(Máximo García Ruiz, 05/06/2026) | Consideramos que el tema libre albedrío vs. predestinación ha quedado, aunque de forma breve, suficientemente expuesto, sabiendo que, en el cristianismo, existen partidarios de una y de otra creencia que argumentan su postura apoyándose en diferentes textos bíblicos. En nuestro caso, nos limitamos a plantear una síntesis teológica fuera de un posible debate esgrimiendo una batería de textos en busca de apoyo para la defensa de cada postura. Postura que nada nuevo aportaría, puesto que llevarlo a cabo exigiría entrar en una exégesis bíblica exhaustiva inadecuada y desproporcionada para esta serie de artículos breves de divulgación teológica. Debate que, por otra parte, ya ha tenido lugar en otros muy diversos foros.
Ahora bien, al socaire de estas reflexiones nos detendremos a considerar la influencia que la doctrina del libre albedrío ha tenido en el amplio y diverso espectro de iglesias derivadas de la Reforma protestante, en lo que a la Biblia se refiere, conocido como “libre examen”.
Se trata, ciertamente, de una característica protestante vinculada al reconocimiento de la autonomía del creyente, tanto en lo que tiene que ver con su relación con Dios como con la lectura e interpretación de la Biblia. El libre examen implica que cada persona tiene la capacidad y el derecho de leer, comprender e interpretar la Biblia, conforme a su criterio personal.
Como consecuencia de esa libertad personal, se rechaza la necesidad de incorporar al texto bíblico comentarios exegéticos o de cualquier otra índole que puedan inducir al lector y condicionar con ello su libertad, sin tener en cuenta la dificultad que entraña aplicar esos criterios a un texto con orígenes tan diversos, géneros literarios tan diferentes, escritos en lenguas muertas fruto de traducciones complejas, todos ellos formen parte de un mismo trasfondo cultural judío en sí mismo diverso al abarcar un período de tiempo tan extenso.
Esta doctrina del libre examen surge como reacción a la rigidez aplicada a la lectura de la Biblia por parte de la Iglesia occidental a lo largo de la Edad Media, así como al desplazamiento de los feligreses por parte de la clerecía a cuyo frente se encontraba el Papa. Los reformadores reaccionan declarando a la Biblia como fuente única de autoridad y verdad poniéndola al alcance de todos aquellos que desearan buscar en ella la palabra de Dios, dando paso así al libre examen, y dando por sentado que todos los lectores tienen la facultad de interpretarla correctamente. Libertad personal para relacionarse con Dios y libertad para la interpretación personal de las Escrituras.
A nadie se le escapan los riegos que entraña mantener esos criterios debido al razonable peligro de caer en interpretaciones subjetivas o fruto de la ignorancia, de cuyos peligros han surgido multitud de ramificaciones denominacionales y familias eclesiales, fuera del tronco histórico de la Iglesia universal, que son consideradas por las mayorías históricas como sectas.
El dilema de la tradicional postura protestante del libre examen de la Biblia aplicado a nivel personal no deja, por consiguiente, de plantear problemas entre el individuo y la comunidad, por una parte, y entre comunidades en genera, por otra.
Dos diques históricos ponen todo su empeño en controlar y evitar esos desvíos teológicos que dan lugar a nuevas denominaciones eclesiales: la comunidad de fe y la tradición, sin que en la práctica hayan podido evitarse los desvíos teológicos a los que hacemos referencia.
Contenidos de esta reflexión “Libre Albedrío y Biblia”:
. Libre Albedrío
. Predestinación
. Libre examen de la Biblia




