(Redacción, 09/04/2026) | Una nueva oleada de ataques aéreos sacudió Líbano en las últimas horas con más de un centenar de bombardeos en distintas regiones del país. El balance provisional es de al menos 89 personas fallecidas y 700 heridas en un solo día, según denuncia World Vision a través de datos aportados por el Ministerio de Salud Pública. La escalada intensifica una crisis que ya había dejado más de 1.500 muertos desde comienzos de marzo, entre ellos al menos 130 niños, y más de 4.600 heridos.
Las autoridades libanesas describen la situación como “catastrófica”. Equipos de emergencia tratan de responder a la magnitud del impacto, con la Cruz Roja Libanesa desplegando decenas de ambulancias para atender a los afectados. Sin embargo, la presión sobre el sistema sanitario y los servicios básicos es cada vez mayor.
Los bombardeos han alcanzado zonas densamente pobladas de Beirut, el valle de la Bekaa y el sur del país. Muchas familias han tenido que abandonar sus hogares en varias ocasiones en busca de seguridad. Algunas se refugian en espacios saturados; otras permanecen en tiendas de campaña, vehículos o viviendas de acogida que ya no pueden asumir más personas. La destrucción de infraestructuras esenciales, como puentes, escuelas y centros de salud, ha dejado a numerosas comunidades aisladas, sin acceso suficiente a alimentos, atención médica o ayuda humanitaria.
En este contexto, la infancia sufre las consecuencias más graves. Más de 390.000 niños y niñas han sido desplazados dentro del país. Muchos han perdido su entorno familiar y educativo y enfrentan situaciones de miedo constante e incertidumbre. La falta de espacios seguros y la presión sobre las familias aumentan el riesgo de trauma psicológico, abuso y explotación.
“Esta última escalada es devastadora para los niños y niñas, que ya han sufrido demasiado”, señaló Heidi Diedrich, directora nacional de World Vision en Líbano. “Desde Beirut hasta la Bekaa y el sur del país, la infancia vive sumida en el miedo, el desplazamiento y la pérdida. Para quienes han soportado años de crisis, esta situación agrava la incertidumbre y eleva el riesgo de daños a largo plazo”.
El acceso de la ayuda humanitaria se ha reducido de forma significativa. La inseguridad, los daños en carreteras y las restricciones de movimiento impiden que muchas organizaciones lleguen a las zonas más afectadas. A pesar de estas dificultades, entidades como World Vision continúan prestando asistencia básica (alimentos, productos de higiene y apoyo psicosocial) a miles de personas desplazadas.
“Cada hora cuenta. Hay que proteger a la infancia, y la comunidad internacional debe actuar ahora para evitar más sufrimiento”, afirmó Diedrich. “Hacemos un llamamiento a todas las partes para que reduzcan la violencia y trabajen por una paz duradera, permitiendo al mismo tiempo el acceso seguro de la ayuda humanitaria”.
La situación en Líbano se agrava sobre una crisis previa marcada por la inestabilidad económica y social. La nueva escalada no solo incrementa el número de víctimas, sino que profundiza el sufrimiento de miles de familias que ya vivían en condiciones de extrema vulnerabilidad.
Ante este escenario, organizaciones humanitarias insisten en la necesidad de una respuesta urgente y sostenida. La protección de la vida, especialmente la de los más pequeños, se ha convertido en una prioridad ineludible en medio de un conflicto que sigue dejando heridas profundas en la población.
En medio de esta situación, organizaciones humanitarias continúan trabajando sobre el terreno para sostener a las familias afectadas. Desde el inicio de la escalada, más de 141.000 personas desplazadas —entre ellas más de 50.000 niños y niñas— han recibido ayuda básica como alimentos, productos de higiene y apoyo emocional. Sin embargo, la magnitud de la crisis supera con creces la capacidad de respuesta actual, y exige un compromiso internacional firme y continuado que garantice a la infancia algo tan esencial como crecer con seguridad y dignidad.





