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AYUDA HUMANITARIA Y ORACIÓN

La comunidad evangélica se moviliza en oración y ayuda humanitaria por Filipinas tras un terremoto histórico

© Wikimedia/ BFP Filipinas. Los equipos de rescate respondieron a un terremoto de magnitud 7,8 que sacudió la provincia de Sarangani, en el sur de Filipinas, en la madrugada del lunes. Fuente: ONU

World Vision y UNICEF despliegan su respuesta de emergencia en Mindano y Puertas Abiertas llama a la comunidad evangélica a orar por las víctimas. 

(Redacción, 10/06/2026) | Un devastador seísmo de magnitud 7,8 golpeó el sur de la isla filipina de Mindanao durante la mañana del lunes, justo en el momento en que millones de niños comenzaban el nuevo curso escolar. Al menos 35 personas han muerto, más de 130 han resultado heridas y una decena permanecen desaparecidas. La comunidad cristiana internacional y organizaciones como Puertas Abiertas han reaccionado con consternación, y han llamado a la oración y a la acción solidaria ante la catástrofe más grave que sacude al país desde 1990.

La provincia de Sarangani fue una de las zonas más castigadas, con 17 fallecidos, muchos de ellos víctimas de deslizamientos de tierra. En General Santos, la ciudad más cercana al epicentro, se reportaron 10 muertos y al menos 22 personas seguían desaparecidas. Los informes iniciales apuntan a daños generalizados en escuelas, hospitales y edificios públicos. La tragedia golpea a un país donde la fe cristiana está profundamente arraigada y donde las iglesias locales ya han comenzado a organizar respuestas de emergencia entre sus congregaciones.

Las organizaciones humanitarias de inspiración cristiana se encuentran entre las primeras en movilizarse. World Vision, presente en la región desde hace años, activó de inmediato sus protocolos de emergencia. Su director en Filipinas, el Dr. Herbert Carpio, declaró que «en desastres de esta magnitud, los niños suelen ser los más vulnerables. Estamos listos para responder con ayuda de emergencia e intervenciones de protección infantil». UNICEF también aseguró estar lista para apoyar al Gobierno y subrayó que la seguridad de estudiantes y docentes es su «máxima prioridad».

Los testimonios desde el terreno reflejan el impacto humano y emocional de la catástrofe. Kurt, un joven de 16 años de la ciudad de Kidapawan, vivió el seísmo durante la ceremonia de inicio de curso en su colegio: «Estábamos en medio de la ceremonia de izar la bandera cuando ocurrió el terremoto. Algunos compañeros estaban llorando, e incluso uno se desmayó, pero los maestros nos ayudaron a mantenernos a salvo y nos indicaron lo que teníamos que hacer; agacharnos, cubrirnos y sujetarnos». Cuando cesó el temblor principal, los profesores los enviaron a casa: «Sentíamos que el suelo se movía, lo que nos dificultaba incluso mantenernos en pie».

El presidente de Filipinas, Ferdinand Marcos, declaró que las autoridades «están coordinando la respuesta en todas las áreas afectadas». El seísmo también activó alertas de tsunami en varios países de la región, con recomendaciones de evacuación inmediata hacia zonas elevadas para los residentes de las provincias costeras. La situación se complica además porque Mindanao atraviesa el inicio de la temporada de lluvias, lo que aumenta el riesgo de nuevos deslizamientos y dificulta las labores de rescate.

No es la primera vez que esta región sufre una tragedia de esta envergadura. En 2024, una serie de terremotos sacudió la región y dejó comunidades que aún no habían terminado de recuperarse cuando llegó esta nueva catástrofe, incomparablemente más grave y que no se iguala desde 1990. Para las iglesias protestantes filipinas y para la Iglesia evangélica global, este momento es una llamada concreta a la solidaridad, para orar por las víctimas, apoyar a las organizaciones sobre el terreno y no apartar la mirada de un pueblo que se levanta entre escombros una vez más.

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