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VIDA DE IGLESIA

El Consejo Evangélico del País Vasco celebra por primera vez un culto íntegramente en euskera

Un culto que reunió a más de cien personas y contó con la asistencia de autoridades municipales y autonómicas del País Vasco. 

(Redacción, 10/06/2026) | El pasado 30 de mayo, el Consejo Evangélico del País Vasco (CEPV) marcó un hito en su historia al celebrar por primera vez un culto completamente en euskera en su sede, el local de la Iglesia Evangélica de Durango. Bajo el lema Seamos uno para que el mundo crea, tomado de Juan 17:21, más de cien fieles llenaron el local, con traducción simultánea disponible para quienes lo necesitaron.

El acto reunió a representantes políticos de primer nivel. Nerea Melgosa, consejera de Bienestar, Juventud y Reto Demográfico; Txema Ezkerra, director de Diversidad, Convivencia y Solidaridad Intergeneracional; y Mireia Elkoroiribe, alcaldesa de Durango, estuvieron presentes en un culto que no pasó desapercibido para las instituciones locales y autonómicas.

Julio Martínez, presidente del CEPV, destacó el significado de que las autoridades pudieran ver de cerca a esta comunidad de fe.

«Se pudo dar a conocer la iglesia evangélica desde otra perspectiva», señaló, y añadió que los representantes políticos «salieron contentos de ver que dentro del pueblo vasco había un pueblo evangélico que era completamente autóctono; las formas, el estilo y todo era enraizado en la cultura vasca».

La escena contrasta con la imagen más extendida sobre la comunidad evangélica en España, a menudo asociada en el imaginario popular a personas extranjeras. Lo cierto es que la presencia evangélica en el País Vasco es mucho más antigua de lo que muchos imaginan. Ya en los siglos XIII y XIV existían en la región grupos de creyentes, principalmente valdenses, que encarnaban lo que podría considerarse la expresión más latina de las ideas que siglos después darían lugar a la Reforma protestante. La comunidad evangélica vasca, en definitiva, tiene raíces más profundas de lo que suele reconocerse.

Tras el culto, la jornada continuó con un tiempo de pintxopote, el tradicional picoteo vasco, que sirvió de marco para la convivencia y el encuentro entre asistentes y autoridades en un ambiente distendido.

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