OPINI√ďN / M√ĀXIMO GARC√ćA RUIZ

Pluralismo y libertad: Miedo al cambio

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"En recuerdo y conmemoriación de la Ley Orgánica de Libertad Religiosa 7/1980 en su 40ª aniversario"

 ortega y gasset

El fil√≥sofo espa√Īol, Ortega y Gasset

(M√°ximo Garc√≠a Ruiz, 09/07/2020) ‚ÄúLa libertad y el pluralismo son dos cosas rec√≠procas‚ÄĚ, dijo Ortega y Gasset [1] discurriendo acerca de la realidad de Europa, en una fecha (1937), en la que muy pocos pod√≠an concebir, como √©l tan atinadamente percibe, ‚Äúla posibilidad de un estado general europeo‚ÄĚ que, a su juicio, ‚Äúse impone necesariamente‚ÄĚ[2].

Escribo este art√≠culo bajo la influencia directa e inmediata de la relectura del libro m√°s emblem√°tico del gran fil√≥sofo del siglo XX, por lo que no deben extra√Īarse mis lectores de que, a la vez que les recomiende su lectura atenta y cuidadosa, haga yo mismo acopio de alguna de sus ideas y me deje influenciar por muchas de sus reflexiones. 

Obviamente, no puede existir pluralismo sin libertad y la libertad es dif√≠cil de concebir en cualquier otro medio social fuera de la democracia. El mismo Ortega tuvo que aprender esta lecci√≥n en propia carne con motivo de la instauraci√≥n de la dictadura franquista, a la que se viera sometido, despu√©s de haber sido diputado en la Rep√ļblica. Ahora bien, para construir un sistema de pluralismo en libertad, es necesario establecer algunas pautas b√°sicas que nos sirvan de soporte ideol√≥gico.

En primer lugar, nos reafirmamos en el pensamiento orteguiano de que uno de los tesoros mayores (√©l dec√≠a de Occidente y nosotros afirmamos que de la Humanidad) es su diversidad. La variedad nos enriquece y √ļnicamente respetando nuestras diferencias podemos construir una comunidad vitalista, con recursos para poder regenerarse a s√≠ misma. Claro que, para crear una realidad comunitaria semejante, necesitamos, como muy bien argumentaba Ortega, personas capaces de abrirse a la verdad, √ļnica forma de dejar de formar parte de la masa que act√ļa por impulsos viscerales m√°s que por el ejercicio libre de la raz√≥n. Abrirse a la verdad es equivalente a no aferrarnos a nuestros pre-juicios y permitir la existencia de protagonistas diversos. ‚ÄúLa diversidad es uno de los regalos m√°s grandes del Creador‚ÄĚ, ha dicho la que fuera controvertida obispo-presidenta de la Iglesia Episcopal de los Estados Unidos[4]. Pero, siguiendo con el pensamiento de Ortega, ‚Äúla masa arrolla todo lo diferente, egregio, individual, calificado y selecto; quien no sea como todo el mundo, quien no piense como todo el mundo, corre el riesgo de ser eliminado‚ÄĚ[5], as√≠ es que estamos hablando de un nuevo paradigma que no va a resultar sencillo conseguir.

En segundo lugar, para que exista un pluralismo creativo, tiene que haber un respeto escrupuloso a los derechos y libertades del individuo. El individuo no como un ser ‚Äú√ļnico‚ÄĚ, asocial, soberbio y arrogante, sino como alguien que es capaz de identificarse con la sociedad en la que vive, que se preocupa por sus problemas y se identifica con sus aspiraciones m√°s nobles, estando dispuesto a servirla generosamente. Para ello, se hace necesario establecer algunas pautas de comportamiento, ponerse de acuerdo en algunos presupuestos b√°sicos. Por ejemplo, admitir, por muy impopular que resulte, que el aserto de ‚Äúlas mayor√≠as (el pueblo) nunca se equivocan‚ÄĚ es una solemne estupidez; y la estupidez es dif√≠cil de controlar y menos de dominar. El pueblo, las mayor√≠as, se equivoca muchas veces, tal y como la propia historia demuestra. Otra cosa es que convengamos en respetar la decisi√≥n de las mayor√≠as, como un principio de la democracia participativa, y legitimemos sus decisiones, comprometi√©ndonos a respetarlas y a defenderlas.  Puede ser el menor de los males, desde un punto de vista pol√≠tico y pr√°ctico, pero eso no significa que ‚Äúla soberan√≠a del individuo no cualificado‚ÄĚ (expresi√≥n de Ortega) sea la m√°s apropiada. Si finalmente tenemos que ser dirigidos y gobernados por las mayor√≠as mediocres, tendremos que atenernos a las consecuencias. No siempre la verdad y lo conveniente van de la mano. Por lo tanto, es de esperar que el mag√≠ster, los pensadores, no renuncien a impartir su ense√Īanza y a compartir su experiencia con el prop√≥sito de intentar influir en el pensamiento de las masas, a fin de que no todos pretendan ser generales en una sociedad que necesita de un ej√©rcito plural y polivalente, debidamente equipado y jerarquizado. Hablamos, por supuesto, de la jerarqu√≠a del conocimiento, de la aristocracia del saber.

En tercer lugar, es necesario perder el miedo a lo diferente, si es que pretendemos establecer un plano de convivencia que respete la diversidad. Todas las persecuciones tienen su origen en el miedo que produce la convivencia con el diferente. Miedo a las ideas y miedo a las costumbres; miedo, incluso, a uno mismo, a sentirse despojado, en la concurrencia, de los propios signos de identidad; miedo al cambio, a lo desconocido, a la confrontaci√≥n con la verdad de las cosas; miedo a la trascendencia; miedo al conocimiento, a descubrir el misterio de lo desconocido; miedo a perder el statu quo logrado, tal vez con muchos sacrificios, o tal vez no, simplemente recibido en herencia. Se trata de un miedo irracional, que suele reaccionar violentamente. Por causa de ese miedo rechazamos a los inmigrantes; ponemos barreras entre religiones; perseguimos a los disidentes; se excluye y margina a las mujeres[6]; se condena a los que confiesan una orientaci√≥n sexual no convencional. El miedo es racista, excluyente, injusto, cobarde, decadente, arbitrario, traicionero, y es capaz de buscarse compa√Īeros de viaje de muy diferente pelaje. Trajano, en su famosa carta a Plinio, le recomendaba que no se persiguiese a los cristianos en virtud de denuncias an√≥nimas[7], precisamente tratando de poner cota a los desmanes que pueden llevarse a cabo a impulso del miedo o de la ambici√≥n. El miedo es enemigo de los avances cient√≠ficos, de todo aquello que no somos capaces de controlar y, poco a poco, va encerr√°ndonos en un recinto angosto en el que apenas se puede respirar.

En cuarto lugar, para construir un sistema de pluralismo en libertad, es necesario instaurar y respetar un marco jur√≠dico que proteja y garantice los derechos y libertades de todos. Los sistemas paternalistas descalifican y despojan al pueblo no solamente de sus bienes materiales sino tambi√©n de su autonom√≠a intelectual y de su dignidad personal. Pol√≠tica y religi√≥n suelen ir de la mano, como fieles aliados, tratando de someter a los seres humanos. Karl Marx ense√Ī√≥ a las clases sociales sometidas a no resignarse con su suerte, a hacerle frente a los reg√≠menes pol√≠ticos tiranos y desp√≥ticos, a luchar por una sociedad m√°s justa y equilibrada; Dietrich Bonhoeffer, por su parte, nos condujo a valorar lo importante que es para el hombre alcanzar esa mayor√≠a de edad que le permita hacerse responsable de su propio destino y no seguir viviendo como un  eterno infante, pendiente de las caricias de Dios; es decir, nos inst√≥ a alcanzar una relaci√≥n adulta con Dios, para poder acceder de esa forma a los alimentos s√≥lidos de los que el ap√≥stol Pablo hablaba a los cristianos de Corinto[8]. Si no existe un marco jur√≠dico que defienda los derechos y libertades de todos los hombres y mujeres sin excepci√≥n, sin ning√ļn tipo de discriminaci√≥n por causa de raza, ideolog√≠a o religi√≥n, no puede hablarse de justicia, por lo que el mensaje prioritario de los cristianos deber√≠a ser, como lo fue para los profetas del Antiguo Testamente, la denuncia y la exigencia de un sistema social m√°s justo.

Y ya en quinto lugar, para establecer un sistema de convivencia plural en el que quepan todos y todas, sin ning√ļn tipo de discriminaci√≥n, y pueda hacerse realidad la conjunci√≥n de ambos factores: pluralidad y libertad, es preciso arroparse con un buen manto de humildad que nos permita aceptar las propias limitaciones. Nuestra sociedad actual se caracteriza porque dispone de un alto nivel de informaci√≥n que convive con un escas√≠simo nivel formativo. Estamos al tanto de huracanes y tornados, de bodas y cr√≠menes, de separaciones matrimoniales y de las grandes fortunas que pueblan la tierra; conocemos al detalle la vida √≠ntima de ‚Äúlos famosos‚ÄĚ; estamos puntualmente informados de las grandes hambrunas en √Āfrica, de los atentados suicidas en Palestina, de la rebeli√≥n de los inmigrantes en Francia, de la inseguridad ciudadana; no se nos pasa por alto ning√ļn detalle referido a las infidelidades de los pol√≠ticos y conocemos como si de nuestra propia familia se tratara todo lo concerniente a las fantas√≠as sexuales de los divos del espect√°culo. Y, como a√Īadido √ļltimo, nos hemos convertido en ‚Äúexpertos bi√≥logos‚ÄĚ a la hora de afrontar los efectos de la pandemia ocasionada por el coronavirus. Pero no le preguntes al gran p√ļblico en qu√© continente se encuentra el Chad, qu√© pa√≠ses integran la Uni√≥n Europea, quienes fueron los ap√≥stoles de Jesucristo, cu√°les son los cinco pa√≠ses m√°s grandes del planeta, cu√°ntos y qui√©nes fueron los reyes de la Casa de Austria en Espa√Īa o el contenido de la Constituci√≥n espa√Īola. Somos uno de los pa√≠ses en los que m√°s libros se publican y menos se leen. El n√ļmero de tel√©fonos m√≥viles ha superado al de habitantes, y todo el mundo se maneja h√°bilmente por internet recurriendo con gran pericia al ‚Äúrincondelvago.com‚ÄĚ o a otros portales que le pueden resolver sus problemas de incultura de manera inmediata. La ignorancia sobre historia, geograf√≠a, religi√≥n, filosof√≠a y otras materias b√°sicas es supina. ¬ŅPero convive con esta ignorancia la humildad suficiente para reconocerlo? En manera alguna. Aqu√≠ todo el mundo sabe de todo. Somos un pa√≠s con cuarenta y siete millones de tertulianos.... ¬°frustrados! Somos opinadores. Podemos discutir acaloradamente de cualquier tema ‚Äďespecialmente a trav√©s de la red inform√°tica- con cualquiera, y descalificar con una osad√≠a desmedida al m√°s prestigiado especialista en la materia, y todo ello con la mayor de las desfachateces. No preguntamos, ¬°opinamos! No estudiamos ¬°pontificamos! Para invertir esta tendencia es preciso admitir nuestras propias carencias, asumiendo las limitaciones personales y dando cr√©dito y reconocimiento a la aristocracia del conocimiento. A esto se le llama humildad, y la humildad es el primer paso para la sabidur√≠a. Sin humildad no es posible establecer un sistema de convivencia plural, capaz de garantizar la libertad y la dignidad de todos.

Una vez establecidas las pautas que han de servirnos de soporte ideol√≥gico para construir el sistema de pluralismo en libertad al que estamos haciendo referencia, lo que resta es admitir la riqueza de la pluralidad. Convencernos de que ser plurales no es un estigma sino una bendici√≥n, y que el hecho de que existan planteamientos pol√≠ticos diferentes, expresiones culturales distintas, manifestaciones art√≠sticas heterog√©neas, concepciones dis√≠miles de la amistad, gustos antag√≥nicos para el uso del tiempo libre, otros estilos de gastronom√≠a diferentes a los nuestros o maneras complementarias y desiguales de acercarse a la divinidad, no representa en s√≠ mismo ning√ļn problema sino una gran oportunidad de ampliar el campo de nuestro conocimiento y ejercitarnos no solamente en la aceptaci√≥n del diferente, sino que se trata de oportunidades que se nos brindan para poner a prueba nuestros propios gustos y convicciones, bien sea para afianzarnos en ellos o bien para incorporar nuevas maneras de concebir la vida.

---------Referencias--------------

[1] Ortega y Gasset, J., Prólogo para franceses en La rebelión de las masas, Revista de Occidente, 38ª ed. (Madrid:1964), p. 35

[2] Ibid, p. 29.

[3] La primera lectura la hice en la década de los 60, como trabajo de clase, bajo la dirección del profesor Juan Pérez Guzmán.

[4] Katherine Jeferts Schori, fue presidenta de la Iglesia Presbiteriana de Estados Unidos (Comuni√≥n Anglicana). En 2001 hab√≠a sido elegida obispo de Nevada. La obispo Schori, bi√≥loga y ocean√≥grafa de gran prestigio, se ha distinguido por sus ideas progresistas enfrentada siempre a amplios sectores en su propia iglesia que no la apoyan. 

[5] Ortega y Gasset, op.cit., p. 74.

[6] Por poner un solo ejemplo, tal vez chocante e increíble para muchos lectores, en uno de los estados del país más rico y poderoso del mundo, el estado de Michigan, Estados Unidos, es ilegal que la mujer se corte el pelo sin el consentimiento de su marido. El pelo de una mujer pertenece legalmente a su marido.

[7]  Citado por Ortega y Gasset, op.cit., p. 88.

[8] 1ª Corintios 3:2.

Autor: M√°ximo Garc√≠a Ruiz. Julio 2020 / Edici√≥n: Actualidad Evang√©lica

¬© 2020- Nota de Redacci√≥n: Las opiniones de los autores son estr√≠ctamente personales y no representan necesariamente la opini√≥n o la l√≠nea editorial de Actualidad Evang√©lica.

20120929-1*M√ĀXIMO GARC√ćA RUIZ nacido en Madrid, es licenciado en Teolog√≠a por la Universidad B√≠blica Latinoamericana, licenciado en Sociolog√≠a por la Universidad Pontificia de Salamanca y doctor en Teolog√≠a por esa misma universidad. Profesor de Historia de las Religiones, Sociolog√≠a e Historia de los Bautistas en la Facultad de Teolog√≠a de la Uni√≥n Evang√©lica Bautista de Espa√Īa-UEBE (actualmente profesor em√©rito), en Alcobendas, Madrid y profesor invitado en otras instituciones. Pertenece a la Asociaci√≥n de Te√≥logos Juan XXIII. Ha publicado numerosos art√≠culos y estudios de investigaci√≥n en diferentes revistas, diccionarios y anales universitarios y es autor de 21 libros y de otros 12 en colaboraci√≥n, algunos de ellos en calidad de editor.

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