GRANDES ENIGMAS DE LA BIBLIA / por Máximo García Ruiz

Cruzar el Mar Rojo

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20160307-2a

(M√ĀXIMO GARC√ćA RUIZ*, 11/03/2016) | (M. Garc√≠a, 07/03/2016) Se trataba de conducir a una poblaci√≥n de unas 600.000 personas: hombres, mujeres (algunas de ellas embarazadas), ancianos, enfermos‚Ķ y, aparte, los ni√Īos, tal vez, al menos, un total de 200.000. A ellos se unieron, no sabemos con qu√© fin ni continuidad, ‚Äúgrande multitud de toda clase de gente‚ÄĚ (12:38) y, por supuesto, sus ganados y sus pertrechos caseros, mascotas, enseres personales, las joyas que hab√≠an atesorado, sus alimentos de urgencia, sus recursos medicinales‚Ķ, ayudados, tal vez, por algunas carretas desvencijadas. La tarea de Mois√©s no resultaba sencilla.

Como era de esperar, la gran caravana formada por los hebreos se movía muy lentamente y tuvo que acampar hasta tres veces antes de dejar atrás la frontera egipcia, hasta llegar al Gran Lago Amargo. Si penoso llegó a ser recorrer el desierto, la gran dificultad se presenta cuando se ven obligados a atravesar el mar Rojo, acosados por el ejército egipcio que les persigue, una vez que Faraón ha cambiado de criterio y decide interrumpir la marcha.

‚ÄúEl relato b√≠blico dice que las aguas se abrieron dejando expedito un pasillo seco el tiempo suficiente para que lo atravesaran los hebreos pero que volvi√≥ a su ser bruscamente cuando las tropas egipcias les siguieron.‚ÄĚ

Al margen del lugar exacto en el que se encontraran cuando detectan que las tropas de Fara√≥n est√°n a punto de atraparles, tema sobre el que los eruditos no se ponen de acuerdo, la situaci√≥n no se presenta nada halag√ľe√Īa: pis√°ndoles los talones el poderoso ej√©rcito de Egipto y, ante ellos, cerrando el paso, las aguas del mar. El relato b√≠blico dice que las aguas se abrieron dejando expedito un pasillo seco el tiempo suficiente para que lo atravesaran los hebreos pero que volvi√≥ a su ser bruscamente cuando las tropas egipcias les siguieron. En la operaci√≥n, murieron sepultados por las aguas todos los soldados. impidiendo su paso.

Dif√≠cil es entender la raz√≥n por la que Mois√©s y su pueblo estuvieron 40 a√Īos dando vueltas por la pen√≠nsula del Sina√≠, en un recorrido que podr√≠a haberse completado en unas pocas semanas, tal vez meses debido a las dificultades del recorrido; pero m√°s sorprendente resulta entender, por tratarse de un hecho realmente ins√≥lito, la forma como se dice que cruzaron el mar Rojo, un problema que, por otra parte, podr√≠an haber evitado accediendo al Sina√≠ m√°s al norte, por zona seca. Es cierto que el texto alerta acera de la presencia de los filisteos que poblaban esas tierras del norte, dato con el que algunos ex√©getas discrepan, ya que afirman que en la √©poca en la que se produce el √©xodo esa parte de la tierra no estaba ocupada por filisteos. El tema queda, evidentemente, sin descifrar.

La separación del mar Rojo es uno de los relatos bíblicos más épicos, emocionantes y legendarios de la literatura universal. Una historia que, no obstante, ha encontrado respaldo por parte de algunos investigadores: un respaldo que pretende ser científico, explicando que un fuerte viento del Este hizo retroceder las aguas de la forma descrita en las Escrituras, produciendo el resultado detallado en el texto bíblico.

‚ÄúLa separaci√≥n del mar Rojo es uno de los relatos b√≠blicos m√°s √©picos, emocionantes y legendarios de la literatura universal.‚ÄĚ

En la rese√Īa del hecho, que se encuentra en el cap√≠tulo 14 de √Čxodo, se aprecian dos fuentes cuyos datos han sido finalmente mezclados, seg√ļn se deduce de varias evidencias internas, como es el uso de Jehov√° y Elohim para referirse a Dios y, un dato significativo, la explicaci√≥n de c√≥mo se produce la divisi√≥n de las aguas; mientras en el vr. 16 dice: ‚ÄúY t√ļ alza tu vara, y extiende tu mano sobre la mar, y div√≠delo, y entren los hijos de Israel por en medio del mar, en seco‚ÄĚ, el vr. 21 lo repite de forma matizada. Otra manera de explicarlo es que el prodigio debi√≥ tener lugar en una lengua de mar, en un momento en que las aguas se retiraban por efecto de una marea baja acentuada por ‚Äúun viento solano‚ÄĚ, de modo que los hebreos pudieron pasar a pie seco. Cuando llegaron los egipcios, que no tuvo por qu√© ser de forma inmediata, las circunstancias climatol√≥gicas habr√≠an cambiado totalmente. El libro de Sabidur√≠a, uno de los ap√≥crifos, nos pinta la escena como si el camino abierto en medio del mar fuera un verdadero prado, haciendo uso de una desbordante fantas√≠a (cfr. Sabidur√≠a cap√≠tulo 19).

Los eruditos, como ya hemos apuntado con anterioridad, no se ponen de acuerdo en se√Īalar el lugar exacto donde se sit√ļa el hecho que nos ocupa, sobre el que se han ofrecido otras explicaciones como la que dice que en la √©poca de Rams√©s II los lagos Amargos comunicaban por canales naturales de poca profundidad con el actual golfo de Suez, y estaban sometidos a las mareas del mar Rojo produciendo una zona pantanosa donde abundan las algas y los juncos que pueden facilitar el paso sin grandes dificultades.

Por supuesto que ninguna de estas explicaciones es suficiente para aclarar la gran epopeya, a no ser que recurramos a que el acontecimiento fue narrado oralmente de generaci√≥n en generaci√≥n con tal vehemencia, admiraci√≥n y lujo de detalles, que hacen que los prodigios se agranden e idealicen producto de la imaginaci√≥n √©pica de Israel para resaltar con mayor detalle la providencia especial de Jehov√° a favor de su pueblo, hasta convertirse en la √©poca en la que fue finalmente escrita, nueve siglos despu√©s, en la gran epopeya que hoy conocemos. En cualquier caso, hay que decir que ni los arque√≥logos ni los egipt√≥logos han encontrado evidencias directas para corroborar este relato del √Čxodo y las circunstancias excepcionales que le rodean.

Sea como fuere, la salida de Egipto, la traves√≠a del mar Rojo y la permanencia en el desierto durante una larga etapa de su historia, cifrada en 40 a√Īos, el n√ļmero que simboliza largos per√≠odos de tiempo, marc√≥ la historia de Israel y se convirti√≥ en el acontecimiento constituyente de la naci√≥n y de su fiesta principal, la Pascua.

Desde la distancia de nueve siglos, en ese momento cautivos en Babilonia o recién liberados, tratando de recomponer la historia, la ideología y la religión del pueblo escogido por Dios, el autor-recopilador de las tradiciones, seguramente bajo la dirección de Esdras o siendo él mismo el autor, afronta una difícil tarea. Trata de poner en orden la historia que conoce a través de al menos dos de las tres fuentes diferentes conocidas (la elohista y la yavista, sin demasiadas evidencias de la sacerdotal, en el caso concreto del éxodo) y, sobre todo, por medio de tradiciones orales, un cauce a través del cual los hechos narrados han ido tomando tal dimensión que resulta muy complicado distinguir la historia de la fantasía en lo que a los datos concretos se refiere.

Todo ha cobrado una dimensión épica: la forma en la que Jehová se manifiesta mediante columnas de humo o de fuego, la intervención mágica de un líder que divide las aguas del mar, la forma cómo fracasa el ejército egipcio… Todo ello, visto desde la distancia, cobra una perspectiva en la que persiste el sentido histórico, es decir, el hecho de la liberación, si bien arropado por un lenguaje simbólico.

Lo evidente es que se trata de la más representativa historia de Israel, el fundamento de su identidad nacional en la que se funden historia-leyes-religión. Y todo ello adobado con la fastuosa capacidad oriental de adornar sus relatos con expresiones hiperbólicas y redundantes para hermosearlos y darles mayor consistencia, sean esos relatos históricos, poéticos, bélicos, sociales o familiares.

‚ÄúLa ense√Īanza fundamental del relato que describe el √©xodo de Israel es evidente: el clamor de los hebreos lleg√≥ hasta el trono de Dios, quien los escucha, libera...‚ÄĚ

No se trata de cuestionar el hecho de que Dios sacara al pueblo hebreo de la esclavitud en Egipto y le condujera por el desierto, de la misma forma que aceptamos que conduce la vida de sus hijos (cuando ellos se dejan conducir), aceptamos que les ayuda a resolver los conflictos que iban surgiendo en el camino, les fortalece en tiempos de crisis y dificultades, provee de recursos para la subsistencia por medios muy diversos y ejerce sobre ellos todo tipo de atenciones encaminadas a su liberaci√≥n. Una historia que forma parte indisoluble de la historia de Israel y de las propias ra√≠ces del cristianismo. Lo que pretendemos se√Īalar es que √©sta y otras narraciones b√≠blicas, est√°n escritas por personas, que las contemplan y transmiten desde la distancia y que utilizan su propio lenguaje y los recursos cient√≠ficos, tecnol√≥gicos y narrativos de la √©poca. Unos libros que no son ‚Äúescritos por Dios‚ÄĚ ni ‚Äúdictados por Dios‚ÄĚ, aunque en ellos se perciba la revelaci√≥n de Dios y, por supuesto, la inspiraci√≥n divina por medios inmateriales, asumidos por los creyentes por fe y no por ciencia. Ese convencimiento es el que hace que los autores se expresen frecuentemente adjudicando al mismo Dios sus palabras: ‚ÄúAs√≠ dice Jehov√°‚ÄĚ, en el convencimiento de que est√°n tratando de reflejar los hechos a trav√©s de los cuales han percibido la intervenci√≥n divina, sin que las expresiones tengan que ser literalmente atribuidas a Dios, ni contengan un sentido literal en s√≠ mismas como, por ejemplo, cuando se atribuye a Dios al referirse a la tierra prometida, que se trataba de una tierra que ‚Äúfluye leche y miel‚ÄĚ, cuyo sentido simb√≥lico e incluso po√©tico es evidente.

La ense√Īanza fundamental del relato que describe el √©xodo de Israel es evidente: el clamor de los hebreos lleg√≥ hasta el trono de Dios, quien los escucha, libera, conduce y provee todo lo necesario para convertirlos en ‚Äúpueblo escogido‚ÄĚ para cumplir un fin prof√©tico y mesi√°nico ante las naciones de la tierra. Un prodigio que tiene, por otra parte, muy diversas relecturas de aplicaci√≥n teol√≥gica, como la que el propio Pablo ofrece a los corintios, estableciendo una analog√≠a entre la experiencia vivida por ‚Äúnuestros padres‚ÄĚ y el bautismo cristiano.

Autor: Máximo García Ruiz*, Marzo 2016.


© 2016- Nota de Redacción: Las opiniones de los autores son estríctamente personales y no representan necesariamente la opinión o la línea editorial de Actualidad Evangélica.

20120929-1*M√ĀXIMO GARC√ćA RUIZ, nacido en Madrid, es licenciado en Teolog√≠a por la Universidad B√≠blica Latinoamericana, licenciado en Sociolog√≠a por la Universidad Pontificia de Salamanca y doctor en Teolog√≠a por esa misma universidad. Profesor de Sociolog√≠a y Religiones Comparadas en la Facultad de Teolog√≠a¬† de la¬† Uni√≥n¬†Evang√©lica Bautista de Espa√Īa (UEBE), en Alcobendas, Madrid y profesor invitado en otras instituciones. Pertenece a la Asociaci√≥n de Te√≥logos Juan XXIII. Ha publicado numerosos art√≠culos y estudios de investigaci√≥n en diferentes revistas, diccionarios y anales universitarios y es autor de 24 libros, algunos de ellos en colaboraci√≥n.

 

 

 

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