OPINIÓN / SIN ÁNIMO DE OFENDER - por JORGE FERNÁNDEZ

El día que el diablo citó el Salmo 91

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“Si eres Hijo de Dios, arrójate al vacío desde lo alto, porque escrito está..." (Lucas 4:9-13)

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(JORGE FERNÁNDEZ, 18/03/2020) | El Salmo 91 es uno de los más bellos y más inspiradores pasajes de las Sagradas Escrituras. Es un salmo especialmente indicado para sostener la fe del creyente en tiempos peligrosos, cuando la amenaza de una mortal epidemia nos quita el sueño (“el terror nocturno”) y nos sentimos a merced de los arbitrios del azar, de que una “flecha que vuele de día” nos alcance y nos contagie con su “peste destructora”.

Es decir, es un salmo extraordinariamente oportuno para un tiempo como el que estamos viviendo en esta crisis del coronavirus, donde aún las personas más optimistas y los creyentes más fieles tienen dificultades para evitar ser presa del temor y de la angustia. Sin duda lo es, y no es extraño que sea el salmo más compartido por los creyentes de todo el mundo en las redes sociales, en estos días.

Es un salmo extraordinariamente oportuno para un tiempo como el que estamos viviendo en esta crisis del coronavirus, donde aún las personas más optimistas y los creyentes más fieles tienen dificultades para evitar ser presa del temor y de la angustia.

El salmista nos invita a confiar en la soberanía de Dios y en su Providencia, es decir, en el hecho de que el Dios omnipotente, en quien hemos confiado cuando necesitábamos “abrigo” en el invierno de nuestra vida, también será “sombra” contra el calor abrasador de otra etapa difícil, aunque distinta; y que él es un Dios cercano que actúa e interviene según sus altos designios en las circunstancias que nos afectan. Una revelación, ésta, que produce un efecto parecido en el corazón del cristiano a la expresión, “Jesucristo es el mismo ayer, hoy y por los siglos”. [1]

La triple certeza de que Dios está sentado en su trono, de que él no duerme [2] y de que nada de lo que pase a los que confían en él estará fuera de su control y soberanía, es un ancla para el alma en medio de las tormentas, exteriores o interiores, que se ciernen sobre ella como temibles amenazas.

Sin embargo, como sucede con tantos otros pasajes y promesas de las Escrituras, este salmo puede entenderse y aplicarse de una manera inadecuada, supersticiosa y contraproducente. Como una excusa para actuaciones temerarias; como una especie de vacuna que hace al creyente inmune ante cualquier peste o enfermedad. De hecho, en estos días ha sido usado por algunos para cuestionar la presunta falta de fe de pastores y líderes que, “por no creer en la protección de Dios declarada en el salmo 91” han cancelado eventos y han cerrado los templos en “obediencia sumisa y servil” a las autoridades del Gobierno (sic).

El diablo conoce bien las Escrituras mejor que cualquier teólogo, razón por la que es tan importante desconfiar de toda interpretación bíblica novedosa o descontextualizada, alejada de las interpretaciones tradicionales de la Iglesia histórica, por atractiva que suene tal novedad.

Leyéndoles, me vino a la mente el recuerdo de cómo Satanás usó -mal usó- este mismo Salmo para tentar a Jesús en el desierto. Es interesante observar en el pasaje de Lucas 4, donde se relata el episodio de la tentación que, en las primeras dos tentaciones -convertir las piedras en pan para demostrar su identidad como hijo de Dios; y adorar a Satanás a cambio de la gloria y el poder terrenal-, Jesús se defiende citando las Escrituras –“Escrito está”-, razón por la cual, en su tercer y último intento, es el diablo quien las cita, y lo hace con el Salmo 91: “Si eres Hijo de Dios, arrójate al vacío desde lo alto, porque escrito está, “A sus ángeles mandará acerca de ti; y en las manos te sostendrán, para que no tropieces con tu pie en piedra”.

Se ha dicho y, con razón, que el diablo conoce bien las Escrituras, mejor que cualquier teólogo, razón por la que es tan importante desconfiar de toda interpretación bíblica novedosa o descontextualizada, alejada de las interpretaciones tradicionales de la Iglesia histórica, por atractiva que suene tal novedad. Pero lo que a veces se nos escapa, es que la mayoría de esas novedades no son tales, sino tan antiguas como el mismo infierno y su laboratorio de herejías.

Volviendo al Salmo 91. Lo que creemos es que si, ante la amenaza de una epidemia como la que atravesamos hoy en España, pese a estar cumpliendo con las medidas de higiene y de confinamiento, igualmente nos sentimos presa de la ansiedad y de la angustia; si nos encontramos entre los perfiles de “personas de riesgo” y eso nos causa un especial y justificado temor; si por nuestra profesión médica, policial u otra similar tenemos que estar expuestos a un riesgo mayor y eso nos produce estrés y dudas; en todas estas circunstancias podemos apoyarnos en las maravillosas promesas del Salmo 91, sabiendo que el Señor puede protegernos providencialmente del contagio pero, sobre todo, teniendo la certeza de que “pase lo que pase” Él será siempre nuestra morada eterna y un castillo inexpugnable para la seguridad de nuestra alma.

Si utilizamos este precioso e inspirador pasaje para justificar actitudes imprudentes y temerarias  a riesgo de propagar contagios … si disfrazamos de espiritualidad y de “super fe” nuestra arrogancia y nuestro carácter rebelde e insumiso, ante las medidas que a todos se nos pide acatar, nos estaremos equivocando

Pero, si utilizamos este precioso e inspirador pasaje para justificar actitudes imprudentes y temerarias a riesgo de propagar contagios … si disfrazamos de espiritualidad y de “super fe” nuestra arrogancia y nuestro carácter rebelde e insumiso, ante las medidas que a todos se nos pide acatar, nos estaremos equivocando, exponiéndonos a nosotros mismos y a las personas bajo nuestra influencia a las impredecibles consecuencias de una enfermedad hipercontagiosa y, lo que es aún más grave, estaremos tentando al Señor.

En estos días también han circulado en las redes unas palabras que Martín Lutero escribió a un colega, el Rev. Dr. John Hess, en el siglo XVI en pleno rebrote de la temible peste negra. Sus palabras muestran la actitud de un creyente en Jesucristo de antaño ante una situación muy parecida a la nuestra:

Consejo Pastoral de Martín Lutero en carta escrita al Rev. Dr. John Hess cuando la Peste Negra volvió a su región en 1527.

“Si Alguien Puede Huir de Una Plaga Mortal”

(Martín Lutero, Works, tomo 43, p. 132)

Le pediré a Dios para, misericordiosamente, protegernos.

Ahí, entonces, haré vahos, ayudaré a purificar el aire, a administrar medicinas y a tomarlas.

Evitaré lugares y personas donde mi presencia no se haga necesaria para no contaminarme y, de esa forma, quizás infligir y contaminar a otros y, por tanto, causar la muerte como resultado de mi negligencia.

Si por su voluntad Dios quisiera llevarme, ciertamente me llevará y yo habré hecho lo que él esperaba de mí y, por tanto, no soy el responsable de mi propia muerte ni de la de otros.

Si mi prójimo me necesita, no evitaré el lugar o la persona, sino que iré libremente conforme declarado arriba. Vea que esta es una fe que teme a Dios, puesto que no es osada ni insensata y no tienta a Dios.

Martín Lutero


yo2Concluyo de la misma manera:  En este tiempo toca cuidarnos mucho, orar mucho, y confiar plenamente en el Señor.

Autor: Jorge Fernández

 
  

[1] Hebreos 13:8

Salmos 121:4

 
  

© 2020. Este artículo puede reproducirse siempre que se haga de forma gratuita y citando expresamente al autor y a ACTUALIDAD EVANGÉLICA. Las opiniones de los autores son estrictamente personales y no representan necesariamente la opinión o la línea editorial de Actualidad Evangélica.

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