La Reforma protestante y la creación de los estados modernos europeos (IV)

Sacro Imperio. Se rompe la unidad religiosa

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Carlos I de Espa√Īa en sus a√Īos de retiro / TIZIANO
 
(M√ĀXIMO GARC√ćA RUIZ*, 19/12/2016) |¬†La Reforma protestante tiene un trasfondo pol√≠tico y cultural que no debemos obviar, sin cuyo conocimiento nos resultar√≠a muy dif√≠cil comprender los avatares que se producen con ocasi√≥n del surgimiento de la Reforma protestante... Dios, ciertamente, no act√ļa fuera de la historia.
 
Como ya vimos anteriormente, Espa√Īa, m√°s concretamente sus reyes, se ha convertido en la potencia m√°s poderosa de Europa al confluir en Carlos de Habsburgo las coronas del Sacro Imperio Romano-Germ√°nico [1] (entre 1520 y 1558) y la del Reino de Espa√Īa, integrada por las coronas de Castilla, Arag√≥n y Navarra (desde 1516 a 1556), con sus extensas posesiones, en √Āfrica, Asia y el continente americano, recientemente anexionado a la corona de Castilla. El rey es conocido como Carlos I de Espa√Īa y V de Alemania. Su papel va a ser determinante en la historia del continente y en el desarrollo de los cambios religiosos que van a producirse en sus dominios.

La ambici√≥n pol√≠tica de Carlos le hizo percibirse a s√≠ mismo como titular de un gran imperio cristiano universal, mucho m√°s all√° de las ya extensas posesiones territoriales de que dispon√≠a. Pero una cosa era el poder que ejerc√≠a sobre los reinos de Espa√Īa y otra la compleja situaci√≥n pol√≠tica del Imperio.

Salvo la dependencia com√ļn del emperador, cada estado o ciudad libre manten√≠a su autonom√≠a pol√≠tica, sometidos cada uno de ellos a sus pr√≠ncipes electores o al resto de ¬†¬†pr√≠ncipes, duques y obispos respectivos...

El Sacro Imperio Romano-Germ√°nico, en cuyo √°mbito geogr√°fico se produce la Reforma, era una agrupaci√≥n pol√≠tica ubicada en la Europa occidental y central, cuyo √°mbito de poder recay√≥ en el emperador romano germ√°nico desde la Edad Media hasta inicios de la Edad Contempor√°nea, ya en el siglo XVI. En el reinado del emperador Carlos V, adem√°s del territorio de Holstein (la regi√≥n ubicada entre los r√≠os Elba y Eider), el Sacro Imperio comprend√≠a Bohemia, Moravia y Silesia (regi√≥n hist√≥rica de Europa Nororiental que hoy est√° casi enteramente en Polonia). Por el sur se extend√≠a hasta Carniola (regi√≥n de Eslovenia, alrededor de la capital Liubliana)¬† en las costas del Adri√°tico; por el oeste, abarcaba el condado libre de Borgo√Īa (Franco-Condado) y Saboya, fuera de G√©nova, Lombard√≠a y Toscana en tierras italianas. Tambi√©n estaba integrada en el Imperio la mayor parte de los Pa√≠ses Bajos, con la excepci√≥n del Artois (regi√≥n tradicional del Norte de Francia que est√° en el departamento de Paso de Calais) y Flandes, al oeste del r√≠o Escalda.

Dada la diversidad de regiones que integraban el Imperio, con sus muy diversos idiomas y dialectos, la realidad era que no formaba una s√≥lida unidad pol√≠tica ni el Imperio llegar√≠a a transformarse en un estado europeo √ļnico cuando fue emergiendo el nuevo r√©gimen. Eran muchos los sectores disconformes con el sistema pol√≠tico que a√Īoraban la figura de los antiguos Landfrieden por lo que, durante ese tiempo, fue tomando cuerpo el concepto de "reforma" en el sentido del verbo latino re-formare, recuperar la forma pret√©rita, algo que hac√≠a tiempo que se hab√≠a perdido y que los reformadores religiosos identificar√≠an con recuperar los or√≠genes del cristianismo.

Salvo la dependencia com√ļn del emperador, cada estado o ciudad libre manten√≠a su autonom√≠a pol√≠tica, sometidos cada uno de ellos a sus pr√≠ncipes electores o al resto de ¬†¬†pr√≠ncipes, duques y obispos respectivos, seculares unos y religiosos otros, que ejerc√≠an como se√Īores feudales de alguno de esos estados o ciudades libres. S√≠ se conservaba bajo la responsabilidad imperial la defensa de sus territorios y la estabilidad pol√≠tica y religiosa. Esa autoridad se ejerc√≠a con ocasi√≥n de posibles conflictos entre los pr√≠ncipes o de estos con el propio emperador; conflictos territoriales que no resultaban extra√Īos entre los pr√≠ncipes y duques que integraban el Imperio quienes, con frecuencia, se enzarzaban en disputas internas, que a menudo desembocaban en guerras locales. El consenso se hizo necesario en muchas ocasiones.

La Dieta era el órgano legislativo imperial, una complicada asamblea representativa de los diferentes estados y ciudades libres que se reunía a petición del emperador, sin una periodicidad establecida y en cada ocasión en una nueva sede

El elemento vertebrador del Imperio era la religi√≥n cat√≥lica medieval, a√ļn a pesar de los desencuentros que se produjeron entre el Vaticano y el Imperio. No perdamos de vista un dato trascendental, como es el hecho de que el Papa ten√≠a la facultad de la excomuni√≥n a cualquier persona, fuera vasallo o perteneciente a la nobleza, incluido el propio emperador, con cuya excomuni√≥n, caso de producirse, perd√≠a toda la autoridad de que estaba revestido. Con todo, la relaci√≥n del Papa con el emperador tuvo puntas de tensi√≥n y conflicto muy notables, que no viene al caso se√Īalar aqu√≠. S√≠ afirmar que esas circunstancias obligaban al emperador a hacer frente en√©rgicamente a cualquier rebeld√≠a o conflicto religioso que pudiera perturbar la paz social o atentar contra la estabilidad religiosa.

La Dieta era el √≥rgano legislativo imperial, una complicada asamblea representativa de los diferentes estados y ciudades libres que se reun√≠a a petici√≥n del emperador, sin una periodicidad establecida y en cada ocasi√≥n en una nueva sede. Haremos referencia expresa m√°s adelante a una de esas Dietas, la celebrada en Worms en el a√Īo 1521, que marcar√≠a el punto de inflexi√≥n y no retorno de la Reforma protestante.

La publicaci√≥n de las 95 Tesis de Lutero y el conflicto socio-religioso que provocaron, hizo que algunos pr√≠ncipes y duques locales vieran la oportunidad de establecer un frente de oposici√≥n al emperador, consiguiendo as√≠ una mayor independencia. El Imperio se vio, de esta forma, amenazado por las disputas religiosas producidas en torno a la proclama de Lutero. A ra√≠z de estas disputas, el norte y el este, as√≠ como la mayor√≠a de sus ciudades, como Estrasburgo, Fr√°ncfort y N√ļremberg, se alinearon en el lado protestante, mientras que las regiones meridionales y occidentales se mantuvieron mayoritariamente en el catolicismo.

Sin entrar todav√≠a en el n√ļcleo central de la Reforma, es evidente que su irrupci√≥n en la Europa del siglo XVI supuso un duro golpe para la estabilidad del Sacro Imperio, ya que desaparece uno de los pilares sobre los que se sosten√≠a, como era la unidad religiosa bajo el liderazgo de la Iglesia de Roma, una situaci√≥n que culminar√≠a de facto con la retirada o jubilaci√≥n del emperador Carlos y la divisi√≥n del imperio entre sus dos hijos, Fernando y Felipe. Se introduce de esta forma una nueva visi√≥n del cristianismo occidental y, con ella, una manera diferente de hacer pol√≠tica, contribuyendo con ello a la creaci√≥n de los nuevos estados europeos y la b√ļsqueda, por parte de algunos de ellos, del apoyo religioso de una iglesia nacional.



[1] En realidad, a partir de la Dieta de Colonia, en 1512 el Imperio pasa a denominarse Sacro Imperio Romano de la Nación Alemana.

Autor: Máximo García Ruiz*, Noviembre 2016.


© 2016- Nota de Redacción: Las opiniones de los autores son estríctamente personales y no representan necesariamente la opinión o la línea editorial de Actualidad Evangélica.

20120929-1*M√ĀXIMO GARC√ćA RUIZ, nacido en Madrid, es licenciado en Teolog√≠a por la Universidad B√≠blica Latinoamericana, licenciado en Sociolog√≠a por la Universidad Pontificia de Salamanca y doctor en Teolog√≠a por esa misma universidad. Profesor de Sociolog√≠a y Religiones Comparadas en la Facultad de Teolog√≠a¬† de la¬† Uni√≥n¬†Evang√©lica Bautista de Espa√Īa (UEBE), en Alcobendas, Madrid y profesor invitado en otras instituciones. Pertenece a la Asociaci√≥n de Te√≥logos Juan XXIII. Ha publicado numerosos art√≠culos y estudios de investigaci√≥n en diferentes revistas, diccionarios y anales universitarios y es autor de 24 libros, algunos de ellos en colaboraci√≥n.

 

 

 

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Máximo García Ruiz

 

La creación de los estados modernos europeos, tal y como los conocemos hoy en día, no hubiera sido posible sin la existencia de la Reforma protestante y su correlato, el Concilio de Trento, tal y como veremos más adelante.

De igual forma, la Reforma no hubiera podido tener lugar, en su inmediatez histórica, sin la existencia del Humanismo y su manifestación artística y científica conocida como Renacimiento. Ahora bien, para poder centrar el tema, tenemos que remontarnos a la era anterior, la Edad Media, y poner nuestra mirada inicial, como punto de partida, en la Escolástica, el sistema educativo, el sistema teológico que identifica ese período, así como en el Feudalismo como forma de gobierno y estructuración social.

Para el escolasticismo la educaci√≥n estaba reservada a sectores muy reducidos de la poblaci√≥n, sometida a un estricto control de parte de la Iglesia. A esto hay que a√Īadir que el sistema social estaba subordinado, a su vez, al ilimitado y caprichoso poder de los se√Īores feudales bajo el paraguas de la Iglesia medieval que no s√≥lo controlaba la cultura, sino que somet√≠a las voluntades de los siervos, que no ciudadanos, amparada por un r√©gimen considerado sagrado, en el que sus representantes actuaban en el nombre de Dios.

La Escolástica se desarrolla sometida a un rígido principio de autoridad, siendo la Biblia, a la que paradójicamente muy pocos tienen acceso, la principal fuente de conocimiento, siempre bajo el riguroso control de la jerarquía eclesiástica. En estas circunstancias, la razón ha de amoldarse a la fe y la fe es gestionada y administrada por la casta sacerdotal.

En ese largo per√≠odo que conocemos como Edad Media, en especial en su √ļltimo tramo, se producir√≠an algunos hechos altamente significativos, como la invenci√≥n de la imprenta (1440) o el descubrimiento de Am√©rica (1492), que tendr√°n una enorme repercusi√≥n en √°mbitos tan diferentes como la cultura, las ciencias naturales y la econom√≠a. En el terreno religioso, la escandalosa corrupci√≥n de la Iglesia medieval lleg√≥ a tales extremos que fueron varios los pre-reformadores que intentaron una reforma antes del siglo XVI: John Wycliffe (1320-1384), Jan Hus (1369-1415), Girolamo Savonarola (1452-1498), o el predecesor de todos ellos, Francisco de As√≠s (1181/2-1226) y otros m√°s en diferentes partes de Europa. Todos ellos, salvo Francisco de As√≠s, que fue asimilado por la Iglesia, tuvieron un final dram√°tico, sin que ninguno de esos movimientos de protesta, no siempre ajustados por acciones realmente evang√©licas, consiguiera mover a la Iglesia hacia posturas de cambio o reforma.

 

No era el momento. No se daban los elementos necesarios para que germinaran las proclamas de estos aguerridos profetas, cuya voz qued√≥ ahogada en sangre. El pueblo estaba sometido al poder y atemorizado por las supersticiones medievales; las √©lites eran ignorantes y no estaban preparadas para secundar a esos l√≠deres que, como Juan el Bautista, terminaron clamando en el desierto, a pesar de que su mensaje, como las melod√≠as del flautista de Hamelin, consiguiera arrastrar tras de s√≠ algunos centenares o miles de personas. ¬ŅCu√°l fue la diferencia en lo que a Lutero se refiere? La respuesta, aparte de invocar aspectos transcendentes conectados con la fe de los creyentes es, desde el punto de vista hist√≥rico, sencilla y, a la vez, complicada; hay que buscarla, entre otras muchas circunstancias hist√≥ricas, en el papel y en la influencia que ejercieron el Humanismo y el Renacimiento. Existen otros factores, sin duda, pero nos centraremos en estos dos.

 

Identificamos como Humanismo, al movimiento producido desde finales del siglo XIV que sigue con fuerza durante el XV y se proyecta al XVI, que impulsa una reforma cultural y educativa como respuesta a la Escolástica, que continuaba siendo considerada como la línea de pensamiento oficial de la Iglesia y, por consiguiente, de las instituciones políticas y sociales de la época. Mientras que para la educación escolástica las materias de estudio se circunscribían básicamente a la medicina, el derecho y la teología,  los humanistas se interesan vivamente por la poesía, la literatura en general (gramática, retórica, historia) y la  filosofía, es decir, las humanidades. Con ello se descubre una nueva filosofía de la vida, recuperando como objetivo central la dignidad de la persona. El hombre pasa a ser el centro y medida de todas las cosas.

 

La corriente humanista da origen a la formaci√≥n del esp√≠ritu del Renacimiento, produciendo personajes tan relevantes como, Petrarca (1304-1374) o Bocaccio (1313-1375), Nebrija (1441-1522), Erasmo (1466-1536), Maquiavelo (1469-1527), Cop√©rnico (1473-1543), Miguel √Āngel (1475-1564), Tom√°s Moro (1478-1535), Rafael (1483-1520), Lutero (1483-1546), Cervantes (1547-1616), Bacon (1561-1626), Shakespeare (1564-1616), sin olvidar la influencia que sobre ellos pudieron tener sus predecesores, Dante (1265-1321), Giotto (1266-1337), y algunos otros pensadores de la √©poca. Estos y tantos otros humanistas, unos desde la literatura, otros desde la filosof√≠a, algunos desde la teolog√≠a y otros desde el arte y las ciencias, contribuyeron al cambio de paradigma filos√≥fico, teol√≥gico y social, haciendo posible el tr√°nsito desde la Edad Media a la Edad Contempor√°nea, per√≠odo de la historia que algunos circunscriben al transcurrido desde el descubrimiento de Am√©rica (1492) a la Revoluci√≥n Francesa (1789).

 

El Renacimiento se identifica por dar paso a un hombre libre, creador de sí mismo, con gran autonomía de la religión que pretende mantener el monopolio de Dios y el destino de los seres humanos. El Humanismo y el Renacimiento se superponen, si bien mientras el Humanismo se identifica específicamente, como ya hemos apuntado, con la cultura, el Renacimiento lo hace con el arte, la ciencia, y la capacidad creadora del hombre. El Renacimiento hace referencia a la civilización en su conjunto.

 

En resumen, el Humanismo es una corriente filosófica y cultural que sirve de caldo de cultivo al Renacimiento, que surge como fruto de las ideas desarrolladas por los pensadores humanistas, que se nutren a su vez de las fuentes clásicas tanto griegas como romanas. Marca el final de la Edad Media y sustituye el teocentrismo por el antropocentrismo, contribuyendo a crear las condiciones necesarias para la formación de los estados europeos modernos. Una época de tránsito en la que desaparece el feudalismo y surge la burguesía y la afirmación del capitalismo, dando paso a una sociedad europea con nuevos valores.

 

Visto lo que antecede, estamos en condiciones de juzgar la influencia que este cambio de ciclo histórico pudo tener en la Reforma promovida por Lutero en primera instancia, secundada por Zwinglio, Calvino, y otros reformadores del siglo XVI, y valorar de qué forma estos cambios contribuyeron a la formación de los modernos estados europeos.

 

Pero éste será tema de una segundan entrega.

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