta»; y «lengua mentirosa» (v. 2). Algunos son expertos en el uso de este tipo de armamento destructivo. Tan común ha sido esto en el ámbito de las relaciones humanas, que en la Biblia abundan los textos que tienen el fin de frenar esto.
Muy conocidos son los textos que sobre la forma de dañar con las palabras, aparecen en la epístola de Santiago, que describe la «lengua» como muchas ilustraciones que causan dolor de forma muy gratuita, aparentemente para los que se aplican a este ejercicio. ¿Has sentido alguna vez el dolor y asedio de los que disfrutan hablando mal de otros?
Está mal este tipo de comportamientos; pero, es peor cuando, como dice David, todo esto se produce sin causa alguna (v. 3). ¿Qué mueve a las personas a tales acciones? El salmo nos habla del odio: «Con palabras de odio me han rodeado». Esto es todo lo contrario al «amor», y se genera de forma paulatina por albergar amarguras y situaciones no arregladas; envidias, celos y todo aquello que nos hace mirar al otro de una forma negativa.
¿Te ha ocurrido alguna vez, que, incluso a las personas que te han difamado o despreciado, les has respondido de forma amorosa, y aun así han ido contra ti? Es lo que el salmista está expresando: «En pago de mi amor me han sido adversarios; mas yo oraba.» (v. 4). La Biblia nos enseña que tenemos que amar a nuestros enemigos, y que hemos de bendecir a los que nos maldicen (Romanos 12:14). Ahora bien, cuando en respuesta a nuestro amor y nuestros deseos de prosperidad y bendición para otros, seguimos recibiendo rechazo y acciones de maldad, la situación se hace más complicada.
La Biblia nos enseña que hemos de dar bien por mal; pero cuando es lo contrario, es decir que recibimos constantemente «mal por bien», la fragilidad humana se hace visible: «Me devuelven mal por bien, y odio por amor» (v. 5). Como cristianos, si nos golpean en una mejilla, hemos de poner la otra, en este sentido de no movernos por venganza; pero, cuando después de esto todo sigue igual, hay que poner cierto «cortafuegos».
Nuestro cortafuegos también es Dios en nuestras vidas. Podemos declarar nuestro deseo de justicia, e incluso declarar, cuando todo es evidente, que hay alguien que está junto a estas personas que no se arrepienten y que aman la destrucción. Así podemos unirnos con lo que dice el salmista en el versículo 6, es decir, que Satanás está orquestando todo esto, y estas personas colaboran con él. Ante todo esto, el salmista pide que caiga todo el mal que ellos mismos desean; es decir, que Dios haga justicia (v. 6).
He querido poner como título a esta reflexión, según nos dice el versículo 28: «Maldigan ellos, pero bendice tú». Estamos poniendo a Dios en medio de la situación para que intervenga y ponga todo en su sitio. ¡Dios lo hará! Hay cosas que nosotros no podemos cambiar. Tampoco podemos cambiar a las personas; es Dios quien puede, y aun así, muchos no quieren cambiar. Es Dios quien juzgará estas situaciones y actuará, pues Él sigue siendo salvador en todas las complejidades humanas.
Esto implica que nosotros no entremos en el círculo vicioso de la maldición y del mal; sino que alabemos a Dios y lo reconozcamos, ya que Él siempre se pondrá cerca del que necesita su ayuda y lo reconoce. Es Dios quien nos librará, pues, aunque incluso nosotros mismos nos hayamos equivocado, Dios es misericordioso para perdonar y traer ánimo, consuelo y vida: «Y tú, Jehová, Señor mío, favoréceme por amor de tu nombre; líbrame, porque tu misericordia es buena» (v. 21). Así se dice también en los versículos 30 y 31 de este salmo: «Yo alabaré a Jehová en gran manera con mi boca, y en medio de muchos le alabaré. Porque él se pondrá a la diestra del pobre, para librar su alma de los que le juzgan.»
(Este es uno de los temas que se encuentran en el libro publicado por Juan Manuel Quero: «Su Palabra: Vida abundante»)




